Tuesday, July 24, 2007

Mensajes sangrientos, levantones, decapitaciones publicitadas vía internet: un abismo que se halla a flor de piel, y que traza hoy día el telón de fondo de la vida mexicana. Derivados de procesos célebres, o construidos alrededor de los personajes más modestos e invisibles del narcotráfico, los episodios que ofrecemos a continuación cronican segmentos de una realidad desaforada que aún no llega a escribirse. Narran momentos de un país cuyas urdimbres secretas se encuentran sumergidas en el narco.


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21 de julio de 2007

Mensajes sangrientos, levantones, decapitaciones publicitadas vía internet: un abismo que se halla a flor de piel, y que traza hoy día el telón de fondo de la vida mexicana. Derivados de procesos célebres, o construidos alrededor de los personajes más modestos e invisibles del narcotráfico, los episodios que ofrecemos a continuación cronican segmentos de una realidad desaforada que aún no llega a escribirse. Narran momentos de un país cuyas urdimbres secretas se encuentran sumergidas en el narco.

En el narco por:

DAVID APONTE

ALEJANDRO SUVERZA

JUAN VELEDÍAZ

HÉCTOR DE MAULEÓN

***

Sicario de Sinaloa

por DAVID APONTE

La tambora sinaloense retumbaba en el rancho La Ruana. El cantante se desgañitaba con “El Alazán y El Rosillo”. Los músicos llevaban horas en un pequeño escenario. La tuba resoplaba a todo lo que daba aquella tarde de enero de 1993. Los asistentes bebían tequila, coñac y cerveza Pacífico. Sin recato alguno inhalaban cocaína. Los invitados parecían frescos y no daban tregua a los agotados artistas.

—¡Qué milagro que te dejas ver! —soltó Joaquín El Chapo Guzmán Loera a un joven fornido de cabello corto, conocido como El Pantoja. El jefe del cártel de Sinaloa tenía prendida de la cintura a Griselda, una

de sus mujeres, identificada como M2 en la agenda del narcotraficante.

El sicario saludó con una reverencia de cabeza y estrechó la mano de El Chapo.

—Aquí de paso, patrón —respondió meloso.

La fiesta en La Ruana, un rancho ubicado en el estado de Nayarit, estaba en su apogeo. Los jefes del cártel de Sinaloa utilizaban aquel predio para celebrar lejos de los ojos de las autoridades antinarcóticos; más bien, bajo la protección de la antigua Policía Judicial Federal y de elementos locales. Era uno de los refugios de Guzmán Loera y Héctor El Güero Palma Salazar.

—¡Vente a trabajar conmigo! —ordenó Guzmán Loera, que chocaba su caballito tequilero con el envase de cerveza color ámbar de su nuevo empleado.

Jesús Castro Pantoja, desertor del Ejército con grado de subteniente de infantería, comenzó a hacerse cargo de la seguridad personal del patrón y de sacar de la jugada a algunos enemigos de la organización, siempre con una Pietro Beretta 9 milímetros en la cintura. Había abandonado las Fuerzas Armadas en 1991, y cruzó la frontera sin papeles para irse a vivir dos años a Estados Unidos con familiares de su mamá. Trabajaba de albañil cerca del barrio La Villita, en la zona de Chicago, Illinois. Ahora estaba de vuelta, metido con el grupo que disputaba el territorio nacional a los hermanos Arellano Félix, del cártel de Tijuana.

Pero 1993 fue un mal año para el cártel de Sinaloa. El desertor del Ejército apenas trabajó seis meses con

El Chapo, que perdió la protección de la policía federal. La balacera en el aeropuerto de Guadalajara, donde murió el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, la tarde del 24 de mayo de ese año, desató una cacería nacional e internacional contra el jefe del cártel de Sinaloa.

El Pantoja había recibido órdenes de no acudir a la terminal aérea de la capital de Jalisco aquella tarde de mayo.

—Me había dicho que lo acompañarían otras personas. Al poco rato recibí una llamada telefónica de El Chapo, quien me contó que había habido una balacera en el aeropuerto y que lo habían tratado de matar los hermanos Arellano Félix (sus acérrimos enemigos del cártel de Tijuana).

—¿Dónde te encuentras? —interrogó Guzmán Loera a El Pantoja. El Chapo hablaba agitado, angustiado.

—¡En la oficina! ¡Tú ya sabes, patrón! —respondió el sicario desde una casa de seguridad en el área de Zapopan.

El Chapo llegó al lugar en un taxi. Traía la ropa desgarrada y hablaba atropelladamente.

—¡Me quisieron matar esos hijos de la chingada! ¡Pero estos pendejos mataron a un curita y se va a armar un pedo mundial! —escupió el narcotraficante.

Los agentes de la Procuraduría General de la República detuvieron a Guzmán Loera el 9 de junio de 1993 en territorio guatemalteco. El entonces subprocurador federal encargado de la lucha contra el narcotráfico, Javier Coello Trejo, se adjudicó la captura del jefe del cártel de Sinaloa.

El Fiscal de Hierro anunciaba el arresto como todo un acontecimiento y un avance en las indagatorias del asesinato del arzobispo de Guadalajara.

Providencialmente, nadie tocó a El Pantoja, que de nueva cuenta se refugió unos meses en Estados Unidos, una ruta de fuga intermitente en su vida. Él mismo contó su historia ante los tribunales: el relato de un gatillero que sirvió a los jefes de una de las organizaciones criminales más poderosas de la década de los 90 y que estuvo cerca de sus detenciones. El testimonio aparece en la causa penal 124/2002/VB, iniciada el 21 de octubre de 2002. Y él, el sicario, el guardaespaldas, salió bien librado. Curiosamente siempre evadió a los captores de los líderes del cártel de Sinaloa.

Hacia finales de 1993, El Pantoja decidió volver a México, cuando su ex jefe estaba en la prisión de alta seguridad de Almoloya de Juárez, hoy La Palma, bajo el cargo de tráfico de drogas. El ex militar tenía un objetivo en su vida: volver a servir a sus jefes. Pronto viajó a Nayarit para tratar de localizar a El Güero Palma.

—Te vas para Sinaloa. Allá te van a dar instrucciones —ordenó el nuevo líder del grupo criminal.

El Pantoja tomó una nueva posición en el cártel de Sinaloa como guardaespaldas de El Güero. Fue la sombra de Héctor por dos años, hasta que tuvieron un accidente aéreo en Colima.

Jesús Castro Pantoja viajaba en el Learjet LR-35 matrícula XASWF junto con El Güero Palma y, además, Jesús Manuel Barraza Grijalba, Manuel González, Roberto Antonio Navarro, Francisco Javier Benítez Monzón, Bogar Pérez Padilla, Artemio Álvarez Borges

y Pablo Ruiz Puga: todos integrantes de la escolta personal del narcotraficante.

La aeronave salió de Ciudad Obregón, Sonora, rumbo a Guadalajara. El piloto no pudo aterrizar en la capital de Jalisco y tomó hacia Tepic, Nayarit. Pero el jet tuvo un percance y realizó maniobras en un cerro aledaño a la ciudad.

—Tropezamos con unas piedras en el cerro y chocamos. Saqué a El Güero para salvarlo. Recuerdo que íbamos como 11 personas más. Todos estábamos heridos y buscábamos salir del lugar. Yo estaba herido de la espalda y la cabeza; El Güero igual. Pasó una camioneta y nos sacó de ahí —relató el guardaespaldas.

—Fuimos rescatados por unos lugareños que nos llevaron a la ciudad. Un señor, de nombre Manuel Barraza, nos llevó a Guadalajara y nos ocultó en su casa (en Zapopan) —narró Palma Salazar en su declaración ministerial. Elementos del Ejército detuvieron al barón de la droga la última semana de junio de 1995.

—El señor Palma reconoció como suya la pistola calibre .38 Súper, de cacha con incrustaciones de diamantes y esmeraldas con figura de palmera, pero dijo que no sabía nada al respecto de las personas que habitaban el domicilio, así como de los cartuchos, cocaína, mariguana, alhajas y dinero en efectivo que se encontraban en la casa —expuso el entonces procurador general de la República, el panista Antonio Lozano Gracia.

Otra vez, El Pantoja no fue detenido. Salió de un hospital y pasó seis meses en rehabilitación por una lesión en la columna vertebral. Utilizó la misma ruta y destino para no dejar rastro: estuvo en Estados Unidos hasta noviembre de 2000.

El gatillero volvió a México para casarse el 21 de diciembre de ese año con Verónica Ávila Fernández y buscar un nuevo puesto en el cártel de Sinaloa. Después de vivir en Yuriria, Guanajuato, entró en contacto con Juan Mauro Palomares Melchor, El Acuario, que trabajaba para Arturo Guzmán Loera, El Pollo, hermano de Joaquín.

Primero lo incorporaron como mandadero y después como escolta de El Pollo. De nueva cuenta estaba cerca de los capos del cártel. Pronto se percató de la nueva estructura. El hermano de El Chapo despachaba todos los días con Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, para ver las rutas y la marcha del “negocio”.

La suerte de El Pantoja volvió con la fuga de Joaquín, que evadió de manera espectacular la prisión de alta seguridad de Puente Grande, Jalisco, el 19 de enero de 2001. Entonces se dedicó a conseguir casas de seguridad para El Pollo y El Chapo en distintas entidades del país. Por supuesto, se encargó además de acercarle mujeres a Joaquín, que las tenía clasificadas con letras y números, con códigos que sólo conocían el capo y su esbirro.

Como en ocasiones anteriores, el sicario se enteró de los detalles del arresto de El Pollo, recluido en el penal

de La Palma y asesinado en el interior de la cárcel por gatilleros al servicio del cártel del Golfo.

—Me percaté de esto allá por La Marquesa, ya que El Chapo me mandó de avanzada en una camioneta Chevrolet para ver cómo estaban las cosas en el camino, saliendo cuatro horas antes que ellos. Extremamos las medidas de seguridad, pero aun así fueron cayendo los demás miembros, siguiendo El Tío, después René y luego El Pollo. A él lo detuvieron cuando salió a ver a un abogado y ya nunca regresó. Conforme agarraban a uno, nos cambiábamos de domicilio —narró El Pantoja en las diligencias judiciales.

De hecho, el sicario reveló a los federales los nombres de los encargados de la seguridad de Guzmán Loera, algunos de ellos ex integrantes de las Fuerzas Armadas, y puso al descubierto las casas de seguridad en los estados de México, Morelos, Puebla, Jalisco, Sinaloa y el Distrito Federal.

El escolta que fue testigo de la aprehensión de los jefes del cártel de Sinaloa, que sabía los pormenores de la fuga de El Chapo, fue detenido en un operativo realizado en Guadalajara, Jalisco, en noviembre de 2001. Su patrón sigue libre.

—¡Vente a trabajar conmigo! —recuerda que le dijo aquella tarde de enero de 1993 en la finca La Ruana.

Aponte. Periodista.

***

Infierno Tepito

por ALEJANDRO SUVERZA

Llevaba dos días enteros en espera de la muerte. La noche que lo secuestraron sintió un trapo que le cubrió la cabeza y algo muy sólido en medio de las costillas que le impidió reaccionar. Su cerebro le mostró en 24 cuadros por segundo imágenes de cuerpos teñidos con sangre. La sospecha aumentó con las palabras:

—¡Camínale, o te va a llevar tu pinche madre! —le ordenó alguien mientras le encajaba lo que parecía ser el cañón de una pistola. Poco antes de que le encobijaran la cabeza, caminaba entre la acera y los tubos de los puestos callejeros que durante el día convierten a Tepito en el mercado fayuquero más antiguo de la ciudad de México. El camino por el que iba era estrecho, pero Eugenio no presintió nada. No vio ninguna sombra que lo pusiera en alerta. Quizá porque las cuentas de la venta de cocaína lo tenían muy ocupado.

Ahora no había espacio para números. Eugenio caminaba por la calle Aztecas tratando de memorizar vueltas a la izquierda o la derecha. Intentaba ver algo, tener referencias de hacia dónde era conducido, pero la noche y los giros que le dieron con la cabeza tapada lo nortearon. Ni siquiera podía andar a tientas porque sus atacantes no se lo permitieron, lo manejaban a empujones o a rastras. El tiempo se eternizó y no supo cuántos minutos pasaron hasta que un tropezón le hizo pensar que lo empujaban hacia dentro de algo. Lo sintió porque antes de caer al piso su cabeza se estrelló contra lo que podía ser una pared. No habían caminado mucho, estaba seguro de estar dentro de una vecindad.

Todo eran suposiciones en ese mundo negro y la sensación de que en cualquier momento le pegarían un tiro de gracia y lo arrojarían como a un perro muerto a la calle, lo mantuvo con los dientes y el rostro apretados. Sintió ganas de llorar, pero las ganas fueron interrumpidas cuando le quitaron el trapo de la cabeza y algo pegajoso comenzó a rodearle el rostro y el cabello. Intentó ver algo, pero no pudo. Estaba oscuro. Puntapiés, bofetadas y frases violentas le cayeron encima.

Parecía una momia. Había quedado envuelto con cinta canela: cabeza, tórax, manos, piernas y pies. Podía predecir el final. Su memoria había recuperado en tan pocos instantes la violencia de esos días. Él mismo había presenciado imágenes similares en contra de sus rivales. Ahora sí lloraba, pero las lágrimas, que no podían escurrirle, le inundaban los ojos.

En cualquier otro momento de la vida, Eugenio hubiera reaccionado con violencia y medio matado a golpes a los que lo atacaron, pero esta vez era diferente. Pensó en los crímenes y las ejecuciones en el barrio de Tepito. La guerra de los cárteles se recrudecía en las calles. Era el verano de 2003, pero las ejecuciones habían comenzado mucho antes: se remontaban a 1998, cuando El Tanque, Jorge Reyes Ortiz, un tepiteño, había sido arrestado una tarde cálida en el callejón de la calle Tenochtitlán. Lo señalaban como el jefe del cártel de Tepito que se disputaba la plaza con Fidel Camarillo Salas, alias El Papirrín, a quien las autoridades acusaban de ser el líder del cártel de la Morelos.

Los ejecutados aparecían en Jesús Carranza, en Rivero, con la cinta canela como elemento principal. Les quitaban la visión, los envolvían y los ataban de manos y pies dentro de una vecindad; después esperaban a que llegara la noche para tirarlos en la calle. Otras veces, las balas eran disparadas desde motonetas. Iban directas a la cara o a la cabeza. Por lo menos se habían contado casi 30 asesinatos.

Los informes de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal describían y apuntaban hacia

El Tanque, que estuvo encarcelado por delitos contra la salud y crimen organizado. Recién había salido de prisión donde, aseguran, dirigía a distancia el cártel de Tepito. También decían que El Tanque, que no rebasaba los 30 años, controlaba el narcomenudeo y comandaba una banda de extorsionadores al estilo del Chicago de los 20. Los expedientes en los que aparecen testimonios de propietarios de comercios describen que les cobraban “renta”, una especie de cuota, a cambio de protegerlos para que no los robaran. Si no pagaban, ellos mismos se encargaban de efectuar el asalto.

Los relatos policiacos marcan el jueves 4 de junio de 1998 como el día en que comenzó la historia inédita en ese barrio por el control de la venta de droga. La tarde de ese jueves, el Grupo Especial de Reacción Inmediata visitó una vecindad en el callejón de Tenochtitlán. La orden era entrar para sacar a rastras a El Tanque. La irrupción policial, lejos de provocar sorpresa y temor, encontró resistencia, lo que dio tiempo al perseguido para subir a la azotea. Después se aventó sobre las lonas de los puestos callejeros y comenzó la huída.

