Tuesday, October 28, 2008


Rehén de Bush en Guantánamo durante seis años y medio

por Silvia Cattori*

El periodista sudanés de TV de Al-Jazira, ha sido liberado después de 6 años de detención ilegal en Guantánamo. Silvia Cattori lo ha entrevistado durante su visita a Ginebra [Suiza], donde él ha venido para denunciar estos abusos ante la sede de los Derechos Humanos de la ONU. Nuestra colega no se ha contentado con escribir sus declaraciones, muy afectada de lo que ha escuchado y, añade sus impresiones. Nadie podría quedarse insensible frente a esta historia que no es un caso único sino más bien el testimonio del sistema de terror de los Estados Unidos.

Derecho, alto, impresionante, emanando la sensación de una intensa interioridad, Sami El Haj, avanza renqueando apoyado en un bastón. Las risas y sonrisas han huido del fino rostro de este hombre que aparenta más edad de la que tiene. Una profunda tristeza habita en él. Tenía 32 años cuando en diciembre de2001 su vida, como la de decenas de miles de otras personas de confesión musulmana, se precipitó hacia el horror.

Ha sufrido enormemente. Debilitado por una huelga de hambre que duró 438 días, liberado el 1 de mayo de 2008, nos recibe atentamente, con dulzura. Nos habla, sin insistir, de un universo cuyo horror nos supera, nos paraliza, nos ahoga.

Es el primer superviviente de los campos creados por la administración Bush en la base naval de Guantánamo al que se le ha autorizado viajar.

«He venido a Ginebra, a la ciudad de la ONU y de las libertades, [1] para pedir que se hagan respetar el derecho, para exigir el cierre del campo de Guantánamo y de las prisiones secretas, y para acabar con esta situación ilegal», dice tranquilamente. Se ha pronunciado la palabra. En esta guerra, dirigida esencialmente contra las personas de religión musulmana, todo es «ilegal»; todo es falso, está manipulado, es absurdo, kafkiano.

Hoy sabemos muchas cosas, sobre todo que muchos de los atentados que desde 1996 se atribuyeron a los musulmanes fueron manipulados por agentes secretos del MI 6, de la CIA, del Mossad. Sobre todo algunos testigos valientes, como el ex-ministro alemán Andreas Von Bülow [2], fueron quienes descubrieron y denunciaron este tipo de actividad criminal practicada por las grandes potencia. Excepto en los nuevos medios de comunicación, ¿qué periodista nos ha hablado alguna vez de las revelaciones hechas por esta gran persona que es Andreas Von Bülow?

Alentado por su pasión por la justicia, por su convicción de que la misión de todo periodista es dar testimonio de lo que ve, mientras estuvo en Guantánamo Sami El Haj tuvo la fuerza psíquica de aguantar, de resistir a los peores abusos y de dejar de lado su propio sufrimiento. Conoció un intenso dolor, pero en los peores momentos supo mantener la esperanza de que iba a salir de ahí vivo. Y de decirse que tenía que observarlo todo, que mañana podría dar testimonio; esto le ayudó a soportar lo indecible.

Por lo demás, gracias la mirada del periodista que observa con perspectiva este espantoso universo, querido por Bush y que pudo haber sido su tumba, Sami El Haj pudo sobrevivir y mantenerse cuerdo. Otras personas con menos suerte que él murieron o se volvieron locos y no pudieron, por tanto, transmitir su testimonio.

Sin tener lápiz ni papel Sami El Haj hizo el esfuerzo de memorizarlo todo para, incluso estando enjaulado, continuar con su trabajo de «periodista de al-Jazira haciendo un reportaje», como él dice.

Hoy abriga la idea de atraer la atención del mundo sobre estas decenas de miles de prisioneros que continúan sufriendo un trato inhumano en las cárceles de Guantánamo, Bagram, Kandahar. Responde incansablemente y con amabilidad a todos los periodistas que le hacen preguntas con la esperanza de que sus palabras puedan lograr que se escuche la voz de quienes ya no la tienen.

