Wednesday, July 02, 2008

Universalidad de la Revolución Cubana


Universalidad de la Revolución Cubana

José Steinsleger/ I

Cuba, 1959. La revolución social trastorna la vida política del pueblo, enaltece el concepto de patria, plantea la defensa del país, libera las energías de la nación, cuestiona la naturaleza del Estado y su Constitución. Revisemos los siete términos empleados en la definición: sociedad, pueblo, patria, país, nación, Estado, Constitución.

Toda “sociedad” (sociabilidad) responde a la necesidad de interacción del género humano y está formada por uno o varios “pueblos”, voz que remite a “reunión” o “asamblea”. La “patria”, en cambio, conlleva fuertes y arbitrarias connotaciones emocionales. Elegimos “pueblo”, pero no podemos elegir “patria”, pues no es cosa de arbitrio escoger el lugar donde nacemos.

Con menor carga emocional, la idea de “nación” alude a los nativos del “país”, territorio más amplio y acotado en el que circulan los bienes, las mercaderías y los conocimientos que los pueblos intercambian entre sí. Un país es un mercado interno.

El “Estado”, por último, es la forma ideal concebida para regular la vida de un país. El cuerpo de leyes que lo armoniza se llama “Constitución”, carta magna que expresa su carácter soberano.

Pero en 1959 la sociedad cubana estaba partida en explotadores y explotados, sus pueblos padecían miseria y pobreza, la patria era el pretexto de los demagogos, el país se vendía al mejor postor, la nación carecía de orgullo y dignidad, el Estado ofendía el interés público y la soberanía era letra muerta de la Constitución.

La Revolución Cubana fue auténtica porque fue romántica. Todas las revoluciones sociales lo han sido: la inglesa, la francesa, la mexicana, la rusa, la china; empezaron con acciones heroicas y desesperadas contra el despotismo y luego, conforme evolucionaban, la naturaleza de las cosas fue mostrando su lado no romántico, su lado clásico.

¿Qué otorga autenticidad a una revolución? ¿El vigor de la revuelta? ¿La sapiencia de sus líderes? ¿El estado insostenible de las cosas? ¿La fe, la ideología, el anhelo de justicia, la esperanza? Ninguna revolución social es partenogenética. Sólo el pasado, la mirada crítica de sus actores sobre el pasado, garantiza la autenticidad de una revolución.

Como el futuro puede ser imaginado por indiscernible, sólo se progresa regresando una y otra vez al pasado. Al desmenuzamiento consciente del pasado, y de lo pasado, actitud que permite afrontar los sufrimientos, contradicciones y desafíos de una revolución, conjurando las embestidas de sus enemigos y fortaleciendo los nexos de la sociabilidad.

De las cinco revoluciones referidas, la cubana aportó algo más que la noción de democracia (Inglaterra), el ejercicio de los derechos políticos (Francia), el laicismo y la soberanía (México), el papel del proletariado (Rusia), el antifeudalismo (China). La revolución cubana observó que nada es posible sin solidaridad. Y durante medio siglo se tomó en serio aquello de que “patria es humanidad” (Martí).

Hagamos a un lado el ditirambo. Según la periodista Marta Barés Gómez, en 45 años de revolución los médicos cubanos han salvado un millón 614 mil 383 vidas; atendido a 85 millones 99 mil 737 pacientes y realizado 2 millones 221 mil 712 intervenciones quirúrgicas. Actualmente, cerca de 31 mil profesionales de la salud trabajan en más de 70 naciones.

El programa Operación Milagro le ha devuelto la vista a unos 2 millones de personas en Cuba y otros 20 países, sobre todo latinoamericanos. La ayuda médica ha estado presente en la atención a víctimas del terremoto de Pakistán (2005), las del tsunami del mismo año en Sri Lanka e Indonesia, inundaciones en Bolivia y el paso del huracán Mitch por Honduras y Guatemala.

La efectividad del método audiovisual Yo sí puedo ha sido reconocida por la UNESCO, y aplicado en 24 naciones (incluida la región de Andalucía, España). En Venezuela, un millón 550 mil personas aprendieron a leer y escribir.

Mediante el programa de becas del gobierno de Cuba, se han graduado en la isla un total de 50 mil 171 jóvenes procedentes de 129 países y cuatro territorios de ultramar en más de 33 especialidades universitarias y técnicas. De ellos, 26 mil 558 a nivel superior. Inclusive en los momentos más difíciles de la revolución, la isla mantuvo compromisos de colaboración con los jóvenes y su gobierno.

La asistencia deportiva llega a una cifra superior a 100 naciones. Más de 15 mil especialistas del deporte cubano han brindado su colaboración en 102 estados. En la actualidad trabajan en el exterior más de 41 mil colaboradores cubanos en 97 países y seis territorios de ultramar, en esferas como salud, educación, vivienda, alimentación, agricultura, energía, medio ambiente y ciencia y tecnología, entre otras.

Nada de lo apuntado ha sido perfecto o arbitrario. En el artículo 12 de la Constitución de la República de Cuba, dedicado a las relaciones exteriores, se afirma que dicha estrategia está basada en “el antimperialismo y el internacionalismo”. Gracias a ella, la Revolución Cubana tiene pasado. Sin ella, no tendrá futuro.