Cuando parecía que el operativo quedaba en el fondo de la frustración, se escuchó otro lonazo. Un agente especial vestido de negro y con el rostro encubierto caía entre los puestos y en poco tiempo daba alcance a su objetivo. Tres meses antes, una noche de marzo en la esquina de Mineros y Mecánicos, había sido detenido el que con el tiempo se convertiría en el enemigo número 1 de El Tanque. Su nombre, Fidel Camarillo Salas, alías El Papirrín, señalado por el dedo de la justicia como el comandante en jefe del cártel de la Morelos, quien presuntamente comercializaba más de 10 kilos de cocaína a la semana.

Ambos, apenas con 27 años de edad, convirtieron al barrio en un lugar inhóspito en los primeros meses de 1998. Los testimonios después de aquellas detenciones dejaban al descubierto su rivalidad. Una declaración aseguraba que con una ráfaga de cuerno de chivo, de AK-47, El Tanque había matado a El Pantera, hermano de El Papirrín, y este a su vez asesinó a

El Adancito, considerado el lugarteniente del primero.

La información comenzaba a llegar de primera mano. En junio de 1998, Salvador Trejo Ibarra alias

El Casablanca, considerado lugarteniente de El tanque, reconocía su participación en la distribución de droga. La policía lo involucraba por lo menos en cuatro homicidios. En abril de 2000, un hombre apodado El Oaxaca aseguró que a la semana vendía por lo menos 10 kilos cocaína y que 50% de la ganancia era entregada a El Papirrín, quien fue condenado a 27 años de prisión por homicidio calificado, homicidio simple y lesiones. A El Tanque no se le pudo procesar como jefe del cártel de Tepito, pero sí por delitos contra

la salud y portación de arma de uso exclusivo del Ejército.

Cuatro años después, el 23 de diciembre de 2002, El Tanque volvía a las calles. Según su expediente salía por “buena conducta y participación en tareas educativas y laborales”. Pero su salida coincidía con una nueva ola de ejecuciones. Informes de inteligencia capitalinos aseguraban que reclutó a más de 30 jóvenes de entre 15 y 17 años y los armó con pistolas nueve milímetros y subametralladoras Uzi. Describían que éstos se encargaban de amedrentar, golpear y robar a comerciantes, presionándolos para pagar una cuota por protección: 10 mil pesos a propietarios de locales y entre 20 y 50 pesos diarios a los dueños de puestos semifijos.

Eran una especie de sicarios, niños que por cinco mil pesos se deshacían de los personajes incómodos. Un grupo de asesinos que convirtió un espacio de 67 manzanas, entre la Morelos y el Tepito comercial, en zona de guerra: de muertos sin cabeza, de envueltos con cinta canela.

Lo que ocurrió en Tepito durante esos días fue el preludio de lo que en los próximos años y hasta la fecha se ha convertido el país tras la guerra entre los cárteles más poderosos, el del Golfo y su grupo de sicarios Los Zetas, contra el cártel de Sinaloa, de Joaquín Loera El Chapo Guzmán. Lanzaban cuerpos atados y cegados con cinta canela. La única diferencia es que ahora, además del cuerpo, aparecen recados escritos para las próximas víctimas y cabezas en bolsas negras depositadas en cualquier lugar. Antes, las ejecuciones con los ojos vendados y el tiro de gracia eran típicas de los estados del norte. Hoy, la violencia ha bajado hacia Acapulco, el puerto de Veracruz, las ciudades de Monterrey, Villahermosa, Morelia y hasta Tabasco. Más de mil 500 ejecuciones en lo que va del año.

En las calles de Tepito, el gobierno capitalino no vislumbró otra salida más que expropiar las vecindades como una forma de acabar con la guerra por la venta de droga. Pero mucho antes que eso ocurriera, Eugenio se sentía intocable. Contaba con apoyo y protección de algunos jefes de la policía federal. En el verano de 2003 vendía a la semana más de 15 kilos de cocaína. Por eso, el día que lo secuestraron las cuentas lo distrajeron a tal grado que ni siquiera tuvo tiempo de sacar su arma para defenderse a tiros. Su ambición por las ganancias lo tenía como una momia canela. Lo estaban preparando para la muerte.

Afuera, la vida seguía su rumbo. Fayuca, ropa, comida y cientos de compradores. Adentro, en un cuartucho de vecindad, de las ahora llamadas viviendas de renovación habitacional, yacía tirado. Nunca lo dejaron ponerse de pie. Se habían muerto muchos: algunos los vieron entrar a una vecindad, pero nunca los vieron salir. Ése sería el destino de Eugenio; sólo escuchaba voces y pasos. Llevaba dos días sin probar bocado. Los que se acercaban a él, sólo lo hacían para darle un zape en la cabeza. Calculaba que habían pasado muchas horas, pero no sabía que la segunda noche se acercaba. Que acabe como tenga que acabar, se repetía a sí mismo en los ratos de desesperación.

Lo que no sabía era que por esos días El Tanque volvía a ser aprehendido. Era agosto de 2003, habían detenido a El Papis, considerado su lugarteniente. Con él, habían apresado a El Topo, El Boga, El Pepino, El Silverio,

El Said, El Chirris. Ninguno rebasaba los 23 años de edad. También detuvieron a La Carlota por su presunta participación de una ejecución en la calle de Jesús Carranza.

Dos días después de que cayó El Papis, se dictó orden de aprehensión contra El Tanque por el delito de extorsión a un comerciante.

—¡Ni madres, a mí no me llevan! —dijo mientras los vecinos comenzaban a juntarse para hacer resistencia. El apoyo policial llegó pronto y Jorge Reyes Ortiz comenzaba su camino hacia el Reclusorio Norte.

La cadena de ejecuciones, sin embargo, terminó modificando el escenario, porque al cuartucho de la vecindad tepiteña donde permanecía Eugenio entró alguien diferente. Los pasos no eran los mismos que había escuchado durante su estancia en ese lugar. Ahora las pisadas eran suaves, con cadencia. En lugar de juntar más los hombros y sumir la cabeza como quien espera recibir un golpe, sintió curiosidad y se mantuvo alerta.

Era una voz de mujer, de una doña, que parecía conocerlo.

—Mira nada más mijo hasta dónde están las cosas. Ya casi se mataron todos. ¿Por qué? Si yo los conocí de chiquillos cuando eran amigos y jugaban futbol en el patio de la vecindad —le dijo a manera de reconciliación.

Mientras comenzaba a reconocer la voz, el cerebro de Eugenio le pasaba estampas de su historia. Vino a su mente la mujer que en sus días de infancia les vendía mariguana por puño; la sacaba de una tina de aluminio que utilizaban para bañar a los niños en una vecindad de la colonia Morelos. Recordó la vez que estuvieron a punto de matarlo cuando fue a recoger a la central de abasto un cargamento de cocaína que se introdujo a la ciudad de México en papayas: cada fruta traía en su corazón un cuarto de kilo. Se acordó también de cómo la gente para la que trabajaba le robaba la “mercancía” a los del cártel contrario. Él no sentía culpa, se consolaba creyendo que era tan sólo un operador. Poco antes de reaccionar ante la voz pensó en sus amigos y las mamás de éstos.

—¡Quiero que se acabe ya esta matazón y quiero que les digas a todos que ya no hay a nadie a quien matar! —decía con firmeza la voz femenina.

Eugenio volvía a llorar y cada vez que la señora decía algo respondía con un “sí jefecita” por el hueco de la cinta canela que alguien le arrancó.

La doña, sin saberlo, ponía fin a una guerra que la policía no había podido controlar.

Esa noche, Eugenio salía de la vecindad igual que había entrado, con la cabeza envuelta con un pedazo de trapo o cobija. Le habían quitado la cinta canela del cuerpo, pero no de las manos. Sintió que lo subían a un coche, pero en el breve trayecto nadie le habló, ni le pegó en la cabeza. Un pie lo aventó cuando el automóvil se detuvo. Después quedó ahí, tirado en la calle como un perro muerto. La vida le sería robada después, no de un tiro en la cabeza, sino una noche en la que alguien entró al cuarto donde dormía y lo acuchilló.

Suverza. Periodista.

***

El otoño de los generales

por JUAN VELEDÍAZ

—Le dimos sus meloncitos para que se calmara —respondió Rafael Caro Quintero al ex policía militar Gustavo Tarín Chávez cuando cuestionó al capo sobre si el general Francisco Quirós Hermosillo estaba de acuerdo en permitir el paso de droga por Sonora.

—Al menos fueron 50 mil dólares en 1983 cuando el general era comandante de la cuarta zona militar en Hermosillo —lee en voz alta el secretario del juzgado militar dejando pasmado al auditorio que escucha este testimonio.

Quirós Hermosillo —fundador de la temible Brigada Blanca, ese cuerpo paramilitar creado en 1976 para exterminar la guerrilla urbana; quien por sus servicios al régimen priísta escaló a partir de ese año y en tiempo récord los principales grados del Ejército y en menos de un sexenio, el de José López Portillo, pasó de coronel a general de división— esta mañana escucha, sentado en la primera fila de la sala del Consejo de Guerra del Campo Militar Número Uno, la lectura de las declaraciones de Tarín, ex colaborador suyo convertido en testigo en su contra, mientras con una mano ajusta en el oído izquierdo su aparato para la sordera.

El divisionario viste su metro ochenta de estatura con el uniforme de gala azul oscuro del Ejército. Es un hombre calvo de 67 años que todavía conserva algo de aquel oficial de infantería que escoltó al general Charles de Gaulle en 1964, durante su visita a México. Su aspecto —duro e inexpresivo— denota al jefe que comandó a la Policía Militar en la década de los 70. Pero esta mañana muestra un rostro compungido, sus facciones se contraen, su mirada azul es vidriosa, roja de exasperación ante los episodios que se van desgranando como partes informativos sobre su relación con los barones de la droga, cuando era comandante militar en varias partes de la República y funcionario de primer nivel en la secretaría de Defensa.

—Que ya no le jalen tanto al gatillo; le traigo un saludo de mi general y compadre Francisco Quirós Hermosillo —exclamó un día a principios de 1994 Juan José Esparragoza Moreno, El Azul, uno de los líderes del cártel de Juárez, cuando llegó a una reunión con su jefe Amado Carrillo Fuentes y hacía referencia al clima de violencia suscitada en aquellos meses.

—Es cierto —dijo Amado—. Me consta que ya tienen muchos años de compadres —se escucha en el auditorio. Al paso de las páginas del expediente, Tarín —el hombre que colaboró desde los años 70 en diferentes encomiendas con Quirós y quien a partir de 1999 se convirtió en testigo protegido de la PGR al ser indiciado dentro del “Maxiproceso”, como se le conoce al juicio contra civiles y militares acusados de tener vínculos con Carrillo Fuentes— desnuda ante oficiales y jefes de alta graduación presentes en la sala a uno de los generales que marcaron una época en el Ejército mexicano: la etapa de la represión y desaparición de guerrilleros.

Pero este día Quirós no está solo; junto a él está sentado su coacusado, un general brigadier, quizá el boina verde más famoso en la historia del Ejército, llamado Mario Arturo Acosta Chaparro Escapite. Ambos son los actores centrales de la corte marcial, integrada por cinco generales de división sentados frente a una larga mesa que cubre el escenario, quienes los juzgarán por sus presuntas relaciones con el narco, en lo que se considera un juicio inédito en la historia moderna del país. Quizá por ello el auditorio semicircular está a reventar: hay periodistas nacionales y extranjeros junto a militares en retiro vestidos de civil y otros con uniforme aún en activo.

Acosta Chaparro es un hombre robusto de 60 años que peina canas. Su metro 82 viste el uniforme de gala con la insignia de paracaidista en el pecho, pues ése es su origen, el célebre cuerpo de fusileros paracaidistas, la unidad militar de élite que en los años 60 y 70 participó en las principales operaciones de control social, como las manifestaciones estudiantiles de 1968. De voz más gruesa, el brigadier da su nombre completo y permanece de pie con la mirada firme puesta en dirección al estrado, donde el secretario continúa la lectura del informe de Tarín.

Acosta era jefe del “grupo exterior” de la DFS (Dirección Federal de Seguridad, la policía política del régimen hasta 1985), y era el encargado de los interrogatorios cuando estuvo adscrito a partir de 1976 a la Brigada Blanca; antes, en 1970, tomó el curso de fuerzas especiales en Fort Bragg, Carolina del Norte, y regresó de Estados Unidos para incorporarse a la brigada de fusileros paracaidistas.

Sobre Quirós y Acosta, Tarín dice que a partir de 1994, cuando fueron comisionados a la Coordinadora Nacional de Seguridad Pública creada a raíz de los secuestros de los empresarios Alfredo Harp y Ángel Lozada, trataron de conformar una red de inteligencia que operaría desde la ciudad de México, para apoyar las actividades de Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos.

—Cómo estás hijito —le decía Amado a Acosta Chaparro cuando hablaban por “el esqueleto”, la línea telefónica directa entre ambos.

—Acabo de hablar con su patrón —comentaba Amado a Tarín luego de colgar el auricular. Ambos habrán conversado de esa forma, añade en su testimonio, unas 12 ó 15 ocasiones mientras Acosta estuvo en la Coordinadora.

—Una ocasión —continúa la lectura en el auditorio— Amado envió 50 fusiles AK-47, 30 pistolas, 20 radios, 10 mil cartuchos y una Suburban por medio de Acosta Chaparro a Rubén Figueroa Alcocer [ex gobernador de Guerrero], los cuales se los quedó, no entregó nada. Mucho después entregó la Suburban, que era modelo 93 ó 94—. Al oír esta parte, Acosta mueve la cabeza como si negara lo leído.

—Vicente Carrillo Fuentes le envió 50 mil dólares a Quirós Hermosillo cuando traficaba con cocaína por la ruta de Nogales, me contó una ocasión Carlos Pulido, quien le daba ese dinero a Rubén Gardea Vara, que a su vez se lo entregaba al general. Fueron al menos dos pagos por esa cantidad —dice Tarín.

Quirós no era el único. El testigo protegido recuerda que Amado repartió regalos y miles de dólares entre comandantes militares y navales.

—El general Arrieta [Ramón Arrieta Hurtado], quien fue comandante de la quinta zona militar en Chihuahua, también recibió dinero, una camioneta Dodge Ram blanca modelo 1985 y un Ford Gran Marquis; y el general Badillo Trueba, quien estaba de comandante en la 10 zona militar en Durango también recibió regalos de Amado Carrillo. A los comandantes militares en Mazatlán, Los Mochis, Ciudad Obregón, Guaymas, Gómez Palacio y Tepic, Nayarit, los tenía comprados Amado —dice en la lectura el secretario. Y prosigue.

—Los buques camaroneros arribaban con cocaína a las Islas Marías y de ahí en avión a Parral, Chihuahua. También el comandante de la zona naval militar participaba —en este momento los comentarios entre los asistentes suben de intensidad, el ruido en la sala rompe el pesado ambiente que se respira a estas alturas de la lectura. El presidente del consejo de guerra, el general Tomás Ángeles Dauahare, decreta un receso poco antes del medio día.

El estupor permea a los asistentes. Nunca había sido involucrada tal cantidad de militares en la protección de un narco, quizá por ello los comentarios cuestionan la salud mental del multicitado y ausente Gustavo Tarín Chávez, el testigo “estelar” de la PGR para armar la acusación. Pero en el juicio hay 19 testigos más.

Cuando minutos después se reanuda la sesión, el juez, coronel Domingo Sosa Muñoz, ordena se dé lectura al testimonio de Jaime Olvera Olvera, ex policía judicial, viejo conocido de los acusados.