Su informe es esencial. Al igual de todos los demás prisioneros, absusivamente calificados como él de «terroristas», Sami El Haj nunca ha sido juzgado ni nunca ha sabido de qué se le acusaba. Lo cual demuestra que Bush y los periodistas que han apoyado su tesis han tenido que fabricar a los «terroristas islamistas». Nunca se hubiera podido detener a seres humanos como Sami El Haj ni hubieran podido permanecer tanto tiempo como rehenes de esta barbarie por el hecho de ser musulmanes sin la complicidad de los gobiernos europeos y de estos propagandistas islamófobos sometidos Tel Aviv y a Washington que desde hace décadas desinforman a la opinión pública e influencian en las élites basándose en mentiras.

Silvia Cattori : ¿Cómo se siente apenas unas semanas después de su liberación?

Sami El Haj : Me siento bien, gracias. Me reconforta ver que hay personas que se comprometen para salvar a unos seres humanos y luchan por la defensa de sus derechos. Cuando hace dos meses salí de Guantánamo no estaba bien en absoluto, por supuesto. Pero ahora me siento mejor descubriendo que, fuera, la gente lucha y no olvida el objetivo principal: obtener la paz y la libertad para todo el mundo.

Silvia Cattori : ¿Cuáles son sus sentimientos y sus mayores deseos después de estos años dolorosos pasados en los campos de prisioneros?

Sami El Haj : Evidentemente, me siento feliz de haber recuperado la libertad. Me he reencontrado con mi familia, con mi mujer y mi hijo. Él no me ha visto durante seis años y medio, ha tenido que ir al colegio si mí. Me estaba esperando y me dijo: «Papa, ¡te he echado de menos tanto tiempo! Yo sufría, sobre todo cuando veía a mis compañeros en el colegio a los que acompañaban sus padres y que me preguntaban: ¿Dónde está tu padre? No tenía ninguna respuesta para darles. Por eso le pedí a mamá que me llevara al colegio en coche, porque no quería que me lo preguntaran siempre».

Le dije a mi hijo: «Ahora te puedo llevar al colegio, pero tienes que comprender que tengo un mensaje que aportar, una causa justa que defender. Quiero luchar por la causa de los derechos humanos, por las personas a las que se ha privado de su libertad. No voy a luchar solo. Hay miles de personas en todo el mundo que se comprometen ahí donde se ataca a la dignidad de los seres humanos. No olvides que luchamos por la paz, por defender los derechos ahí donde son pisoteados, por un futuro mejor para ti. Quizá lo logremos un día y entonces podré permanecer a tu lado y llevarte al colegio».

No sé si lo comprendió porque todavía es pequeño, pero me sonrió. Mi mujer tampoco quería que me volviera a marchar. Pero cuando le recordé la dolorosa situación en la que se encuentran las personas encerradas en Guantánamo, que ellos también tienen una familia, hijos, hijas y una mujer que les echan de menos, y que si yo no luchaba estas personas iba a permanecer encerradas más tiempo, comprendió que tenía que seguir viajando, uniendo mi voz a las demás voces para que los prisioneros puedan volver a sus casas lo antes posible. Mi mujer me dio todo su apoyo. Cuando me acompañaba al aeropuerto me dijo: Rezaré por ti.

Silvia Cattori : Así pues, ¿al ir a Afganistán para rodar las masacres de civiles, víctimas de la guerra de Bush, se convirtió usted mismo en una de sus víctimas?¿No le da miedo lo que le pueda ocurrir todavía?

Sami El Haj : No tengo la menor duda de que voy a seguir con mi trabajo de periodista. Pase lo que pase tengo que seguir llevando un mensaje de paz. En lo que a mí concierne, he pasado seis años y seis meses en prisión, lejos de mi familia, pero para otros ha sido todavía más terrible. He perdido a un amigo muy querido, periodista de al-Jazira: murió en Bagdad durante el bombardeo al hotel en el que se encontraba. También he perdido a una colega que trabajaba conmigo en al-Jazira y a la que considero mi hermana: ella también murió en Bagdad.