Universalidad de la revolución cubana


José Steinsleger/ II


¿Cambio o continuidad? En condiciones extremadamente adversas, la revolución cubana lleva medio siglo revisando, continuando, reformulando, perfeccionando y corrigiendo su razón de ser: la humanización de la sociedad. O sea que sus problemas son los del socialismo. No los del capitalismo.

Revisaba mi biblioteca (donde tengo todas las respuestas para sugerir a Cuba qué hacer con el futuro de su revolución), cuando en eso explotó el fusible chino que compré la semana pasada. Recordé entonces la época en que conseguir un fusible en Cuba resultaba más incierto que la caída del sistema (energético). Corrí a la tienda de la esquina, pero el asedio del pasado era tenaz: ¿por qué cuando no estábamos globalizados los fusibles mexicanos duraban más? Algo torció el rumbo… ¿La “mano invisible” del mercado, los tecnócratas con los fusibles quemados, los intelectuales “independientes” que, felices, se dejan manosear por ella?

Son las angustias de vivir en un país donde 70 millones de personas no acaban de entender que el precio del kilo de tortilla y el hambre harán menos estragos cuando pensemos el “horizonte crítico de la modernidad con sentido de futuro”.

¿Ha leído usted Nuevos sintagmas narrativos y márgenes transversalizados de la democracia mocha, de Angelito Uhymberger Pérez-Stutman (14 tomos, versión resumida, Ed. Universidad de Meckemburg, Pomerania Occidental)? ¿Que no, que no lo ha leído? Híjole, qué ignorancia hay en México.

Las espadas flamígeras de la revolución mundial (o posmoderna) han dicho cosas muy interesantes sobre el socialismo cubano. ¿Y de todos los días con sus noches del pueblo que le plantó 50 años de bandera al capitalismo imperial? De esto no se habla. Sería “premoderno”, alentaría el “neocaudillismo” y pondría en peligro el chambismo académico.

¿Que si en Cuba hay falencias organizativas, corrupción, ineficiencia, burocracia? Raro sería que no las hubiera. Después de todo, la sociedad perfecta es la que George Orwell alucinó en 1984, y la “globalización” construye hoy a expensas de tres cuartas partes de la humanidad.

¿Cuba debe “globalizarse”? John Kenneth Galbraith, economista liberal estadunidense, ataja en la portería: “La globalización no es un concepto serio. Nosotros, los norteamericanos, la inventamos para ocultar nuestra política de penetración económica en el exterior” (Folha de Sao Paulo, 2 de noviembre de 1997).

Cuba empezó la lucha por su liberación en 1868, hasta el día en que Washington y Madrid redactaron su independencia en París. Ausentes: los cubanos que habían peleado por ella. En 1900 las elecciones municipales rompieron la sociedad en partidos políticos y le impusieron una Constitución de papel similar a la que el imperio inventó en Irak un siglo después. Luego, el Senado de Estados Unidos aprobó la enmienda Platt, que le permitía intervenir en la isla cuando lo estimase necesario. Leonard Wood (1899-1902), gobernador yanqui de la isla, dijo: “Por supuesto que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la enmienda Platt... La isla se norteamericanizará gradualmente y a su debido tiempo contaremos con una de las ricas y deseables posesiones que hay en el mundo…”

¿Qué capítulo de Cuba y de nuestro pasado no está vivo y presente? En 1922 el liberal Enrique José Varona (1849-1933) observó: “Cuba debe temer más a un banco prestamista que a cinco acorazados. Porque los acorazados van detrás de los bancos. Son la coraza de los bancos”. ¿Algo más anuncia en 2008 el despliegue de la cuarta Flota imperial por América Latina?

La revolución corrió peligro de desaparecer en 1962 (invasión de Playa Girón), en 1994 (cuando el periodo “superespecial” la dejó exhausta), y durante los años en que una interesada versión de “internacionalismo proletario” amagó con homogeneizar su prodigiosa riqueza social y cultural.

Lógicamente, la suerte de Cuba depende de sí misma. Aunque también de su “latinoamericanización”. Pero en este caso, suele ocurrir que el reflejo condicionado de plaza sitiada, o el anhelo de que la realidad pase por el agujero chiquito de la gran teoría, impide a sus estrategas la valoración idónea de procesos complejos (Argentina, Colombia), donde los intereses entrecruzados y las alianzas políticas juegan un rol.

Buena parte de los cubanos entienden la defensa de su revolución como un deber político. En tanto el acceso a la educación, salud, cultura, deporte (y no me refiero acá a índices de calidad o rendimiento) son vistos como derechos sociales duramente conquistados.

Quienes se guían por el manual del “buen revolucionario”, o impasiblemente observan los genocidios y las guerras de pillaje y creen que la tortura legal y la pobreza planificada son “costos de la modernidad”, esperan de Cuba, paradójicamente, una versión del socialismo que sólo existe en la imaginación. No combaten o niegan a la revolución cubana por su particular visión de socialismo. La combaten y la niegan por la imperdonable pretensión de sostener y defender una sociedad igualitaria, en un país independiente y soberano.


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