—Cada semana iba a Cuernavaca acompañado de Vicente Carrillo Leyva a la hacienda que tenían en Morelos. En una ocasión, en el año de 1996, ahí se entrevistaron hasta la una de la mañana Amado con Quirós y Acosta Chaparro —dice el secretario en la lectura.

—En abril de aquel año le dijo Amado a Vicente que se pusiera de acuerdo con [Carlos] Colín Padilla para darle un auto al güerito [Quirós]. En julio de 1996 le entregaron un Mercedes Benz azul —añade.

Aparece en el relato un personaje femenino, Martha de Armas, bailarina cubana del Tropicana, amiga y compañera inseparable de Amado cuando éste viajaba a la isla. Esta mujer, según Olvera, es el enlace del capo en la isla para conseguir casas y voluntarios que quieran trabajar con él. La historia queda incompleta por derivaciones del testigo que llevan al jurado a decretar un nuevo receso.

Quirós se para de su asiento y camina un poco por el pasillo; Acosta se queda solo, pensativo, mientras escucha a su abogado Manuel Flores Arcieniega, quien le habla de cerca sin dejar de mover las manos. De pronto una nube de micrófonos y cámaras se abalanza sobre Quirós.

El juez llama al orden, y comienza la lectura del testimonio del que fue director de la Policía Judicial Federal en 1994, Adrián Carrera Fuentes, procesado por vínculos con el narco, quien aceptó testificar contra los generales.

—El 7 de abril de 1998 el testigo declaró que cuando se desempeñaba como jefe de seguridad en el Reclusorio Sur conoció a Amado Carrillo Fuentes, quien cuando estuvo preso un día le regaló un Rolex de oro. En 1977 conoció a Acosta Chaparro cuando estaba en la DIPD [la Dirección de Investigación y Prevención contra la Delincuencia que dirigía Arturo Durazo], pero fue hasta 1988 cuando José de Jesús Mexeiro lo presentó formalmente con él. En 1993, entre julio y agosto, cuando era director de aprehensiones de la Judicial Federal, fue invitado por Amado Carrillo a una cena en el resturante Las Espadas; durante una hora platicaron y le entregó un portafolio con 100 mil dólares cuando le pidió su apoyo. En 1994, cuando fue nombrado director de la Judicial Federal, se reunió de nuevo en una casa del Pedregal con él para reanudar su petición de apoyo —se escucha en la lectura.

Hojas adelante aparece la declaración de Michel Roger Batista, ex comandante de la judicial en Guerrero, quien recuerda que en marzo de 1990 desembarcó una tonelada con 450 kilogramos de cocaína en un puerto de Baja California Sur, proveniente del puerto de Vacamonte, Panamá: eran 69 bultos que traían escritas las palabras “Quirós Hermosillo”.

29 de octubre de 2002. Como si fuera una señal del apocalipsis mediático que tiene hoy al Ejército en primera plana de todos los diarios nacionales, esta mañana aparece por la puerta siete del Campo Militar el cronista Carlos Monsiváis. Su blanca cabellera despeinada resalta a la distancia cuando es transportado a 40 kilómetros por hora en la parte trasera de una Hummer por las limpias avenidas de la base militar más importante del país.

La sesión se reanuda con la lectura del testimonio de Paloma Luigi Sterna, esposa del testigo Rubén Gardea Vara, a quien la fiscalía atribuye la entrega de una camioneta Suburban blindada, equipos de intercepción satelital y comunicaciones a Quirós, de parte de Amado Carrillo. Con estos sistemas los acusados habrían creado una estructura de “inteligencia” para facilitar el aterrizaje y despegue de aviones que transportaban droga.

El secretario del juzgado lee que Quirós, Acosta Chaparro y el célebre Miguel Nazar Haro, el triunvirato de la guerra sucia, se volvieron a reunir en 1994 para trabajar juntos en la Coordinadora Nacional de Seguridad Pública por los secuestros suscitados aquel año. Reclutaron 40 policías que “no estuvieran en activo”, pues sospechaban de ex policías como los autores.

Se lee la declaración de Acosta del 3 de mayo del 2000, donde dice haber sido instructor en la brigada de paracaidistas y que por su preparación en subversión se encargaba de interrogar a los detenidos cuando fue “asesor” en la Brigada Blanca. A cada momento, en la lectura aparecen pinceladas sobre su paso como actor de la represión en los sótanos del régimen. Sobre Quirós, Acosta fue puntual.

—Considero que existe una relación de amistad y respeto. A pesar de la amistad, no es frecuente nuestro contacto. Habrán sido unas 10 veces las que hemos comido o desayunado juntos desde 1967 que lo conozco. Lo considero como mi hermano mayor —dice.

La sesión entra en un breve receso mientras el oficial que lee sin parar desde hace tres horas toma un respiro. Al reanudarse, aparece una pregunta nodal hecha por el fiscal militar al general Acosta.

—¿Conoce usted al narcotraficante Amado Carrillo Fuentes?

—En el año de 1994, no recuerdo la fecha con exactitud, me lo presentó Adrián Carrera Fuentes en el restaurante La Cañada. No me llamó la atención, fue algo irrelevante, precisamente he tenido como norma de conducta no involucrarme con personas a las cuales no puedo ayudar, y menos si me van a causar problemas—. Acosta añade que volvió a ver a Amado durante un operativo en la zona de Arboledas en aquel año, durante un despliegue para ubicar una casa donde podría darse el pago y rescate del banquero Alfredo Harp. Traía credencial de agente de la Judicial, recuerda, sólo que no supo si era del DF o de la federal.

30 de octubre de 2002. La criminalidad mafiosa, dice el escritor Peter Robb en su crónica Media noche en Sicilia, siempre ha sido un parásito del poder político establecido. La frase tiene sentido cuando esta mañana aparece un personaje ataviado con traje azul, lentes oscuros que le cubren medio rostro y apoyado en un bastón: es el ex director de la judicial federal, Adrián Carrera Fuentes.

Hoy es día de careos. Los reporteros esperan la llegada de algunos testigos; se dice que Tarín no viene por estar bajo custodia de la justicia norteamericana, pero estarán otros como el viejo político priísta Arsenio Farell Cubillas.

La sesión se reanuda mientras Quirós clava su mirada en el ex comandante Carrera quien está parado en el centro del auditorio. Se leen sus declaraciones y se le hacen preguntas sobre si quiere añadir, rechazar o ratificar lo dicho. Mueve la cabeza como anuencia para que la lectura continúe.

Reconoce haber actuado como punto de enlace entre Amado y Acosta, a quienes reunió en el verano de 1993 en la zona de restaurantes de Chapultepec. Dice que los dejó que hablaran dentro de un auto Ford Ltd durante tres horas. Hace un recuento de cómo, cuando fue director de la judicial federal, recibió regalos del jefe del cártel de Juárez para quien trabajó como conexión con otros funcionarios de la PGR. Un día Amado le confió que negociaba con los militares para llegar a un arreglo y poder transitar con mercancía libremente por el país. Después, el capo le confió que Quirós era el encargado de entregar el dinero a los militares con los que pactó.

El bochorno es evidente entre la audiencia de uniformados y los vestidos de civil que no ocultan su estupor. La sesión entra en receso ante el aumento del murmullo. Minutos después se reanuda con Acosta y Carrera parados, frente a frente a un metro de distancia, en el escenario.

Carrera como que se tambalea y se tiene que aferrar a su bastón cuando Acosta, con voz estridente [cualquiera podrá imaginar por qué era el encargado de los interrogatorios en la Brigada Blanca], le recrimina al viejo policía todo lo que ha dicho.

—Dos veces el señor pretendió presentarme a una persona, de la cual ignoraba su nombre [era Amado Carrillo], y el señor perfectamente bien lo sabe; además, yo nunca le ofrecí al señor dinero. ¿A honras de qué le tengo que ofrecer dinero? —preguntó.

—Pues yo no recuerdo, señor, ha pasado mucho tiempo y no sabría contestar la pregunta del señor general —responde Carrera con voz baja e insegura. Las contradicciones y vaguedades en las respuestas del ex funcionario de la PGR exasperan al juez, quien lo conmina a que sus dichos sean acordes con la realidad.

—Por el tiempo tan considerable que ha pasado, no puedo hacer precisiones; no miento ni trato de sorprender, hay cosas que no me constan, pero no puedo dar testimonios que sean satisfactorios para ustedes —dice sin soltar el bastón sobre el que se apoya.

Parece que Acosta se lo quiere comer, sus ojos saltones denotan esa rabia de quien se siente traicionado, herido en ese pacto de silencio que regula los códigos no escritos entre policías.

Arsenio Farrell es el siguiente testigo interrogado por el fiscal militar. Contradice la hipótesis de que Acosta y Quirós utilizaron su cargo para crear una infraestructura de inteligencia para apoyar a Carrillo. También objeta que ambos militares, como se dijo, intervinieron en las investigaciones del secuestro de Harp.

31 de octubre de 2002. El juicio ya es memorable para los medios de comunicación por las evasivas, contradicciones y falta de sustento en la mayoría de las declaraciones. Este día es el turno de los abogados defensores y quien se lleva la mañana es el teniente Carlos Fernández Pérez, que una a una refuta con argumentos que tienen al auditorio en un mutis perpetuo las acusaciones contra el general Quirós.

Critica la calidad moral de Tarín, resalta su perfil psicológico de “mitómano consagrado” y se cuestiona cómo el jurado puede avalar dichos de testigos que ya están muertos como Jaime Olvera y Tomás Colsa.

Le sigue en la exposición el defensor de Acosta, Mariano Flores Arciniega, quien centra su defensa en la autoridad de los llamados testigos protegidos. Su intervención es discreta, pues antes el general ha sido vehemente para refutar cada punto en su contra.

1 de noviembre de 2002. La hojas secas regadas sobre el pasto y el frío matutino recuerdan que el otoño está en su apogeo. Hoy se dictará sentencia y la asistencia es mayor que en días pasados. Hacen su aparición en el auditorio militares que marcaron época dentro del Ejército, como el general Salvador Rangel Medina, comandante en Guerrero en los años 70 quien, apoyado en un bastón y en compañía de su hija, entra a darle su respaldo a Acosta Chaparrro. Por ahí se ve al viejo divisionario Juan Poblano Silva, mencionado en el libro Deep Cover como protector del narco en el sexenio de De la Madrid. Están varios amigos de Quirós de su generación del Colegio Militar en los años 50; la mayoría no fueron tan famosos como él pero echan de menos al más célebre y cercano al acusado, nada menos que el ex secretario de Defensa Enrique Cervantes Aguirre, su compadre, quien nada hizo para apoyarlo en los años de encierro.

En su última intervención antes del veredicto, Quirós toma la palabra y a propósito recuerda su origen de artillero, arma a la que perteneció hasta principios de los 60 cuando pasó a la infantería. Asegura que su persona y trayectoria fue sometida a un “ablandamiento artillero en los medios de comunicación”.

—Al parecer somos los “narcotraficantes desconocidos” a estas fechas —dice en alusión a los 14 mil detenidos por delitos contra la salud en el sexenio de Ernesto Zedillo, pues sólo un testigo los ha identificado.

—Tengo dos años, dos meses y un día detenido en esta prisión por un delito que, reitero, no cometí. Tengo 792 días aquí. Manifiesto que la publicidad que se le dio a nuestra captura fue como la de un logro más de la lucha contra el narcotráfico —dice antes de repasar los dichos que a su juicio muestran la ilegalidad del juicio.

Cuando Acosta toma la palabra deja sobre su asiento un rosario y un librito con la imagen de San Judas Tadeo, no ha dejado de leerlo mientras su coacusado habla. Dice que la fiscalía militar no ha presentado una sola prueba en su contra y, por el contrario, su defensa ha acreditado su inocencia. Recuerda que Adrián Carrera no pudo sostenerse en sus dichos.

—El señor fiscal habla de probidad y honradez de los testigos protegidos: es un insulto al instituto armado, es un insulto al consejo de guerra y es un insulto a todos los miembros del Ejército —clama con ese tono de voz metálico que rebota en las paredes. Más adelante, luego de refutar la supuesta cercanía con El Señor de los Cielos, el brigadier concluye—: Ratifico mis servicios prestados al Ejército y a la patria.

A partir del mediodía, los integrantes del consejo de guerra se encierran para deliberar en secreto. Tardan más de cinco horas y al caer la tarde aparecen en el estrado para leer el veredicto. El juez llama por su nombre y grado a cada uno de los acusados y les hace saber la pena.

Acosta Chaparro es sentenciado a 15 años de prisión por ser culpable de narcotráfico y cohecho. Se le destituye del grado de general brigadier y se le condena a no usar uniforme e insignias. Quirós Hermosillo escucha el resolutivo que lo sentencia a 16 años de prisión por los mismos delitos y queda inhabilitado para ostentarse como general de división, usar las insignias y uniforme. Todos los asistentes en posición de firmes escuchan la voz del juez.

—Comandante de guardia, escolte a los prisioneros—. Acosta agacha la cabeza, Quirós está a punto de estallar. Se rompen filas y un viejo general que conoció a Acosta desde los años 70 exclama: —No puedo creer cómo alguien con fama de cabrón dentro del Ejército casi se quiebra—. Uno de sus interlocutores dice sobre él ante varios reporteros: —Quienes lo conocemos sabíamos que estaba quebrado.

Posdata

El 19 de noviembre del 2006 Quirós Hermosillo falleció en una cama del Hospital Central Militar tras padecer una larga agonía por cáncer. Durante el velatorio llegó su compadre Cervantes Aguirre, quien de inmediato fue “invitado a retirarse” por la hija del general.

Acosta Chaparro ganó un amparo contra la sentencia por narcotráfico y dejó la prisión militar el jueves 28 de junio de 2007. Los crímenes que se le imputan por la guerra sucia quedaron sin efecto por desvanecimiento de pruebas ante la justicia castrense. En la justicia civil hasta el verano de este año no había sido encausado.

Veledíaz. Periodista.

***

De “avestruz”

por HÉCTOR DE MAULEÓN

Nadie sabe dónde está. Trabajaba como diseñador gráfico en una empresa de Mexicali que hacía gafetes de identidad. No ganaba siquiera para rentarse un departamento: seguía viviendo en la casa de sus padres. Lo llamaban Félix.

En 1997, sus jefes le encargaron un juego de identificaciones que serían usadas durante una convención de miembros de corredores de inmuebles. Las estaba diseñando cuando un cliente apareció en la empresa con intención de hacer un pedido de gafetes para una firma publicitaria. El cliente iba acompañado por un colombiano. Un hombre que hablaba demasiado alto,

y al que por eso apodaban El Gritón.

“Me dan ganas de decirle que se salga del taller”,

le dijo Félix a un compañero. “No me puedo concentrar con este ruido”.

El compañero respondió en voz baja: “Cálmate, porque éste es de cuidado”.

El Gritón no oyó la conversación, pero le llamó

la atención el trabajo que el diseñador estaba haciendo. “Qué bonitos gafetes”. Antes de irse, le pidió

el número de su celular. “Puede haber por ahí un encarguito”.

Le llamó esa misma tarde para pedirle una cita. Félix tuvo desconfianza. Pero andaba corto de dinero, y terminó por citar al colombiano para las diez de la noche, frente a las oficinas de la policía judicial del estado. “Pensé que si era de cuidado, yo podía estar protegido en ese sitio”, diría después.

El Gritón lo aguardaba en una camioneta Dodge

de color azul, con techo y cofre de color plata. No se anduvo con rodeos: mostró un gafete de la policía judicial del estado y le preguntó si se sentía capaz de falsificarlo. “La paga es buena”.