Muchas personas han perdido la vida a causa de esta guerra. Debe saber que la administración Bush quiso impedir la cobertura de los medios de comunicación libres, como al-Jazira, en Oriente Próximo. Las oficinas de al-Jazira en Kaboul y Bagdad fueron bombardeadas.

Cuando en 2001 dejé a mi hijo y a mi mujer para ir a filmar la guerra desencadenada por Estados Unidos contra Afganistán podía esperarme encontrar la muerte en un bombardeo. Iba allí consciente de los riesgos. Todo periodista sabe que cumple una misión y debe estar dispuesto a sacrificarse para dar testimonio de lo que ocurre por medio de sus películas y de sus escritos. Y para ayudar a la gente a entender que lo que único que aporta la guerra es la muerte de inocentes, destrucción y sufrimiento. Basándonos en esta convicción es como hemos ido mis colegas y yo a países en guerra.

Ahora, después de todos estos años en cautividad, otra vez puedo hacer algo en favor de la paz. Voy a comprometerme en este sentido hasta que lo consigamos. Estoy seguro de que aunque yo no recoja los frutos, un día acabaremos por obtener la paz y el respeto a los derechos humanos, así como la protección de los periodistas en todo el mundo. Estoy seguro de que conseguiremos que ya no se torture o hiera a los periodistas cuando hacen su trabajo, cuando defienden el derecho a la información y muestran los abusos contra los seres humanos.

Silvia Cattori : Al principio ha dicho que se sentía bien. Pero después de una experiencia tan horrible y cuando se le ha liberado sin la menor excusa por parte de sus torturadores, ¿cómo puede usted evocar este pasado sin resentimiento ni rencor?

Sami El Haj : Por supuesto que este pasado es extremadamente duro y mi situación personal es difícil. Pero cuando pienso en aquellos que continúan en Guantánamo, que echan de menos a sus familias de las que no tienen noticia alguna, me digo que mi situación, por difícil que sea, es mejor que la suya.

No puedo olvidar que en Guantánamo he dejado a unos hermanos que están destruidos, que se han vuelto locos. Pienso en particular en ese médico yemení que hoy vive completamente desnudo en su celda porque ha perdido la razón.

Silvia Cattori : ¿Qué tipo de torturas les hicieron sufrir?

Sami El Haj : Todo tipo de torturas físicas y psíquicas. Como todos los prisioneros eran musulmanes, la administración del campo los sometía a muchas vejaciones y humillaciones relacionadas con la religión. He visto con mis propios ojos a los soldados romper en pedazos el Corán y tirarlo al retrete. Les he visto durante los interrogatorios sentarse encima del Corán mientras no se respondiera a las preguntas que se nos hacían. Insultaban a nuestras familias, a nuestra religión. Hacían como que llamaban por teléfono a nuestro Dios para, burlándose de nosotros, pedirle que nos viniera a salvar. El único imán del campo fue acusado de connivencia con los prisioneros y en 2005 lo echaron por negarse a decir a los visitantes que en el campo se respetaba la libertad religiosa.

Nos molían a palos. Nos cubrían de insultos racistas. Nos encerraban en habitaciones frías, por debajo de cero grados, con una sola comida fría al día. Nos colgaban de las manos. Nos impedían dormir y cuando nos adormecíamos, nos pegaban en la cabeza. Nos enseñaban películas sobre sesiones de torturas atroces. Nos enseñaban fotos de torturados muertos, tumefactos, sanguinolentos. Nos mantenían bajo la amenaza de trasladarnos a otra parte para torturarnos todavía más. Nos echaban agua fría. Nos obligaban a hacer el saludo militar escuchando el himno de Estados Unidos. Nos obligaban a llevar ropa de mujer. Nos obligaban a mirar fotos eróticas. Nos amenazaban con violarnos. Nos desnudaban, nos hacían andar a cuatro patas de acá para allá. Nos decían que nos sentáramos y nos levantáramos 500 veces seguidas. Humillaban a los detenidos envolviéndoles en la bandera de Estados Unidos y de Israel, lo que era una manera de decirnos que estamos encerrados en el marco de una guerra de religión.

