Wednesday, May 16, 2007

La derecha es, por definición, intolerante porque no tiene ideas, sino dogmas, y cuando es exhibida tal cual en el ejercicio del poder, con su ineptitud consustancial, reacciona con autoritarismo análogo, sobre todo si de periodistas se trata. Guanajuato es, hoy, el mejor ejemplo de ese talante que se extiende a todo el país.


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El Yunque muestra los dientes

Álvaro delgado México, D.F., 14 de mayo (apro).- La derecha es, por definición, intolerante porque no tiene ideas, sino dogmas, y cuando es exhibida tal cual en el ejercicio del poder, con su ineptitud consustancial, reacciona con autoritarismo análogo, sobre todo si de periodistas se trata. Guanajuato es, hoy, el mejor ejemplo de ese talante que se extiende a todo el país.

Resulta que, el viernes 11 de mayo, el secretario de Gobierno de Guanajuato, Gerardo Mosqueda Martínez, insultó y amenazó a los directores de los periódicos a.m., de León, y Correo, de la capital del estado, porque cometieron la osadía de informar sobre la reunión que --nueve días antes-- tuvo con delegados federales --la mayoría identificados con Felipe Calderón--, a quienes exigió subordinarse a las órdenes del gobernador Juan Manuel Oliva.

En el encuentro del 2 de mayo, Mosqueda Martínez recordó que Oliva pudo haber ganado la gubernatura con 700 mil votos menos de los que obtuvo, pero Calderón no hubiera oficialmente ganado la presidencia de la República sin esos votos, con lo que quiso cobrarle cuentas al gobierno federal.

Como Oliva está enojado porque Calderón no lo tomó en cuenta para la designación de delegados federales en Guanajuato, porque forman parte de la pandilla antagónica del PAN en el estado, entonces Mosqueda les “leyó la cartilla” a esos funcionarios y los quiso subordinar a sus órdenes.

“Yo estoy acostumbrado a que 2 por 2 son 18, porque 2 por 2 igual a 4 no me sirve, yo quiero delegados que me den 18. No me sirve quien diga: ‘Espérame, dame tres meses, a ver qué dicen mis jefes’. Yo sé que tienen un patrón, pero yo quiero que vean por Guanajuato, porque ver por Guanajuato es ver por México”, les advirtió.

“Si alguien quiere jugar por su cuenta, pues está en plena libertad, este es un estado libre y soberano, pero no nos interesa hacer rompecabezas, es muy difícil, a mí no me gustan, a mí lo que me interesa es hacer trabajo en equipo”, dijo Mosqueda.

Advirtió: “Queremos aliados de primera, porque nos interesa tratarlos como lo que son, como funcionarios de primera.”

Mosqueda fue prolijo en su amplia exposición ante los delegados y los periódicos a.m y Correo la recogieron en sus páginas, que luego el funcionario quiso desmentir, sobre todo el referido a la contribución de Oliva a Calderón: “Yo lo que dije fue que en el resultado del proceso electoral en Guanajuato, el candidato, hoy gobernador, le apostó a la expectativa de los ciudadanos y en la diferencia tan altísima de votación que favoreció el triunfo de Acción Nacional, a nivel nacional.”

Obviamente las palabras del funcionario tuvieron consecuencias políticas, sobre todo soterradas, y se reanudó la confrontación entre la facción de Calderón, minoritaria en Guanajuato, y la hegemónica de la que forma parte Oliva: La ultraderechista Organización Nacional del Yunque, a la que pertenece Mosqueda y cuyo seudónimo es Veckemans, en honor del belga sacerdote colaborador de la CIA y artífice del golpe de Estado a Salvador Allende.

Por ello Mosqueda --quien por cierto no es panista, sino ¡priista confeso!-- la emprendió contra Enrique Gómez, director del diario leonés a.m., y Arnoldo Cuéllar, de Correo, a quienes tildó, indistintamente, de “pendejos”, estúpidos”, “esquizofrénicos”, “faunos rastreros”, “extorsionadores”, “bueyes”, explotadores”, y les advirtió que no quiere tener trato con ellos.