Félix se amedrentó, rechazó el encargo y se fue a su casa. Pero había cometido el error de entregar su número telefónico. El Gritón lo buscó insistentemente, lo acosó durante un mes, hasta que el diseñador se sintió asustado. Para quitárselo de encima, le dijo que la computadora con la que podía hacer el trabajo no era suya, sino de la empresa, y que además se trataba de una máquina muy lenta. El Gritón se exasperó:

“No me andes con pendejadas. La gente a la que le interesa el trabajo tiene mucho dinero y no se anda fijando en esas cosas. Investiga cuánto cuesta la computadora. Te llamó más tarde”.

Félix sintió que tiraba al vacío. En internet encontró una Pentium con digitalizador óptico, cuyo precio era de cinco mil dólares. Pensó que una suma tan alta desanimaría a El Gritón, pero se equivocó. Esa misma tarde, éste le llevó el dinero al taller. “Pura moneda americana”.

La máquina fue comprada en Estados Unidos. Félix sufrió con una infinidad de detalles técnicos, pero al fin pudo instalarla. “Hazme una prueba

—dijo El Gritón—. Saca un gafete”.

“Aquí no”, le respondió el diseñador. “No quiero involucrar en esto a la empresa”.

El colombiano decidió llevarlo a una casa de la colonia Virreyes. “Me van a matar por traerte aquí”,

le dijo. La casa estaba vacía. Había pocos muebles

y un hombre con aspecto de policía al que llamaban Lalo. Ahí, el colombiano le entregó un gafete y una credencial de la judicial. “Ponte a trabajar”, le ordenó.

El diseñador se tardó dos días. Pero logró imitar los documentos “hasta en el color”.

“¡Quedaron al chingadazo!”, dijo el otro muy contento.

Al día siguiente le llevó veinticinco fotografías. “Son para pegarlas en las credenciales. Tú inventa los nombres, menos en ésta, que tiene que ir a nombre de Juan Carlos Ramos”.

Félix miró la foto. Había un hombre robusto, moreno, de bigote ralo.

El Gritón le pagó mil 200 dólares.

“¿Ya ves qué fácil?”.

Cuando Félix se despidió, alegando que debía volver a su trabajo, el colombiano sonrió: “¿Cuál trabajo? ¿No te das cuenta dónde te has metido? Estas gentes son muy pesadas. Ya no te puedes salir. Incluso ya no vas a poder seguir trabajando en la misma empresa”.

El falsificador del cártel

Comenzaba 1998. Una noche en que Félix conversaba con amigos frente a la casa de sus padres, una Suburban negra se aproximó por la calle. “Sube. Te quiere conocer el patrón”.

Había pasado un año desde la falsificación de las credenciales. De vez en cuando, El Gritón le daba a regañadientes unos cuántos dólares, “para gastos”. Pero a Félix no le alcanzaban ni para activar su celular. Menos, para reparar su viejo Thunderbird, que se había quedado tirado desde hacía tiempo.

La Suburban lo condujo esa noche al fraccionamiento Las Fuentes, hasta una calle solitaria en la que había varios vehículos con el motor encendido. Dentro de una camioneta Lobo, se hallaba el patrón. Éste se presentó:

“Gilberto Higuera Guerrero”.

Era el sujeto cuya fotografía había puesto a nombre de Juan Carlos Ramos. Su cabeza tenía precio. Le apodaban El Gilillo.

Félix subió a la camioneta. El patrón le ofreció un cigarro y le dijo la razón por la que lo andaban buscando: la fecha de las credenciales había expirado, era necesario hacer un juego nuevo. Sólo que no iba a ser tan fácil como la primera vez: para evitar falsificaciones, la Procuraduría acababa de poner un holograma en las credenciales de los agentes.

“¿Lo puedes copiar?”.

“Sí —dijo Félix—. Pero tienen que comprar otro equipo”.

El Gilillo reclamó:

“Ya te hemos dado mucho dinero, pero dice El Gritón que pides más y no quieres trabajar”.

Félix supo en ese instante que El Gritón se estaba quedando con la paga, pero guardó silencio. Se puso a temblar cuando el patrón le dijo:

“Ya hasta te íbamos a levantar”.

“La computadora que tengo no puede hacer hologramas. Hace falta un equipo más potente”, tartamudeó el diseñador.

El Gilillo le ordenó que lo buscara, y le entregó un rollo de billetes verdes. Dos mil 500 dólares, “para gastos”. Le ordenó también:

“Activa tu celular, y repara tu vehículo”.

Luego, el convoy se alejó.

Los hologramas podían hacerse en serigrafía, con una impresora de resina térmica que costaba 15 mil dólares. Félix se lo informó a uno de los ayudantes del patrón. Una hora después de la llamada, le llevaron a su casa una bolsa con dinero, y le ordenaron que rentara un departamento para instalar el equipo, un sitio donde pudiera trabajar sin que nadie lo viera.

Encontró un buen lugar en alguna de las unidades del Infonavit. La reproducción del holograma no fue nada sencilla, pero al fin pudo preparar 30 juegos de gafetes y credenciales, entre las que estaba “la del mero jefe”: el hermano de El Gilillo, Ismael Higuera Guerrero, alias El Mayel, cabeza del brazo armado y uno de los operadores más violentos del cártel de los Arellano Félix.

El diseñador recibió siete mil dólares por el trabajo. Los derrochó en pocas semanas en la intensa noche mexicalense, y no volvió a ver a nadie hasta que la fecha de las credenciales expiró nuevamente.

En diciembre de 1998, el propio Gilillo fue a buscarlo al departamento. Félix había comprado una cámara Casio para poder tomar las fotos él mismo. “Quería que todas tuvieran el mismo formato”. Pero el grupo que había que retratar no estaba completo, “algunos andaban trabajando en Tijuana y Ensenada”. Le dijo Gilberto: “Voy a mandar por ti mañana para que tomes las fotos que faltan”.

Al día siguiente, a las dos de la tarde, un hombre silencioso lo recogió en una pick up. Cambiaron de vehículo en un entronque. Luego, con el acelerador a fondo, se trasladaron a Tijuana. Cuando aparecieron las primeras casas de la ciudad, el hombre informó por radio: “Ya traigo al fotógrafo”. Le contestaron: “Súbelo, pero ‘de avestruz'”. El hombre le pidió que se tumbara en el piso, y no alzara la cabeza hasta que se lo ordenaran.

Félix obedeció. Tal vez por primera vez se vio a sí mismo metido hasta el cuello en la delincuencia organizada. Iba tumbado en el piso de una camioneta, mientras los otros cruzaban claves extrañas. Al fin, se oyó una puerta eléctrica que se abría; bajó del auto y avanzó por el jardín de una casa “de tipo griego, en desniveles”. En la sala aguardaban dos hombres de saco y corbata. Los retrató. Nunca supo quiénes eran. [Pero en esos años, en Tijuana, no había más ley que la de Ramón y Benjamín Arellano Félix. “Súbelo, pero ‘de avestruz', habían dicho a través del radio. Félix comprendería después que “subir” era la palabra que se usaba cuando alguien iba a encontrarse con los jefes máximos.]

Así que al terminar la sesión “lo bajaron”, otra vez “de avestruz”. Pensó que lo llevaban a Mexicali, pero la camioneta tomó el camino de Ensenada. Félix fue introducido en una casa que tenía piso de mármol verde y carecía de muebles. Sólo había un televisor de pantalla grande, rifles de asalto y varias mochilas. Ahí estaba Ismael Higuera Guerrero, El Mayel, acompañado por un sujeto apodado El 85, y por otro al que le faltaban tres dedos y le decían El Quemado. Al poco llegaron Gilberto y su antiguo conocido, El Ronco. Les tomó las fotos mientras ellos conversaban: hablaban de los Arellano Félix, de un hombre al que tenían castigado en un lugar llamado “la casita”, y al que El Mayel decía que había llegado la hora de perdonar. “Levántenle el castigo”, ordenó. Hablaban también de embarques y desembarques, de un grupo de federales al que apodaban Los Felicianos, y que colaboraban con ellos, brindándoles protección. Todo lo hicieron como si Félix no estuviera presente. Regresó a Mexicali con el bolsillo retacado de dólares, y la impresión de que “ya me tenían confianza”, de que al paso del tiempo se iba convirtiendo en uno de ellos.

Fue así como el narco lo devoró, como se convirtió en el falsificador oficial del cártel.

En la madrugada del 4 de mayo de 2000, la policía recibió una llamada anónima: unos hombres disparaban al aire y escandalizaban en una casa cercana a la Universidad Autónoma de Baja California. Un grupo de élite se trasladó al inmueble y fue recibido a tiros. Se trataba, sin embargo, de disparos inútiles: los agresores se hallaban totalmente alcoholizados. Fueron sometidos con facilidad. Sólo uno siguió disparando desde la parte alta de la casa. Uno de sus cómplices le dijo por radio: “Ya estamos dados, date tu también”. Era El Mayel.

Se dice que pocos minutos después de la detención, timbró el celular del capo. Un militar contestó la llamada.

—Como hombres —le dijeron—, ¿lo tienen vivo o muerto?

—Vivo —respondió el militar.

—Entonces, como hombres, ¿cuánto para que lo entreguen, como se encuentre?

El militar colgó. Cuando la niebla provocada por las granadas de humo empezó a disolverse, el grupo de élite decomisó dólares, joyas, armas… y varias credenciales de la policía judicial del estado.

La suerte de Félix había quedado echada. Lo agarraron en el departamento que había rentado en el Infonavit, y en el que estaba viviendo desde hacía dos años. El Thunderbird había vuelto a descomponerse. La policía aseguró la Pentium, la cámara Casio y varios juegos de fotos. Las pruebas de las credenciales falsas salían por racimos de los cajones. Aunque Félix decía que lo había hecho todo por miedo, que era una víctima más de la ley de la plata o el plomo, le fincaron acusaciones por falsificación de documentos públicos y asociación delictuosa. Eso, para abrir boca.

Llegó a la representación social desencajado y tembloroso, pidiendo que lo volvieran testigo protegido. Lo llamaron “Félix”. Pero tenía poco qué aportar. Su nombre habría de perderse entre la montaña de fojas que forman el proceso contra el operador más sanguinario y violento del cártel de los Arellano Félix.

De Mauleón. Su libro más reciente es Como nada en el mundo (Planeta, 2006).







http://environment.independent.co.uk/climate_change/article2795635.ece

Flood-ravaged Britain is suffering from a wholly new type of civil emergency, it is clear today: a disaster caused by 21st-century weather.
This weather is different from anything that has gone before. The floods it has caused, which have left more than a third of a million people without drinking water, nearly 50,000 people without power, thousands more people homeless and caused more than £2bn worth of damage - and are still not over - have no precedent in modern British history.

A 21st century catastrophe
By Michael McCarthy, Environment Editor
Published: 24 July 2007
Flood-ravaged Britain is suffering from a wholly new type of civil emergency, it is clear today: a disaster caused by 21st-century weather.
This weather is different from anything that has gone before. The floods it has caused, which have left more than a third of a million people without drinking water, nearly 50,000 people without power, thousands more people homeless and caused more than £2bn worth of damage - and are still not over - have no precedent in modern British history.
Nothing in the past hundred years, in terms of flooding caused by rainfall, has been as bad. According to the Environment Agency, even the previous worst case, the extensive floods of spring 1947, which were aggravated by the vast snow melt that followed an exceptionally hard winter, has been surpassed.
"We have not seen flooding of this magnitude before," said the agency yesterday. "The benchmark was 1947, and this has already exceeded it." And the 1947 floods were said to have been the worst for 200 years.
Most remarkable of all is the fact that the astonishing picture the nation is now witnessing - whole towns cut off, gigantic areas underwater, mass evacuations, infrastructure paralysed and grotesquely swollen rivers, from the Severn and the Thames downwards not even at their peaks yet - has all been caused by a single day's rainfall. A month's worth and more in an hour. It is obvious that the Government and the civil powers, from Gordon Brown down to the emergency services, are struggling to cope, not only with the sheer physical scale of the disaster itself, but with the very concept of it. It is entirely unfamiliar. It is new. Yet it is exactly what has been forecast for the past decade and more.
No one can yet attribute the flood events of the past week, or indeed, those of June, when Yorkshire suffered what Gloucestershire and Worcestershire are suffering now - again from one single day's rainfall - directly to global warming. All climates have a natural variability which includes exceptional occurrences.
But the catastrophic "extreme rainfall events" of the summer of 2007, on 24 June and 20 July, are entirely consistent with repeated predictions of what climate change will bring.
It is nearly 10 years since the scientists of the UK Climate Impacts Programme first gave their detailed forecast of what global warming had in store for Britain in the 21st century - and high up on the list was rainfall, increasing both in frequency and intensity.
This was thought most likely to happen in winter, with summers predicted to be hotter and dryer. But yesterday Peter Stott of the Met Office's Hadley Centre for Climate Prediction and Research, an author of a new scientific paper linking increases in rainfall to climate change, commented: "It is possible under climate change that there could be an increase of extreme rainfall even under general drying."
The paper by Dr Stott and other authors, reported in The Independent yesterday, detects for the first time a "human fingerprint" in rainfall increases in recent decades in the mid-latitudes of the Northern Hemisphere - that is, it finds they were partly caused by global warming, itself caused by emissions of greenhouse gases.
The public as a whole appears not to have taken the extreme rainfall predictions on board, thinking of climate change in terms of hotter weather. But the science community has been fully aware of it, and has steadily reinforced the warnings.
One of the most important came from a group of experts commissioned to look at the risks by the Chief Scientific Adviser, Sir David King, under the Government's Foresight Programme, in 2004. Their report, Future Flooding, said that unless precautions were taken, more severe floods brought about by climate change could massively increase the number of people and the amount of property at risk. Yet once again, this hardly penetrated the public consciousness.
Amidst all the news of communities being overwhelmed by water yesterday, one very significant announcement, from Gordon Brown and the Secretary of State for the Environment, Hilary Benn, was that the Government is setting up an independent inquiry to look at the flood events of June and July.
Its report will be immensely important and may prove a milestone in terms of the British public's appreciation of the reality of climate change. It will doubtless focus on the key problem in terms of flood response - there is no one minister, or other person, in overall charge - but it may also take a view of the disaster in terms of global warming, and may well come to the conclusion that we are already witnessing the future. The floods of 2007 may eventually be regarded as a wake-up call to the warming climate's rapidly approaching effects.
Nobody saw them coming. But that appears to be the way of a changing climate. In April 1989 Margaret Thatcher, then Prime Minister, gave her Cabinet a seminar on global warming at No 10 and one of the speakers was the scientist and green guru James Lovelock. A reporter asked him afterwards what would be the first signs of global warming. He replied: "Surprises." Asked to explain, he said: "The hurricane of October 1987 was a surprise, wasn't it? There'll be more."
The floods of 2007 were a surprise as well, and if Dr Lovelock is right, there'll be more of them too. Welcome to the weather of the 21st century.
The flood of 1947
The Great Flood of 1947, the previous worst inundation caused by rainfall in Britain, swamped almost all of the rivers in the South, Midlands and the North-east, submerged 700,000 acres of land and caused an estimated £4bn worth of damage (in today's money).
The deluge was predominantly caused by the rapid thaw of snow and ice that had covered much of England after a particularly long and cold winter. The weather patterns that caused the thaw also caused a number of torrential downpours, exacerbating the flooding.
The timing could not have been worse; Britain was still recovering from the war. Rationing was harsh, deprivation widespread and the economy was teetering. What made the catastrophe even more unfortunate was that it occurred before the era of flood insurance.
The flooding started across the South, from Somerset to Kent, as many rivers broke their banks. By 14 March, parts of west and north-east London had been submerged. The next day, the river Thames overflowed its banks at Caversham, near Reading, and around the Lea Valley to the east of London.
By the end of the month, an estimated 100 000 homes had been flooded, hundreds of thousands of people displaced and the year's crops largely wiped out.
'Get that Mexican guy with the big tattoo'He's not your typical Hollywood pretty boy, having spent much of his youth in prison. But now Danny Trejo is doing time in Hollywood. Damon Wise meets the reformed badass

http://film.guardian.co.uk/interview/interviewpages/0,,2131374,00.html

http://www.apple.com/trailers/independent/sherrybaby/trailer/

'Get that Mexican guy with the big tattoo'He's not your typical Hollywood pretty boy, having spent much of his youth in prison. But now Danny Trejo is doing time in Hollywood. Damon Wise meets the reformed badass

Saturday July 21, 2007
The Guardian

Not everybody's life turns out like this," grins Danny Trejo. And he's not joking. Today, he's with his mother, out shopping at the Food For Less grocery store in the San Fernando Valley, and while we're talking, two people stop him: one for an autograph, one for a picture, so she can "put it on MySpace, y'know?"