Cuando a un prisionero se le arroja a su celda, cubierto de piojos, sucio, para someterlo a nuevas sesiones de tortura con el fin de obligarle a colaborar, acaba por decir lo que sea y deja de saber quién es.

Yo he sufrido más de 200 interrogatorios bajo tortura, El 95 % de las preguntas concernían a al-Jazira. Querían que yo aceptara trabajar como espía en el seno de al-Jazira. A cambio me ofrecían la nacionalidad estadounidense para mí y para mi familia, y un sueldo en función de los resultados que obtuviera. Me negué. Les repetía que mi oficio es el de periodista, no el de espía y que tenía el deber de dar a conocer al verdad y de actuar para que se respeten los derechos humanos.

Silvia Cattori : ¿Hoy es usted capaz de perdonar a sus torturadores ?

Sami El Haj : Por supuesto que los voy a perdonar si cierran Guantánamo. Pero si siguen haciendo daño, voy a llevarlos a los tribunales, voy a emprender una acción judicial contra ellos.

Aunque yo sepa que la administración Bush ha hecho tanto daño, sigo pensando que no es demasiado tarde para que estas personas corrijan sus errores.

Hay que saber diferenciar entre la administración y el pueblo. Los detenidos en Guantánamo saben que tienen amigos en Estados Unidos, como este abogado que vino a Guantánamo y que luchó por mi caso.

Silvia Cattori : Da la sensación de que no han conseguido acabar con usted.

Sami El Haj : Porque no estoy solo. Hay personas que están detrás de mí; este sentimiento me da la fuerza. En prisión saqué fuerzas de mi convicción de que cualquier persona libre no puede aceptar que se le ponga en esta condición de inferioridad y de deshumanización. Uno experimenta sentimientos de dolor, de pena, pero se esfuerza por conservar la esperanza de que hay una salida; y la idea de que incluso en prisión se puede seguir con el trabajo de periodista limita el sufrimiento.

Silvia Cattori : ¿Cuando estaba en Guantánamo sabía que fuera había personas que luchaba para liberarlo?

Sami El Haj : No los conocía porque dentro de la prisión es muy difícil obtener noticias, aunque se tenga abogado porque se le prohíbe informar a su defendido. Hoy conozco a las personas que trabajan por los derechos humanos y que no están de acuerdo con la administración Bush. Creo que su voz es cada vez más fuerte.

Silvia Cattori : Cuando su hermano le vio dijo que parecía un hombre viejo. ¿A usted también se lo parece ?

Sami El Haj : En lo que a mí concierne, vivo por mi corazón y no por mi cara o por mi cuerpo. Sigo sintiendo mi corazón joven y más fuerte que antes.

Silvia Cattori : ¿Fue, entonces, fue una experiencia muy dolorosa aunque de hecho sale de ella enriquecido con un potencial insospechado?

Sami El Haj : Exacto. He sabido sacar algún beneficio del tiempo pasado en Guantánamo. Antes de ir allí sólo tenía una familia pequeña, ahora tengo una grande, he ganado cientos de amigos en el mundo entero. Esto es muy positivo; he perdido seis años y seis meses pero ahora tengo más amigos.

Silvia Cattori : ¿Se le sigue considerando un «combatiente enemigo» [3]?

Sami El Haj : No lo sé, pero cuando me liberaron me dijeron: Ahora usted ya no es peligroso para Estados Unidos.

Silvia Cattori : ¿Y su nombre ya no figura en la «lista terrorista»?

Sami El Haj : No lo sé. Creo que en su mentalidad todos aquellos a lo que ellos han calificado de «terroristas» va a seguir siendo «terroristas». Y que ahora tienen miedo de nosotros porque nos han hecho mucho daño sin motivo alguno.