“Yo no quiero seguir tratando con directores de medios que explotan a sus reporteros, que los manipulan, que les tasajean las notas, que les ponen cabezas a cuerpos de notas que no tienen nada que ver entre la nota y la cabeza de las mismas”, expresó Mosqueda, quien aseguró que a los reporteros se les trata “como bueyes” y les pagan poco.

Todavía insistió: “Cuando dos faunos como los que ya mencioné se empeñan en modificar la realidad, pues tendrán a un amigo secretario general de Gobierno que se empeñará en echarles una manita para regresarlos a la realidad y eso es lo que he intentado hacer hasta el día de hoy.”

¿Las expresiones de Mosqueda fueron desautorizadas por el formalmente gobernador Juan Manuel Oliva? Claro que no, porque forman parte de la estrategia de intimidar, primero, y luego, si no se obtienen los resultados disuasivos esperados, proceder de otra manera, con la represión abierta.

No hay que perder de vista quién es Mosqueda Martínez: Además de estar involucrado en el asesinato de dos jóvenes en el Cerro del Cubilete, en 1975, ya como militante de El Yunque, fue coordinador general de delegaciones de la Secretaría del Trabajo con Carlos Abascal y, como tal, nombró al delegado en Coahuila, Pedro Camarillo Adame, actualmente fugitivo por ser presunto responsable de la muerte de 65 mineros de Pasta de Conchos.

Mosqueda, subsecretario con Francisco Xavier Salazar, es uno de los ideólogos y jefes de El Yunque, junto con Elías Villegas --cuyo seudónimo es “Pedro”-- vicegobernador de facto en Guanajuato, donde esa organización secreta domina todos los ámbitos de la vida pública, incluyendo la iniciativa privada, la educación y los sindicatos.

No es cosa menor la insolente conducta de Mosqueda contra los directores de ambos diarios de Guanajuato, porque representa un mensaje --ciertamente más estridente-- que del gobierno de Calderón, quien también trata de intimidar y liquidar a los críticos. No hay que olvidar que, apenas se inició la gestión federal, el vocero de Calderón, Maximiliano Cortázar, advirtió al periodista José Gutiérrez Vivó que estaba “castigado” y que la relación mejoraría “si se portaba bien”.

Hay otros ejemplos de cómo Calderón, Francisco Ramírez Acuña y otros prominentes miembros del gobierno federal, como antes Vicente Fox y Marta Sahagún, amenazan, intimidan y proceden contra medios y periodistas que no les son incondicionales, a menudo por la vía del boicot publicitario, como si los recursos públicos fueran de su patrimonio.

Cierto: Calderón no es militante juramentado de El Yunque, como Mosqueda, Oliva y Manuel Espino, presidente nacional del PAN, pero son ramas del mismo tronco derechista dogmático, intolerante y represivo.

Lo bueno de lo malo en el caso de Guanajuato es que Mosqueda Martínez y su jefe Oliva han hecho público el empeño represivo contra dos diarios. El embate que padecen medios y periodistas en otros estados es sordo, pero igualmente peligroso: Querétaro, Tlaxcala, Yucatán, Baja California, Jalisco, Aguascalientes y San Luis Potosí…

Apuntes

A propósito: Qué diferente comportamiento muestra la derecha ante las cadenas de televisión, sobre todo Televisa: Calderón, está documentado, se subordinó para asaltar la Presidencia de la República, a pesar de todas las ilegalidades, muchas de ellas cometidas en Guanajuato o en Yucatán, donde se celebra un torneo de trampas entre priistas y panistas. De los priistas ya lo sabemos: Jamás han depuesto las prácticas de defraudación. ¿Pero no era el PAN el partido de la legalidad, la moralidad y la ética política? Apenas la semana pasada platiqué con el gobernador de Yucatán, Patricio Patrón, y ante las acusaciones de que se gesta una elección de Estado el domingo 20, aseguró que su gobierno es impoluto. ¿Por qué las acusaciones cruzadas de defraudación?, le pregunté. “¡Somos un país de cínicos!” A confesión de parte…

Comentarios: delgado@proceso.com.mx



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