He's a movie star now, but 40 years ago it was a different story. Trejo spent much of the 1960s in jail, careering through the California state penitentiary system, checking into some of its worst hellholes - Tracy (1963-65), San Quentin (1965-68), Soledad (1968-69) - and gaining some alarming scars and other, equally memorable body adornments along the way. Like, for example, the huge ink drawing of a Mexican woman on his chest that he proudly boasts was voted "Most Recognisable Tattoo In The World by International Tattoo magazine".

By the time you read this, Trejo, 63, will have something like 142 film credits to his name. Don't worry if you haven't seen them: neither has he. "I'll be watching TV and all of a sudden I'll think, 'Hey, I'm in this!'" he roars. "A lot of times I don't even know the names of them. I just show up. From 1985, when I first started, to 1990, I did a shitload of B-movies about prisons. They would always say, 'Get that Mexican guy with the big tattoo.' I'd show up and I'd have one line, like, 'Kill 'em all!' or somethin'."
This week, 22 years after his movie debut as an extra in Andrei Konchalovsky's Runaway Train, a part he landed after fellow reformed criminal Eddie Bunker hired him as Eric Roberts' boxing trainer, Trejo finally shows his lighter side in Sherrybaby. It stars Maggie Gyllenhaal as a promiscuous ex-con and smack addict trying to come to terms with life on the outside. Trejo plays her drugs counsellor, a job he's had in real life since cleaning up in the 1970s.
The presence of Mrs Trejo on this shopping trip prevents Danny from going into detail about the kind of activities that finally put him behind bars. However, he freely cops to smoking his first spliff at eight and graduating to heroin at 12. "Let's just say my life was quite colourful!" he grins.
"Juvenile hall, youth authorities ... I was in a lot of trouble. I grew up like the characters I've been playing. But would I do things differently? I honestly believe that circumstances create destiny, almost. There weren't too many ways I could have done things. The only things that were available to me were either be a labourer or be a drug dealer. So I became an armed robber. It was a lot simpler."
It's not hard to imagine Trejo as a badass. And he admits it: he was a badass. "Everybody that knows me now that used to know me back in the day says that I was just so intense ," he muses. "But when you're carrying a .44 Magnum I guess you do become pretty intense. Was I blase about it? I guess I was, until something happened. And there was always something happening."
The turning point came during the Cinco De Mayo prison riots of 1968, when Trejo found God in solitary confinement, where the words GOD SUCKS were written in the previous inmate's excrement. "I went to the hole with three gas-chamber offences," he recalls. "Me and two fellow inmates, we were on our way to the gas chamber. The prison guard we assaulted, he wouldn't testify. Another person we attacked, they couldn't find, and the other guy that was involved didn't know who did it, so we skated, really."
Since his release in 1972, Trejo has kept his nose clean, juggling acting assignments with counselling work, but his acting life probably received its biggest boost when he turned up for work on Robert Rodriguez's Desperado (1995) and, thanks to an attentive relative, found out that they were related: second cousins, as it turns out. "Robert told me that I reminded him of the bad guys in his high school," drawls Trejo. "I said, 'I am the bad guys in your high school!'"
This relationship resulted in Machete, the fake trailer for the ill-fated Grindhouse movie that Rodriguez worked on with Quentin Tarantino. Released in the US as an ambitious two-films-in-one, Grindhouse was to be an authentic throwback to the violent, booze-stained cinemas of the 70s. Machete, though, was meant to be more than a joke; after shooting the trailer - which involved guns, knives and more than one naked, busty woman - Rodriguez was expected to shoot the film for real. So far, it hasn't happened. "Tell Robert," says Trejo.
A chipper family man with three kids, Trejo seems far removed from his hard-ass image. So does he take it seriously now? Is this his craft? "Hell, no! But I've seen guys take this stuff way too seriously. I've had to pull a couple of them aside and say, 'Listen, I will beat you to death , I don't know who you think you're talking to.' They go, 'But I'm in character!' And I say, 'Well, your character's about to get his ass beat.'"
He chuckles. "Like I said, I can't stand rude people."
* Sherrybaby is out on Friday

Monday, July 23, 2007

A game of Hyde and seek
Andrew Billen finds James Nesbitt a real charmer — but also a man with a darker side


http://entertainment.timesonline.co.uk/tol/arts_and_entertainment/tv_and_radio/article2097986.ece


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July 19, 2007

A game of Hyde and seek

Andrew Billen finds James Nesbitt a real charmer — but also a man with a darker side

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BBC One’s high-value Jekyll reboots not only the Robert Louis Stevenson classic but our notions of evil. James Nesbitt, who plays both Dr Tom Jackman and his devilish alter-ego, is explaining to me the writers’ vision. “Modern evil,” he says, “is not monsters and fangs. It is actually seductive and cool.” There’s another concept that knocks about the show: that Mr Hyde is actually Master Hyde, a big, greedy, selfish, amoral baby cursed with an adolescent’s sex drive. Nesbitt, father of two, is not so sure about that. He has yet to meet an evil toddler. “Although I’ve met difficult toddlers. I have had a difficult toddler,” he says with feeling.

Never mind, for a moment, what Nesbitt thinks. We now know the reason that he was cast: there is no actor working in Britain today more seductively cool than Nesbitt, and no one either who, at the grand old age of 42, has such access to his rampant inner toddler. The combination is said to make working with Jimmy Nesbitt a treat. He’s professional but fun, an actor who enjoys his work and can charm the hardest-bitten film crew and then spend the evening getting slaughtered.

We met ages ago for dinner in a flash restaurant in Dublin, where he is filming the next block of his undercover cop drama Murphy’s Law. He arrives looking weather-beaten and moustachioed, much more Tommy Murphy than Cold Feet’s twinkly Adam (the role that made him famous) or the charming eejit from the Yellow Pages ads (which made him rich but cost him some credibility).

He is enthusiastic about Jekyllbut passionate about Murphy’s Law, mainly because after the first two series Murphy’s personality was rethought and became harder. Nesbitt had to play against type. “Six years ago I would not have had the balls to play that, nor would I have been cast as that.” He sees the revamping of Murphy as a career turning point to match Bloody Sunday in 2002, in which Paul Greengrass cast him as the Catholic-sympathising Protestant civil rights leader, Ivan Cooper. He says he sometimes thinks of himself as “BBS” and “PBS” – “You know, Before Bloody Sunday and Post Bloody Sunday”.

There is, then, a side to Nesbitt that takes itself very seriously. When A. A. Gill in The Sunday Times accused him of being one of television’s laziest actors, he was furious and stared him down at a restaurant. He is serious, too, about his native Northern Ireland, talking up the Province’s “huge” potential. In the spring, as a Unicef ambassador, he visited Sudan and its child soldiers, some as young as his nine-year-old daughter. He is serious about his family too, his wife Sonia Forbes-Adams, and their girls, Peggy and five-year-old Mary, who live in South London.

But for the grown-up stuff, there is another side to him that turns the 42-year-old into a teenage Hyde. I wonder if the drink will bring it out to play, for we certainly seem set to drink enough of it. Inspired by wine drawn from the giddier heights of the restaurant’s list (he decided while making Jekyll that he would henceforth drink only decent wine), his anecdotes get so indiscreet that some have to be retracted the next day.

His judgments on fellow performers get meaner and his sentimental streak ever wider. No Hyde appears, but he does become confessional and one of the things he seems anxious to confess to is his drinking, which seems inextricably bound up with the headlines he earned a few years back – “the type of headlines that tend to involve words like ‘sex’ and ‘romp’ and ‘rat’ ”.

One does not wish to dwell, but the stories featured a prostitute who claimed she had spent the night with him while he was filming Murphy’s Law, a legal secretary who grumbled that a two-month affair had ended without so much as a goodbye, his Cold Feet co-star Kimberley Joseph (although she has never spoken to confirm it) and, from some years earlier, a dalliance with a former Miss Ireland. It would be naive to think that alcohol explained each of his four alleged indiscretions, but I’d take a punt and say they all involved it.

“Did I have a nadir? I think I was just a bit like, ‘Well f***! I’ve been caught.’ That’s actually what you think. The reality is that someone sold a story about me. That’s the reality. But with that nadir, maybe came a fallout. Maybe why I got into that situation was because I was unhappy for a while and while I was unhappy, I was drinking as a different person. And now I’m choosing fine wine.” Why he was unhappy, he is not sure (or won’t say). “But I am pleased to say – and your readership may not even be interested in this – that I’m happy now. It’s nice to be able to say I feel very happy.”

After some dark times? “Well, we have all been through dark times, mine have just been darker sometimes. But the work. In all the years I haven’t lost sight of the work.”

It is true that his professionalism on set has never been questioned. Nevertheless, it is interesting to note the company he keeps – Steve Coogan and John Thompson, for example – and the heroes he admits to: George Best, Alex Higgins, Richard Burton, Richard Harris. It is as if being a highly successful actor was never going to be enough: he wanted to be a hell-raising actor.

“I was attracted by the Burton and O’Toole legend. I thought they had a bit of b****cks, you know. There is something sanitised about that world now. I don’t do it on set but I like the idea of having a bit of a lash. Thank God I’m able to be incredibly disciplined. I’ve always loved a party and I like drinking but I’m also able not to drink. I keep well and healthy and fit and also I’ve got a wife and two kids.”

He met Sonia 18 years ago when they were both starting in the profession. He was Guildenstern and she was understudying Ophelia. Many at the time thought she had the brighter future as an actor.

“All I will say about her is that anything that happened, or anything I did was nothing to do with whether or not my wife and I were strong.

That wasn’t how I was thinking at the time I was doing whatever I did. I could have been the happiest man in the world!” To close the topic, he excuses himself to go out for a cigarette. “Gorgeous wine,” he says. But when he returns, after a few more gorgeous glasses, so does the subject.

He concedes the press attention may have helped him to face up to his betrayals. He makes no complaints; it is just that he hates the idea of his daughter, Peggy, growing up and reading about it all: “Although I hope by then she will be up to all sort of s**t herself.” I ask whether, when he left the Central School of Speech and Drama, if he could have ticked a box marked “No publicity” would he have? No, he says, fame is recognition for good work. Infamy is different. “I would have ticked the box marked ‘no idiocy’.”

Did he ever think this would cost him his marriage? “No, that was the one thing I was certain of. That she made very clear. I’ve never known strength until I saw the way my wife reacted to everything that happened. And her strength is love. When I was thinking, ‘Well this is definitely the end’, she was thinking ‘Oh no, I think maybe I love him’. She probably thought I was a w**ker but I don’t think she thought – in the same way that I never thought – that it was a reflection of my love for her. It wasn’t.”

Britain no longer has a shame culture. Northern Ireland is different, and when Nesbitt talks about “infamy” it is to his home town of Coleraine in Co. Antrim, where his three sisters still teach, that his mind returns. “Can you imagine all of that for my sisters? Going to work on Monday after they read on the front page of the Sunday Mirror what they said about me? Can you imagine it in this little town? Imagine what it’s like for my nephew, looking at all the newspapers with his uncle, his adored uncle.”

For years he kept his drinking hidden from his abstemious Protestant family. His father was headmaster of the small school that James attended, a role that muddled their relationship. When the stories broke, he feared how he would react but Nesbitt Sr turned out to live by the biblical text he had so often read to his school, Corinthians 13, on charity. “We got through it, my dad and I, and we are more honest with each other now. We always got on well but it was great to know, you know, that this teacher believed the principle he preached.” We are both getting a little teary now. He says a little later that whatever he did, he did it for love, and I rather wish he hadn’t.

And his mother? “Until my daughters were born she was the woman I was most in love with. As much as I can talk about Paul Greengrass and acting and Ireland, what I’ve really known in my life is that I’ve loved my mother and I’ve driven her mad. And I know I love my daughters and they drive me mad. Those are the two big things really.”

His parents assumed that he would become a teacher like the rest of the family. Then a teacher suggested that he audition for the Riverside Theatre at the University of Ulster. At 13 he was the Artful Dodger in Oliver! I ask what attracted him to the stage and his answer spectacularly quashes my hunch that it was to escape his dour Ulster upbringing. What attracted him was not the glamour but the lying. “I remember being at Butlins, probably when I was 6. It’s one of my earliest memories. I must have been practising walking with a limp and I remember this woman saying to me, ‘Have you hurt your leg?’ and me going, ‘Yes’. And then I had to carry it off for the rest of the holiday every time I saw her. I’d forgotten that but I can be honest about it.”

So the Nesbitts’ fourth child – their only son – left for London to turn lying into a career. Within days of leaving drama school he won a part in a BBC film called Virtuoso starring Alfred Molina and Alison Steadman. It was two days’ work but he made an impact – just not the sort of impact he intended. The first day he bounced up to Molina and asked, pretty meaninglessly, “what’s the secret”? “Actually,” replied the actor, “I am not going to tell.”

On the second day Steadman asked if he had a twin brother. When he said no, she said: “Good.” “It was like, crunch! And with three older sisters I was used to put-downs from women.” His robust ego reflated after the modest success of his first film Hear My Song, in 1991. Puzzlingly at the time, he spent the next six months out of work. “I think that I probably gave off something in interviews,” he says now, and not just in interviews, as Sonia briefly left him.

Keeping his ego in check, one gathers, has been something he has had to learn. Today he is modest enough to know he has been “absurdly” lucky, but canny enough to know he is good enough to be able to fight his corner when need be. Towards the end of Cold Feet, the ITV executive Andy Harries had to fly out to Australia, where they were filming, to beg him to not to quit. He agreed, but he still thinks that the penultimate season was “rubbish”. He seems to like it that I agree.

Recently, we talk again on the phone, just to catch up. Again he is charming. Again he is indiscreet, blaming the falling away of some of Jekyll’s audience on its scheduling. It was never, he thought, a Saturday night show – but stay with it, it gets better and better.

There are noises off. “I’m sorry,” he says, “I am with the kids and Peggy is driving me mad.” A picture of blissful domestic disharmony forms in my mind, only for it to be disturbed a few days later by reports that Nesbitt partied outrageously at the launch do for Jekyll. He may be drinking better-quality wine these days, but perhaps it is unnecessary to reboot our ideas of Jimmy Nesbitt. Let’s be honest, it’d be a little sad if we had to.