Silvia Cattori : ¿Cree usted que le van a seguir espiando los agentes de la CIA?

Sami El Haj : Sí. En realidad yo no tengo nada en contra de este país ni de su pueblo. Si la administración Bush corrige sus fallos no voy a quejarme de nada.

Silvia Cattori : ¿Le sorprendió cuando un oficial del Pentágono le acusó de ser un manipulador al verle con un bastón?

Sami El Haj : La gente del Pentágono pretende que los prisioneros de Guantánamo son unos malhechores pero, en realidad, 500 de ellos han vuelto a sus casas. ¿Cómo les hubieran dejado salir si fueran realmente unos malhechores? Siempre están mintiendo.

Silvia Cattori : Otros dos sudaneses fueron liberados al mismo tiempo que usted, Amir Yacoub Mohamed al Amin y Walid Mohamed. ¿Cómo están ahora?

Sami El Haj : El gobierno y la administración de Sudán nos han tratado muy bien. Nos recibieron a los tres directamente en el aeropuerto. Aunque Estados Unidos me retuvo el pasaporte, me dieron otro nuevo en dos horas y no han puesto la menor objeción a que viaje fuera de Sudán.

Silvia Cattori : ¿En Guantánamo los militares les llamaban por su nombre o por su número de inscripción como prisionero: «número 345»?

Sami El Haj : Nunca me llamaban por mi nombre sino «three, four, five», mi número de inscripción. En los últimos tiempos me llamaban «al-Jazira». Los delegados de la Cruz Roja eran los únicos que me llamaban por mi nombre.

Silvia Cattori : ¿Le visitaron a menudo estos delegados?

Sami El Haj : Cuando estaban autorizados a venir a visitarnos, cada dos o tres meses; hablaba con ellos, me traían cartas de mi familia.

Silvia Cattori : La administración Bush y los oficiales encargados de torturarle sabían que usted es un hombre honesto, un simple periodista deseoso de dar a conocer las brutalidades que ellos cometían contra el pueblo afgano, y no un «terrorista». ¿Sabe usted por qué le han hecho tanto daño?

Sami El Haj : La mayoría de los soldados que había allí seguían las órdenes de sus oficiales. Torturaban sin el menor cambio de humor. Pero en honor a la verdad debo decir que algunos de ellos eran buenos. Algunos soldados usaban su cerebro.

Silvia Cattori : Los agentes de la CIA elaboraron un informe sobre las torturas en Guantánamo. ¿Tenía usted la impresión cuando le estaban torturando de que lo observaban, de queestaban experimentando con ustedes?

Sami El Haj : Estábamos bajo la constante vigilancia de médicos psiquiatras en uniforme militar. No estaban ahí para curar, sino para participar en los interrogatorios, para observar las torturas de manera que no se les escapara ningún detalle del comportamiento de los prisioneros. Los interrogatorios se hacían bajo la responsabilidad del coronel Morgan, médico especializado en psiquiatría. Este coronel estuvo destinado en Guantánamo desde marzo de 2002. Había servido en la prisión afgana de Bagram desde noviembre de 2001. Daba consignas a los oficiales que nos interrogaban, estudiaba nuestras reacciones, anotaba cada detalle para después adaptar las torturas a la personalidad de cada detenido, lo que deja profundas huellas en su psiquismo.

Hablé con ellos. Les dije que los médicos tenían una misión noble, ayudar a las personas, no torturalas. Me respondieron: «Somos militares, debemos seguir las reglas; cuando un oficial me da una orden, tengo que ejecutarla, si no me meterán en prisión como a usted; en el momento en que firmé un contrato con el ejército comprendí que tenía que obedecer en todo».

Silvia Cattori : Veo similitudes entre las torturas practicadas en Guantánamo y las practicadas en Israel con los prisioneros políticos palestino. Por ejemplo, la «tortura» del sueño, es su especialidad.