— Jekyll is on this Saturday on BBC One at 9pm. The DVD is out on July 30 at £29.99




Sunday, July 22, 2007

http://enlacezapatista.ezln.org.mx/comision-sexta/779/

Jul 20, 2007

Palabras del Comandante Tacho

Compañeros y compañeras. Todas y todos, los que hoy nos encontramos en este lugar. Para platicarnos la importancia que es para nuestros pueblos y comunidades indígenas y campesinas de México y otros países del mundo.

A nombre de nuestros compañeros y compañeras bases de apoyo, hombres y mujeres, ancianos, niños y jóvenes, de las tropas insurgentes e insurgentas, de las fuerzas mexicanas de milicias, de los compañeros y compañeras mandos militares y de los y las compañeros y compañeras de la
dirección política del EZLN, regionales y del Comité Clandestino Revolucionario Indígena y de la comisión sexta comandancia general del EZLN. Nos permitimos hacer uso de la palabra y con el permiso de ustedes compañeras y compañeros representantes de organizaciones campesinas, indígenas de Brasil, del MST, del movimiento campesino de Corea, del movimiento campesino de Madagascar, movimiento campesino de Estados Unidos, de vía campesina en Europa, Asia, África y de América.

Queremos decirles que es un honor tenerlos aquí.
Para sabernos y decirnos como luchamos, como resistimos desde donde nos encontramos, queremos decirles que son bienvenidos hermanas y hermanos. Todos y todas los que aquí nos encontramos.
Con permiso compañeros.

El tema que me toca platicarles es sobre la tierra y el territorio.
Para nosotros los indígenas Zapatistas, la lucha por la tierra y el territorio es y a sido muy importante, porque es la base principal de nuestros pueblos, donde vivimos desde hace 515 años.
La lucha por la tierra y el territorio, es indispensable y por eso desde el levantamiento armado de 1910, encabezó el general Emiliano Zapata, jefe libertador de sur, se dio la lucha a raíz de la defensa de la madre tierra y el territorio. Desde entonces hemos venido caminando esta lucha por nuestra tierra, por eso nunca nos descansaremos de luchar por la madre tierra, porque la tierra es de quien la trabaja.

Los pueblos indígenas y campesinos, tenemos históricamente nuestras raíces en estos territorios, nos relacionamos con ella, a través de la madre tierra. Ahí producimos nuestros alimentos para vivir, ahí nacemos, ahí nos desarrollamos, en ella nos multiplicamos y convivimos, con las montañas, con los ríos, con el aíre, con la vida de la misma naturaleza, los mares los manantiales, así como también en ella viven todos los seres vivos con derecho a la vida, así como los recursos del subsuelo.

Nosotros los indígenas, campesinos, lo cuidamos y la amamos nuestra madre tierra y lo hemos demostrado por siglos.
Nunca en la historia de la humanidad, los pueblos indígenas, campesinos hemos hecho ningún daño grave a la madre tierra, nunca.

La tierra la trabajamos para alimentarnos, pero la cuidamos.
Nosotros los indígenas y campesinos, nunca hemos explotado miles o millones de metros cúbicos para venderlos como si fueran mercancías a cambio de dinero.

En cambio los capitalistas de México y otros países, se lo están acabando, más lo van a acabar, pobre van a dejar nuestra madre tierra si los dejamos.

La acabaran lo que cuidamos hace siglos, la acabaran todo los valores milenarias y lo sabemos que dependemos en ella, es nuestra vida, sin ella no podremos vivir.
Por eso nosotros los y las zapatistas decimos que la tierra es de nosotros, nos pertenece, por siglos, ahí nacieron nuestros tatarabuelos y ahí murieron, ahí están sus huesos su historia y la memoria.

Por esto los pueblos indígenas Zapatistas, estamos agradecidos de los compañeros y compañeras que formaron nuestra querida organización en la cual pertenecemos todos los pueblos y comunidades Zapatistas.

Tenemos más ganas de trabajar, de organizarse y de luchar, ya están más compañeros del campo y de la ciudad en la OTRA CAMPAÑA y de la SEXTA INTERNACIONAL del mundo.
Queremos decirles que gracias al movimiento que estamos haciendo hemos descubierto, que en todas partes de México y en el mundo, tenemos los mismos sufrimientos y los padecimientos de despojo, por causa del capitalismo y del neoliberalismo, quieren someternos a su dominio y ser sus esclavos en nuestro propio suelos y bajo el mismo cielo.

Por eso nos debemos preguntarnos ¿los vamos a dejar que hagan y lleven libremente sus planes de exterminio en contra de nuestros pueblos?, y si lo dejamos ¿a donde iremos a parar? Y ¿Cómo será la vida allá donde nos irán a llevar?

Nosotros pensamos que esta respuesta nadie nos la va dar, la respuesta vendrá de nosotros mismos.
Estos bandidos, malvados y bárbaros llevarán adelante su plan de exterminio, contra nuestros pueblos originarios de esta tierra y territorio.
Sí contestamos bien las preguntas, entonces es tiempo de saber que hacer desde ahora.

Hoy más que nunca se tiene que hacer en la práctica y todos y todas digamos ¡YA BASTA! Por tanta maldad que han hecho en contra de nuestros pueblos, en México y en mundo.
Juntos tenemos que luchar, unidos en una sola palabra.
Porque nosotros así nos obligaron los zapatistas a enfrentar como el único camino levantándonos en armas una madrugada de 1 de Enero de 1994, contra esos malos gobiernos y los terratenientes y el ejercito federal y sus diferentes corporaciones policíacas.
Las condiciones antes del 94, los indígenas zapatistas estaban sin derecho de libertad, sin derecho a la democracia y ni de la justicia. Durante estos 5 siglos pasados, sufrimos todas las injusticias, por los grandes terratenientes.

Aparte de estas injusticias, nos mantenían divididos, sin derecho de reunirnos para organizarnos, como objetivo era tenernos dispersos, pero controlados, pero no en una comunidad, sino de manera acapillada, desde la finca del patrón, nos mantenía, sin ningún derecho de desarrollar trabajos, para nuestras familias. Entonces para tenernos callados los indígenas les daban trabajos duros, de 6 de la mañana a las 6 de la tarde, con un miserable salario de 2 pesos.

De esta manera con trabajos forzosos los indígenas estaban en total sometimiento bajo las ordenes de los patrones, para sus grandes ganancias y desarrollos materiales, porque los potreros, los pastizales, los alambrados, los corrales de manejo, las milpas de los patrones, la casa de los patrones, el mantenimiento de sus casas y de sus animales, perros, gallinas, caballos y marranos.
Todos estos trabajos lo hicimos los indígenas de manera humillante, de esta manera los grandes terratenientes fueron logrando su objetivo de adueñarse de grandes extensiones de tierra, adueñándose de las riquezas naturales, como el agua, las maderas finas y comunes, río, manantiales y lagunas. Con esto prácticamente controlaron un territorio, a costa de nosotros los indígenas que ahí vivíamos acasillados en las fincas, esto hasta hace poco, dejaron de ser acasillados y sus condiciones de vida, fueron de extrema pobreza. No había condiciones de salud y nos moríamos por enfermedades curables, no había educación, la mayoría de los pueblos, no supieron escribir ni leer.
No había carreteras para ir a una ciudad, de ida y vuelta llevaba 9 días, si era por medicina, a veces ya no se encontraba vivo el enfermo.

Mientras que los finqueros estaban talando, miles y miles de metros de cúbicos de madera, desde el señor Belisario Domínguez, gobernaban y mandaban de grandes extensiones de tierras y luego paso en manos del señor Matías Castellanos y esto pasó de padres a hijos, con esta explotación de miles de árboles, el cual nosotros conocimos, se darán cuenta, cuando vayan rumbo al caracol de La realidad, pasando por Las Margaritas, antes del ejido Chiapas, asta llegar a ejido Nuevo Momon, toda esa cañada, fue explotada, por tercera ocasión, entre Absalon Castellano Domínguez y Ernesto Castellanos, asta finales de 1987.
Estos eran sus formas, como la de El Medellín, de esta misma cañada, estas tierras fueron vendidas, por grandes cantidades de dinero. Apoyados de los malos gobiernos, a traves de los bancos.
Más allá cerca de La Realidad, hicieron lo misma en la finca La Petema propiedad del señor José Villatoro y luego pasó, en manos del señor Antonio Villatoro, después fue vendida, al señor Efrén, proveniente del norte del país.

Todo esto hicieron en estas tierras, eran grandes extensiones de tierras que tenían estos terratenientes, como la finca Las Delicias y la finca de El Rosario, finca san José, finca nuevo México, finca El Edén, finca La Victoria, finca El Recreo, finca Campo Grande, finca San Lorenzo, finca San Antonio, finca Santa Rita, finca Santa Isabel.

Todos estas fincas eran de 3 mil hectáreas para arriba cada una, solo por mencionar de las grandes extensiones que estos señores poseían, por ejemplo la finca San Quintín de los señores Bulmes actualmente lo ocupan 10 comunidades indígenas, esto para que imaginan las extensiones que poseían.

Por eso de esta manera acabaron talando los miles y millones de árboles y de metros cúbicos de madera que sin duda alguna llegó en manos de grandes compañías nacionales y extranjeras.
Estos señores disfrazados dueños de las tierras fértiles y de los recursos naturales nos despojaron de manera engañosa, usando sus mañas para legalizar los despojos que nos hicieron en complicidad con las instituciones y los malos gobernantes.
En esta misma época, al mismo tiempo, también llego la gran compañía que se conoce como los monteros, esta compañía se dedicó a la tala de madera preciosas, como son el cedro y la caoba. Así explotaron la riqueza de nuestro territorio.
Los explotadores que llegaron en estas tierras son extranjeros y porque son herederos e hijos de conquistadores como fue Cristóbal Colón y Hernán Cortés.

También llegó otra compañía chiclera explotando y destruyendo nuestra ecología, dedicándose de extraer resina de un árbol conocido como el chicle, como toda una vez a acumulado enviaban al dueño de la compañía. Usaban a los indígenas y campesinos para este trabajo sin importar los riesgos que esto implicaba exponiéndolos a padecer enfermedades y fracturas.
En aquel entonces se conoce poco, como por ejemplo el piquete de la mosca chiclera que era como una enfermedad incurable.
Todo estos señores que hicimos mención de sus actos de destrucción a los recursos naturales, son para nosotros ladrones ambicionados, saqueadores, explotadores de las fuerzas de trabajo, la discriminación, el desalojo, el despojo.

El delito de estos señores, es muy grave ante los pueblos indígenas de México y se puede decir que son criminales en contra de nuestra madre tierra.
Nunca estas tierras fueron entregadas en manos de los indígenas y campesinos. En esos tiempos se dieron muchas luchas pacificas para gestionar las tierras y como respuestas fueron: el asesinato, el encarcelamiento, desalojo, las desapariciones y las amenazas.
En vista del olvido de estos malos gobiernos, todas las organizaciones campesinas fueron dispersas, cada organización buscaba lo que entonces planteaban y como siempre andábamos dispersos.

Debemos reconocer que el único que se dolió de las tantas injusticias fue la diócesis de san Cristóbal de las Casas Chiapas, entonces encabezada por el obispo monseñor Samuel Ruiz García y sacerdotes, madres y hermanos y hermanas que trabajan en la iglesia como civiles le decimos nosotros, pero el dolor no se curaba y se hacía más grande.

De todo esto algo pasó.
Gracias es todo.
Le doy la palabra al compañero Teniente Coronel Insurgente Moisés

Palabras del Teniente Coronel Insurgente Moisés

La tierra donde están ahora los compañeros es, propiedad de ellos y ellas, la recuperamos. Descubrimos que para ir destruyendo a los capitalistas, es hacernos dueños de donde trabajamos, porque así funciona el capitalismo. Trabajas en fincas, en fábricas y la ganancia no es para el pueblo trabajador. En nuestra práctica la estamos descubriendo más el modo de cómo atacar el sistema capitalista.

Como ustedes la verán en estos días de este segundo encuentro de los pueblos Zapatistas con los pueblos del mundo. Tendrán mucho que contarles las experiencias de los compañeros y compañeras, porque ahora están en sus manos su medio de producción, LA TIERRA. Es la base fundamental de la vida de ellos y ellas, también se entiende que el capitalismo es la base de ellos para explotar, en los medios de producción.

Ahora los compañeros y compañeras de los pueblos Zapatistas, que ya son dueños el medio de producción donde trabajan, que es la tierra, ya tienen construido otras cosas para el del propio pueblo, como son: escuelas autónomas Zapatistas, clínicas Zapatistas, bodegas de compras y ventas de la producción.

Los compañeros y compañeras de los pueblos Zapatistas, cuando tomaron de sus manos ese medio de producción o sea la tierra, empezaron a trabajarla de manera comunal, local, regional, municipal, o sea en colectivos, sociedades, cooperativas.

Esto se ha logrado, gracias a la recuperación, la toma de las tierras, sin eso, no estaríamos como estamos ahora. Esta clara para nosotros las y los Zapatistas, que a la hora que pasó a sernos dueños de esas tierras, como nuestro medio de producción, fue y es la base principal, para atacar el capitalismo, aunque nos hace muchas cosas por falte de hacer. Pero nuestro caminar ya sabemos por donde ir.

Cuando se vayan al caracol de La Realidad, les va contar los y las compañeras y compañeros de: Comercio. ¿ por qué se pensó esto? Porque el capitalismo nos compran barato y nos vende muy caro y están los coyotes. Dijimos que vamos organizar unas bodegas para que nos compremos a un buen precio he igual nos vendemos, para todos Zapatistas y no Zapatistas.

También nos dimos cuenta, que con lo que vendemos no nos alcanza, para comprar la medicina que esta tan cara, pues pensamos formar clínicas municipales y capacitación de promotores de salud. Nos dimos cuenta también que nuestros antepasados, ellos y ellas no usaros pastillas, capsulas, ampolletas y pudieron sobre vivir, entonces empezamos a rescatar la sabiduría de nuestros viejitos y viejitas, de las plantas medicinales, parteras y parteros y de hueseras y hueseros. Y ahora ya se dieron cuenta que con las plantas medicinales, no combate las enfermedades mas graves ya piensan mas en como fortalecer las clínicas y el hospital que tienen aya, con más promotores y promotoras de salud.

Otro problema, se dieron cuenta que para recibir capacitación se necesita saber leer y escribir. Pues entonces a formar promotores de educación y al mismo tiempo capacitadores. Antes había escuelas pero no enseñan para el bien y no funcionaban, ahora si funcionan.

Y otras cosas más que les contaran los propios compañeros y compañeras, cuando vayan en nuestros caracoles.

Todo esto no había nada de antes, pero cuando nos dimos cuenta que ahora somos dueños de las tierra que antes eran de los ricos y del mal gobierno, así lo pensamos que también nos podemos hacernos dueños de las otras cosas que nos esta faltando y así como empezamos a trabajarla que ahora los estoy platicando, parece que es fácil, pero como cuesta trabajarla y organizarla, pero si se puede, ahí esta el ejemplo que no había antes y como ahora ahí esta y en los hecho y con la practica.

Así que adelante compañeros y compañeras, ya ustedes saben un poco más de leer y escribir y saben hablar la castilla para entender nuestra situación en que nos tienen el sistema capitalista.

Todo esto ahora, todo lo que hagamos bien ó mal, ya somos nosotros los que los decidimos, ya no los patrones, ya los mandamos a la fregada, este es el cambio que tenemos y este es a su vez, que le da fuerza sus gobiernos autónomos de los compañeros y compañeras, si no hubiéramos tomado de la mano ese medio de producción que es la tierra, no funcionaría los municipios autónomos, quedaría solo en palabras.

Este es el cambio que queremos en este país que es México. Así la vemos, que para afectar al capitalismo, hay que tomar de nuestras manos los medios de producción, pasar de la mano de quien la trabaja y que ellos, ellas, las trabajadoras y trabajadores, decidan como trabajarla y que la ganancia sea del pueblo trabajador.

Todo esto nos dimos cuenta a la hora que las quitamos las tierras de los mal llamados patrones, los terratenientes o latifundistas. Los corrimos, con nuestra lucha del 1 de Enero del 94, la historia que ya ustedes ya conocen.

Creemos y que está claro, que para ser anticapitalista, es quitar los medios de producción, tierras y fabricas y pasar de las manos del pueblo trabajador, que sea propiedad del pueblo trabajador, acabar los explotadores, los patrones, el capitalista.

Con la lucha y la practica, en el trabajo del campo, de los compañeros y compañeras de los pueblos Zapatistas esta a la vista de cómo debe ser anticapitalistas. Tomar, quitar, recuperar los medios de producción y a organizarse para las decisiones y a gobernarse con ella, sino hacemos esto reinara el neoliberalismo en México y en el mundo.

Pensamos y creemos, que uniéndonos con los trabajadores del campo y la ciudad y organizándonos bajo una idea, de que el pueblo es quien manda y tomar de la mano todos los medios de producción esa es la salida que nos queda, ante este capitalismo salvaje que hoy reina.

Esta es una de las características de nuestra organización del EZLN y una de las cosas más importantes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, que es la guía nuestro paso en La Otra Campaña y en la Zezta Internacional: el anticapitalismo.

Doy la palabra al SuP M

Intervención del SCI Marcos

Preguntas y respuestas como caminos.
(Frente a una lata).

El Sup recibe del Teniente Coronel Insurgente Moisés una lata de conocido refresco de cola, con la marca borrada. El Sup coloca la lata frente suyo y explica:

“Ésta es una lata de conocido refresco de cola a la que se le ha borrado lo que la identifique publicitariamente. A principios de este año, en el Primer Encuentro de los Pueblos Zapatistas con los Pueblos del Mundo, en Oventik, Chiapas, uno de los asistentes intervino y puso sobre la mesa, con gesto teatral, una serie de envases de dicha marca e increpó a los zapatistas el que esos productos se vendieran en los caracoles, diciendo que eso era ser inconsecuentes. Los que venían de fuera lo aplaudieron a rabiar. Los compañeros guardaron silencio, después de todo, habían invitado a la gente a hablar, así fuera para decir tarugadas. Quienes aplaudieron, no le preguntaron al espontáneo juez, jurado y verdugo qué marca de calzado y ropa estaba usando, ni dónde o como había conseguido el moderno y caro vehículo de su propiedad en el que llegó para enjuiciar y condenar, envases mediante, el proceso de lucha zapatista. Le aplaudieron y él tuvo sus segundos de gloria, que alargó luego en las sobremesas coletas de sus cuates y clientes.

El silencio de nuestras jefas y jefes fue un gesto de cortesía, no significó ni significa estar de acuerdo con lo que dijo esa persona. Ahora yo voy a decir, en palabras, lo que dijo el silencio de mis compañeras y compañeros dirigentes, autoridades autónomas y coordinadores de los distintos esfuerzos que se levantan en territorio zapatista.

Frente a esta lata de refresco se pueden tomar varias posiciones. Una es la que sostiene el juez que nos visitó en aquella ocasión y que tanto entusiasmo y adhesiones despierta en una franja de la sociedad y de quienes se acercan a las comunidades. Es la posición del consumo anticapitalista. Consiste en atacar al capitalismo en el consumo, es decir, en no consumir determinados productos. Una posición valedera, respetable y, sobre todo, saludable.

Hay otra forma de anticapitalismo, que ataca en la esfera de la circulación. Es decir, no se adquieren los productos en los grandes consorcios comerciales, sino que se promueve y alienta el pequeño y mediano comercio, el comercio ambulante, las cooperativas y colectivos. Una posición también valedera, consecuente, respetable y que, además, no sólo ataca al gran capital, sino que beneficia a un sector de los desfavorecidos.

Por su parte, la zapatista o el zapatista toma esta lata de refresco y le empieza a hacer preguntas. Yo sé que de por sí los zapatistas tenemos fama de esquizofrénicos. Por ejemplo, aunque hablemos individualmente, no usamos el “yo, mi, me, conmigo”, sino que usamos la primera persona del plural: “nosotros”. Pero aquí no se trata de haber llegado al extremo de pretender sostener un diálogo con una lata de refresco, sino de algo más sencillo. Se trata de preguntarle a la lata quién la produjo y quién la transportó.

Puesto que la lata guarda un empecinado silencio, el zapatista se responde a sí mismo (otro signo de esquizofrenia, dirán algun@s).

La lata, se responde la zapatista, la produjo un obrero o una obrera, en una planta que es propiedad de un patrón, y la transportó un empleado, un “choferólogo” dirían los compas de la Realidad recordando la anécdota que contó el Teniente Coronel Insurgente Moisés en aquella ocasión, en un camión que es propiedad del mismo patrón. Y entonces esa obrera, ese obrero o empleado, recibe un salario pero no es todo lo que se gana con la lata de refresco. A la hora de producir esa lata, el obrero o la obrera son explotados por un patrón, que se roba su trabajo y sólo les da una pequeña parte para que traten de sobrevivir.

¿Qué pasaría, pregunta el zapatista, si no hubiera patrón, si la planta refresquera y el camión repartidor fueran propiedad de los trabajadores y trabajadoras, así como los zapatistas somos dueños de la tierra que trabajamos? La zapatista se responde: “los trabajadores no sólo tendrían más paga y vivirían mejor, también se harían dueños de su destino y empezarían a pasar muchas cosas en ellos, la problema sería muy grande pero sería otra problema, una más mejor, más democrática, más libre, más justa”.

El zapatista y la zapatista toman entonces una decisión, y ésta consiste en tratar de unirse con esa obrera, con ese empleado, para organizarse y, juntos, luchar por quitarles a los patrones la propiedad de los medios de producción, sea de producción de refrescos o de luz o de autos o de ropa o de zapatos o de todo.

Para hacer esto, los zapatistas sacan su pensamiento en la Sexta Declaración del Selva Lacandona y dicen claro: la problema del capitalismo es que unos pocos son dueños de todo y unos muchos son dueños de nada, y eso debe cambiar, ponerse de cabeza, subvertirse, “vueltearse”.

O sea que los zapatistas deciden ser anticapitalistas atacando la propiedad de los medios de producción. Esa persona que juzgó y condenó, quienes le aplaudieron y algunas y algunos de quienes nos miran, escuchan y leen, piensan que nuestro anticapitalismo no es consecuente, que el suyo es mejor y más visible, más inmediato y, sobre todo, más presumible a la hora de hablar de ser consecuentes.

Nosotros sólo decimos el nuestro es un anticapitalismo más modesto: es el que apunta al corazón mismo del sistema. Podrán cambiarse los hábitos de consumo de una sociedad, o las formas y medios para circular las mercancías, pero si no cambia la propiedad de los medios para producir, si no desaparece la explotación del trabajo, el capitalismo seguirá vivo y actuante.

Pero aún así no basta.

Hace algunos años, antes de las leyes revolucionarias y el inicio de nuestra guerra, en las comunidades más alejadas en la Selva Lacandona, era practicado un método para producir bebidas alcohólicas. Con caña o maíz o plátano fermentados se puede producir trago (o “posh”, como le llaman de broma los compañeros y compañeras). Así, sin explotar fuerza de trabajo (lo hacían de su milpa o de su platanal o de su sembradío de caña), sin consumir productos de trasnacionales ni engordar las cuentas bancarias de los propietarios de las grandes tiendas, los indígenas se emborrachaban, las mujeres eran golpeadas y violadas, los niños maltratados. Era un alcoholismo anticapitalista por donde se le viera, pero era y es un crimen.

Desde antes del alzamiento y sobre todo a partir de él, las compañeras zapatistas redujeron mucho el alcoholismo, fuera capitalista o anticapitalista, en las zonas rebeldes con su fuerza organizada, y con la concientización continua y permanente en nuestros pueblos.

Aunque la base material del capitalismo es la propiedad privada de los medios de producción, circulación y consumo, tiene ya una lógica que invade todos los rincones de la sociedad y debe ser combatido en todos los lugares.

Así como muchas cosas han cambiado o empezado a cambiar en tierras zapatistas, y otras tantas faltan de transformarse, así será la sociedad que construimos. Todos los esfuerzos actuales de anticapitalismo son respetables y tienen su importancia, así como lo son y tienen todas las luchas, grandes o pequeñas, que se hacen y harán para hacer del nuestro un país donde ya no sea un dolor o una vergüenza ser indígena, niño o niña, mujer o joven, anciano o anciana, diferente en la sexualidad, o ser cualquiera de todas las diferencias que hay y habrá en la humanidad.

Así que expliquen, eduquen, formen, aconsejen sobre lo que es bueno y malo para la salud en la alimentación. Pero no juzguen y condenen a quienes han decidido arriesgar la vida, y todo lo que han levantado sobre la sangre de nuestros muertos, para destruir un sistema que a ustedes y a nosotros, enlatados o sin lata, nos despoja, nos explota, nos reprime y nos desprecia.

¡LIBERTAD Y JUSTICIA PARA ATENCO!
¡LIBERTAD Y JUSTICIA PARA OAXACA!

Muchas gracias.
SupMarcos.

P.D. QUE CUENTA UN CUENTO ANTI-GÉNERO.-

Y hablando de latas, andan por aquí, dando la ídem, unos niños y niñas. Bueno, también hay otras y otros ya de edad que se portan como niñas y niños, pero aquí me refiero a los de pocos años. El número de niñas y niños que hay por acá es indefinido y depende de cuál es el referente para contarlos. Si los vemos, son pocos. Si los escuchamos, son demasiados. Pero, bueno, para ellas y ellos, para el pequeño Gabriel y la Katy, y para las niñas y niños que están lejos en la geografía pero cerca en el sentimiento, como la niña más pequeña que los zapatistas, las zapatistas tenemos, o sea mamá Corral que está hasta allá en Ciudad Juárez, voy a contar un cuento que no es tan bueno como el de los dólares del chino pro-panista, pero tal vez les gusta un poco. Se llama:

ELÍAS CONTRERAS, COMISIÓN DE INVESTIGACIÓN DEL EZLN, LE CUENTA A LA MAGDALENA SU MUY PARTICULAR Y PECULIAR VERSIÓN SOBRE “LOS VIGILANTES”.

Parece que para Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, la cuestión de género era muy diferente. Que esto había sido, sobre todo, trabajo educativo de La Magdalena era algo que estaba fuera de discusión. La Magdalena era un transexual, es decir que no era hombre pero tampoco era mujer.

Elías lo definiría mejor así: cuando en ese equipo especial llamado “Nadie” le preguntaron si La Magdalena era compañero o compañera, Elías Contreras respondió “Es compañeroa, que sea, es un compañero que se va a hacer compañera”.

Pero, bueno, eso será asunto de otra plática, creo. En ésta les voy a contar lo que, a su vez, le contó Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, a La Magdalena en un lluvioso mes de julio anterior a éste que nos encuentra.

La tarde era una pesada cobija de agua y lodo que arropó a Elías y a La Magdalena a mitad de camino, cuando regresaban de la milpa colectiva. Elías sacó, a saber de dónde, un pedazo de nylon con el que, caballeroso, trató de proteger a La Magdalena. Un viento travieso se llevó el plástico y las amables intenciones de Elías, así que se empaparon. Se sentaron, resignados, al pie de la gran Ceiba que está a un lado del camino. Fue La Magdalena la que, cuando amainó un poco la lluvia, empezó la platicadera con una pregunta:

- ¿Por qué llueve tanto aquí? -.

Elías Contreras, en lugar de responder con su acostumbrado “Así es de por sí” o “A saber” o “Mmh”, se sintió obligado, puesto que era algo así como el anfitrión de La Magdalena, a contar una historia que, ésa sí como era su costumbre, empezó a tejer al mismo tiempo que la narraba.

- Es que están echando fiesta Ellos. Y ansí pasa cuando Ellos hacen una su fiesta -.

No es que Elías haya pronunciado las mayúsculas en la palabra “Ellos”, pero La Magdalena notó que esos “Ellos” no eran cualquier “ellos”, sino algo especial, así que preguntó:

- ¿Quiénes son Ellos? -.

Elías dijo:

- Pues Ellos, Los Vigilantes. En algunas partes les dicen “Totilme´iletic”, en otras los llaman “Tzultacah” -.

Y Elías Contreras, Comisión de Investigación, siguió con una historia que vestiría, desde entonces, de otra forma la diferencia de La Magdalena.

- Que sea que son hombre y mujer al mismo tiempo y al mismo tiempo son cerro y planada. Que sea que revuelto, al mismo tiempo dos pero no son dos, sino que es uno, o una, según.

Bueno, pero los zapatistas les decimos “Los Vigilantes” porque son como quien dice los cuidadores, o cuidadoras, según, de todo. Viven en las montañas, cerca de onde nace el agua. En veces dentro de cuevas, en veces cerca de manantiales, onde quiera que hay agua buena, limpia, nueva, ahí cerca viven “Los Vigilantes”. Ellas, o ellos, según, son como quien dicen los dueños, o dueñas, según, del trueno y del rayo. Y cuando dicen su palabra es como un trueno chiquito, que no llega muy lejos pero siempre un tanto sí. Ah, pero cuando echan fiesta, empiezan con su cantadera y su bailadera y entonces se salpica agua pa todos lados y por eso llueve ansí -.

Sin esperar la pregunta que, seguramente, haría La Magdalena, Elías se adelanta:

- Su trabajo de “Los Vigilantes” es que están pendientes de nosotros, los indígenas, y del mundo, y están también pendientes según quien tiene bueno su pensamiento y su camino, o quien piensa mal y tiene delito. Allá, en una montaña que no se mira desde acá, tienen un corral ansí de grande que no se puede medir. Y ahí en el corral tienen guardados todos los animales de la selva que son los naguales de cada uno, o una, según, de los hombres y mujeres. El nagual es el ser gemelo de cada persona -.

- Por ejemplo, de repente su nagual del Bush es el burro, creo. Y tal vez alguien tiene de nagual al buey, sin agraviar. O qué tal que vos, Magdalena, tu nagual es la mula… -

La Magdalena agarra un puño de lodo y se lo arroja, enojada, a Elías.

Elías dice riendo:

- Si acaso lo dije en serio, era un supositorio, nomás para ver si estás poniendo atención a mi palabra porque si no, luego no entiendes, Ora que claro te digo que no desprecias a la mula, porque ésa acaso se enferma, y ónde quiera anda y no se cansa luego -.

Elías hace una pausa y, socarrón, añade:

- Ora que cuando la mula se pone malhora pues hasta lodo avienta… -

La Magdalena se pone de pie y busca algo… digamos, más contundente para darle a Elías. Una rama como garrote aparece en sus manos. Ahora es La Magdalena la que sonríe y dice:

- ¿Decías, querido? -

Elías trata de explicar, sin perder de vista el instrumento de protesta que porta La Magdalena en las manos:

- Pérate Magdalena. Si no estoy hablando de vos. Acaso estoy pensando nada. Nomás era como quien dice una anédota, que sea “anédota” quiere decir que una historia o cuento tiene así como una enseñanza…-

- Ésa es la fábula, no la anécdota -, corrige La Magdalena.

Elías no se intimida:

- Por eso digo que la anédota no es eso, sino que…, bueno, luego te explico Magdalena porque ansí como estás embravecida pos nomás no llega en tu pensamiento las explicaciones. Mejor te sigo contando la historia de Los Vigilantes -.

- Bueno -, dice La Magdalena, - pero sin mulas -.

- Bueno -, dice Elías.

- Y entonces, según, si es que te portas bien, pues tu animal, que sea tu nagual, ahí lo tienen guardado “Los Vigilantes” y lo cuidan y ansí te cuidan a ti. Pero si es que te portas mal, pues anda vete, ahí lo sueltan al animalito y qué tal que lo cazan o se cae o se enferma, pues entonces igual te pasa -.

- ¿Y qué pasa si Los Vigilantes se cansan o se van y se escapan todos los animales? -, pregunta La Magdalena.

- Uh no, pos eso sí sería una desgracia, porque habría un gran dolor en nuestra gente y hasta ahí nomás, todo se muere. Porque la tierra necesita quien la cuide. Por eso el zapatismo nuestro está para ayudar a Los Vigilantes, para que no pase eso, para que cuidamos la tierra, que es nuestra mamá más querida -.

La Magdalena pregunta entonces retadora:

- ¿Y por qué les dices “Ellos” si son hombre y mujer al mismo tiempo? -

Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, se pone serio y mira como muy lejos, como hacia algo que no se alcanza a ver, y responde:

- Ah, pos porque los zapatistas sabemos que hay cosas para las que todavía no hay palabras, y entonces usamos las que tenemos. Pero sabemos bien que, aunque no sepamos cómo nombrarlas, esas cosas existen y están ahí, y muchas de ellas son buenas y hay ahí dolores que ni siquiera imaginamos, pero también alegrías que todavía desconocemos. Pero un día… -

Elías se queda callado. La Magdalena deja caer el garrote, se le acerca y, tomándole la mano, le pregunta:

- ¿Un día qué? -

Elías se sonroja cuando responde:

- Un día vamos a tener palabras para entender lo que no entendemos. Porque hay mundos que existen aunque no tengan nombre -.

Y como si tal, en ese momento, a saber por qué, se despejó el cielo y el sol se asomó aunque nomás fuera para despedirse. Y justo antes de que, sonrojado, se fuera, la luna emergió del lado opuesto. Por unos momentos estuvieron juntos, frente a frente. Y cualquiera hubiera podido imaginar que no seguirían los cursos cotidianos que encadenaban a ambos, y que, por un única vez, caminarían a encontrarse, desafiando así todas las convenciones, y haciendo posible lo imposible.

Abajo, El Vigilante más mayor, el más primero, le enseñaba al venado a leer lo que no está escrito en las estrellas y, lejos de ahí, una niña inventaba otro abecedario en las letras de un libro lleno de colores…

Vale. Salud y que viva siempre lo no nombrado todavía… como el abrazo que nos une a los campesinos insumisos de la India, de Corea del Sur, del Brasil y de la Unión Americana.

SupMarcos.
México, Julio del 2007.





Saturday, July 21, 2007

http://www.guardian.co.uk/weekend/story/0,,2003775,00.html


The man who smoked dope to stay ill



Alexander Linklater
Saturday February 3, 2007
The Guardian


After lights-out, at around 11pm, four 14-year-old boys sat in Dan's room, gazing nervously at the little brown lump in his hand. Dan was their ringleader, and he was good at rolling cigarettes, so he stuck together the Rizla papers. It took a bit of experimentation, but then he figured out how to heat the hash to make it crumble. He put it all in, swivelled the papers, and licked off his first joint.

"Ya, mon, sweeeet," Dan rejoiced in his best 1980s Rastafarian accent. The other three gawped as he smoked. They'd all been performing together in a school play, and this was meant to be their rebellious celebration. But, when it came to the moment, the other three boys shied away. Not because they were afraid of being expelled from their elite boarding school; more because of all those spooky stories about ending up in some druggy hell. Dan giggled as they filed out. What a bunch of poofs! Dreamily, he lay back on his bed and let thoughts of his own brilliance dance around the Bob Marley poster on his wall.

Dan had been playing Prospero in a triumphant version of The Tempest - so triumphant that a visiting teacher from a London acting college had said it was the best Shakespearean performance by a child she'd seen. Amazing to watch a 14-year-old transmogrify so completely into the despairing old man of magic. Each night for a week, Dan had wept real tears as he spoke Prospero's epilogue of submission to the audience: "Now my charms are all o'erthrown. And what strength I have's mine own, which is most faint..."

These days, in his late 30s, Dan will still cry if he tries to recite those lines. They represent the last time he did not have to struggle for his sanity. A year later, he was in hospital. Those other three boys all went on to careers in TV and film, made money, had children. Dan's career had been a two-decade journey through the psychiatric system, cursed by a disorder that combined the wild moods of manic depression with the delusions of schizophrenia.

A Freudian psychoanalyst once tried to explain to Dan what had precipitated the onset of his psychotic episodes. His childhood had evidently been happy, so the analyst had talked about the effects of imaginatively imbibing the haunted universe of The Tempest at a vulnerable point in adolescence. He had described Dan's manias and hallucinations as "psychic retreats". When Prospero gives up his magic, he is faced with the intolerable reality of being merely human. Dan would rather flee to a psychotic hell than remain bound to such a reality. "Now I want Spirits to enforce, art to enchant," as Prospero says. "And my ending is despair..."

Current psychiatry scoffs at such cranky interpretations. Scientific evidence suggests that schizophrenia and bipolar disorder spring largely from inherited pre-dispositions; indeed, Dan could cite a manic-depressive grandmother and a schizophrenic great uncle as genetic precedents for his own condition. Genes are just part of the equation, however. Thereafter, the question turns to the triggers. What transforms a predisposition into a disorder?

One trigger can be dope. A pivotal psychiatric study, conducted over 20 years in New Zealand, recently suggested that one in four teenagers is dangerously susceptible to cannabis use. Those in the study who tried it at the age of 15 were four and a half times more likely to develop schizophrenia by the age of 26 than those who did not. The implication of a specific interaction between cannabis and a variety of the COMT gene nevertheless remains controversial. Is this a deep cause, or a mere association?

What remains clear, however, is that cannabis - especially new and powerful types of hydroponically produced "skunk" - are acutely risky for those who already have psychiatric illnesses. Dan has never really been into drugs, but his psychotic episodes have often developed after a casual smoke. On one occasion, his grim Scottish psychiatrist was so enraged by the stupidity of taking the risk that he gave Dan an ultimatum. Either quit cannabis for ever, or find another psychiatrist. "You know what I just said to an addict with schizophrenia?" Professor Boyle asked rhetorically. " 'Stick to the heroin if you must, laddie, but stay off the weed!' "

Dan felt cornered. He groped for an explanation. For almost a year before the last episode he had been OK. Life had been shit, of course, but at least he hadn't been ill. What he blurted out next felt peculiar, as if he'd actually known all along what he'd been doing. He wouldn't call it a psychic retreat as such, but after 20 years of madness, psychotic experience was more familiar to him than normality. "I smoke dope because I can't cope with staying well," he said.

· Names and details have been changed.


A los Bribiesca, encubrimiento oficial

domingo, 15 de julio de 2007

Reportaje

Felipe Calderón encubrió a los hijos de Marta Sahagún, esposa del ex presidente Vicente Fox y se burló de la Cámara de Diputados al ocultar durante seis meses información sobre las investigaciones de la Procuraduría General de la República (PGR) contra Manuel y Jorge Alberto Bribiesca Sahagún.

El gobierno calderonoista encubrió a los hijastros del ex presidente Fox y se burló de la Cámara de Diputados al ocultar durante seis meses información sobre las investigaciones de la Procuraduría General de la República (PGR) contra Manuel y Jorge Alberto Bribiesca Sahagún

El gobierno de Felipe Calderón encubrió a los hijastros del ex presidente Vicente Fox y se burló de la Cámara de Diputados al ocultar durante seis meses información sobre las investigaciones de la Procuraduría General de la República (PGR) contra Manuel y Jorge Alberto Bribiesca Sahagún.
Además, los actuales funcionarios del Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB) justificaron los precios de “ganga” en que subastaron miles de casas de interés social, terrenos, departamentos y acciones del textilero Grupo Infomin a Construcciones Prácticas, cuyo dueño, Miguel Khoury Siman, ha sido socio de Manuel Bribiesca Sahagún en varias empresas.
Lo anterior se desprende de tres comunicados de la PGR que la semana pasada recibió la Comisión Especial de la Cámara de Diputados encargada de revisar los contratos con los que diversas dependencias federales beneficiaron a Construcciones Prácticas.
En el primero, entregado el lunes 9, la PGR informa al presidente de esa Comisión, Elías Cárdenas Márquez, que desde el 29 de noviembre de 2006 se autorizó “el no ejercicio de la acción penal” en contra de los hermanos Manuel y Jorge Alberto Bribiesca Sahagún, así como del ex secretario Ejecutivo del IPAB Mario Bouregard, y del propietario de Construcciones Prácticas, Miguel Khoury Siman.
“Lo que se cuestiona (a la PGR) es que desde mayo pasado, tanto yo como Jesús González Schmal (quien presidió la segunda Comisión Especial durante la LIX Legislatura) solicitamos información al subprocurador que lleva el caso, Felipe Muñoz, sobre el estado que guardaba dicha indagatoria. Él nos dijo que se estaban desahogando las diligencias. Ahora nos enteramos de que lo único que hicieron fue darle una patente de impunidad a los hermanos Bribiesca”, dice Cárdenas Márquez, diputado por Convergencia.
Sostiene que cuando Vicente Fox estaba en la Presidencia pidió que se exonerara a sus hijastros a través del entonces procurador, Daniel Cabeza de Vaca; lo mismo hizo el gobierno de Felipe Calderón, pues, dice, tanto él como su consejero jurídico –el mismo Cabeza de Vaca–, ocultaron información sobre el caso.
El pasado 11 de mayo, añade, la Comisión que encabeza hizo una petición formal de información al titular de la PGR, Eduardo Medina Mora, sobre el estado del expediente, pero no fue sino hasta el pasado lunes 9 cuando la dependencia les informó de la exoneración de los hermanos Bribiesca y de las autoridades federales implicadas.

Apoyo falaz
La Comisión legislativa que preside Cárdenas Márquez es la tercera que se aboca al caso y se conformó el pasado 5 de marzo, aunque comenzó a funcionar hasta finales de abril. Al principio, dice el diputado por Convergencia, el secretario de la Función Pública, Germán Martínez, le envió solícito una carta, fechada el 27 de ese mes, en la que le decía: “Reciba usted la garantía de que la Secretaría de la Función Pública contribuirá a que la comisión de investigación cumpla con eficacia el mandato que le ha dado el pleno de la Cámara de Diputados”.
Pero Martínez nunca informó a los legisladores del carpetazo de la PGR a la denuncia contra los hermanos Bribiesca Sahagún. Para Cárdenas Márquez ese silencio es sintomático, pues cuando era diputado Martínez demandó una explicación sobre la riqueza inexplicable de los hijos de Marta Sahagún.
“No le pueden hacer eso (los hijos de Marta) al gobierno más limpio y más honesto que ha tenido el país, que es el que encabeza Vicente Fox”, dijo Germán Martínez el 30 de diciembre de 2005 en una entrevista.
Y agregó: “Esto puede considerarse una traición a la transparencia que Fox ha impulsado desde su gobierno y no lo debemos dejar pasar. La explicación sobre su riqueza la deben dar (los) Bribiesca, no el PAN ni Felipe (Calderón). Nosotros estamos deslindados de cualquier responsabilidad del probable enriquecimiento inexplicable de los Bribiesca”.

Justificaciones del IPAB
La denuncia que presentaron los diputados de la II comisión especial en 2006 contra los hermanos Bribiesca Sahagún recibió el número de averiguación previa 59/UEIDOCSPCAJ/2006 y tiene que ver con las irregularidades que detectaron en las cuatro subastas en las que la empresa Construcciones Prácticas resultó “ganadora”.
Por lo general Manuel Bribiesca aparece como aval, mientras que en una su hermano Jorge Alberto pagó al IPAB una tercera parte del valor de la subasta, según el cheque que está en poder de la comisión legislativa.
Las cuatro subastas, realizadas entre abril y junio de 2004, se relacionan con varios terrenos, con la adquisición de miles de casas de interés social y de 25 departamentos en el estado de Puebla, así como con acciones del Grupo Infomin. Según los documentos que el IPAB entregó a la Comisión que presidía González Schmal –y que remitió nuevamente a los legisladores de la LX Legislatura–, Construcciones Prácticas pagó 34.5 millones de pesos, cuando el valor en libros de dos de las subastas alcanza 2 mil 952 millones 624 mil 162 pesos; es decir, una ganga para los adquirientes.
Esta desproporción de escándalo fue denunciada en diversas ocasiones por los integrantes de la primera y la segunda comisiones, y el pasado 28 de mayo Cárdenas Márquez solicitó al IPAB un informe detallado de los avalúos de cada uno de los paquetes inmobiliarios, accionarios y de terrenos que conformaron las cuatro subastas.
La respuesta del IPAB a los integrantes de la tercera Comisión llegó el jueves 12. Sin embargo, en ninguno de los ocho documentos remitidos proporciona el estudio que dio como resultado que inmuebles que tenían un valor de casi 3 mil millones de pesos fueron entregados al socio de Manuel Bribiesca en tan sólo 34.5 millones de pesos.
Lo que sí les envió el secretario Adjunto de Recuperación de Activos del IPAB, León Barri Colín, a nombre de la nueva secretaria ejecutiva del instituto, María Teresa Fernández, fue “un informe detallado” de las cuatro subastas, así como documentación que ya había remitido su antecesor, Mario Bouregard, a las comisiones I y II.
Este “informe detallado” llegó con un documento anexo de 11 cuartillas en el que el IPAB justifica el bajo precio de las subastas y denomina este rubro como “antecedentes del entorno económico y consideraciones con respecto a la venta de bienes que se han realizado”.
El secretario Adjunto de Recuperación de Activos agrega que los créditos estaban “castigados” en la contabilidad del banco (Bancrecer, el único con activos que fueron subastados por la Administradora de Activos Fénix)… “Como resultado de dicho proceso, se obtuvo razonablemente el máximo valor de recuperación posible”, dice Barri Colín.
Y rechaza las aseveraciones de la tercera Comisión, la cual, en su petición del pasado 28 de mayo, afirma “que no se obtuvo la mayor recuperación del valor”. Por último, el funcionario del IPAB “precisa” a la Comisión que “ninguno de los bienes enajenados a través de procesos instrumentados por Fénix fueron subastados a favor de los hermanos Jorge y Manuel Bribiesca Sahagún… se enajenaron a Construcciones Prácticas”.
Para que no quedara duda, el encargado de Recuperación de Activos del IPAB envió el acta constitutiva de la empresa Construcciones Prácticas, en la que efectivamente no aparecen los hermanos Bribiesca. Sin embargo, lo que no dice es cómo fue que el IPAB aceptó un cheque que el propio Jorge Alberto Bribiesca Sahagún dio al instituto para la adquisición de uno de los paquetes.
Quien detectó el cheque a nombre de Jorge Alberto Bribiesca fue la propia Auditoría Superior de la Federación, y lo remitió tanto al IPAB como a la segunda Comisión legislativa; esta última lo utilizó incluso como prueba del involucramiento de los hermanos Bribiesca en la adquisición de las subastas. Según González Schmal, el propio auditor Arturo González de Aragón admitió ante él y ante Sofía Castro, entonces diputada del PRI, que la presentación del cheque de Jorge Alberto fue irregular, así como parte del procedimiento de subasta.
(Jesusa Cervantes/APRO)