Sami El Haj : Creo que la mayoría de los servicios de inteligencia del mundo entero fueron a Guantánamo. Vi a británicos, a canadienses. Fueron para interesarse por los interrogatorios y también para proporcionar a los oficiales de la CIA y de FBI consejos sobre cómo torturar, cómo interrogar, basándose en su experiencia.

Silvia Cattori : ¿Consigue dormir tranquilo?

Sami El Haj : No como antes de Guantánamo. Ya no duermo más que entre 3 y 4 horas. Al conocer ahora al personal de Cruz Roja les he pedido que me ayuden a superar mis dificultades, que aconsejen un doctor que pueda examinarme. Siete años no es poco tiempo.

Silvia Cattori : ¿La huelga de hambre no era, en cierto modo, como una tortura contra ustedes mismos? ¿Por qué la hicieron durante un period tan largo, cuando sus carceleros se servía de ella para infligirles aún más humillaciones y sufrimientos?

Sami El Haj : Porque pensábamos que no podíamos quedarnos callados, que teníamos que hacer algo. Sólo teníamos ese medio para hacer que se nos escuchara. Por supuesto, la huelga de hambre es un medio de tremendamente penoso, muy difícil de soportar. Pero cuando uno está privado de libertad tiene que luchar para obtenerla. Era lo único que nos quedaba para decirle a la administración Bush que un prisionero tiene su dignidad, que no vive sólo de pan, que la libertad es más importante.

Silvia Cattori : ¿Qué ocurría cuando lo alimentaban por la fuerza?

Sami El Haj : Cuando había más de cuarenta detenidos en huelga de hambre, la administración trataba de quebrar nuestra resistencia haciéndonos sufrir más torturas. Nos aislaban en habitaciones frías, nos desnudaban, nos impedían dormir durante largos periodos de tiempo. Dos o tres veces al día los soldados nos ataban a una silla especial. Nos aplicaban una máscara a la boca y nos introducían un tubo grueso por la nariz, no en el estómago. Aunque la ración normal de alimento era de dos canillas, nos castigaban inyectando 24 canillas y 6 botellas de agua. El estómago, que se había encogido por las largas huelgas de hambre, no podía contener estas cantidades. Añadían productos que provocaban diarrea. El prisionero, al que mantenían atado a esta silla más de tres horas, vomitaba y vomitaba. Nos dejaban en medio de nuestros vómitos y excrementos. Al acabar la sesión arrancaban violentamente el tubo; cuando veían que la sangre correr se reían de nosotros. Como utilizaban tubos infectados que no se limpiaban nunca, los detenidos padecían enfermedades que no eran tratadas.

Silvia Cattori : ¿Lo liberaron gracias a esta larga huelga de hambre?

Sami El Haj : No sólo a causa de ella, pero fue una de las razones que llevaron a la administración a liberarme.

Silvia Cattori : ¿Que pensar de la confesión de Khaled Sheik Mohamed [4], que se acusa de haber organizado más de 30 atentados en 17 países?

Sami El Haj : Quizá lo torturaron hasta el punto de que dejó de ser él mismo. Nunca lo conocí porque lo llevaron a un campo especial. Un oficial me dijo que lo trataron con mucha dureza; no cabe la menor duda: lo torturaron terriblemente.

Silvia Cattori : ¿Tiene algo que ver con la realidad la acusación de Estados Unidos de que él es el «terrorista número 3 de al-Qaeda»?

Sami El Haj : A decir verdad, no creo nada que venga de la administración Bush. Porque a mí también me han acusado de ser un «terrorista». Y yo sé mejor que nadie qué es eso. Estas personas mienten demasiado. Nunca creo nada de lo que afirma esta administración. Conozco a un prisionero que al que torturaron tanto que al final dijo: Yo soy Osama Ben Laden. Decía lo que ellos quisieran con tal de que cesaran las torturas.

Silvia Cattori : Entonces, ¿al-Qaeda es una creación de los servicios de inteligencia occidentales?

Sami El Haj : Por lo que yo sé, nunca en mi vida he conocido a nadie que me haya dicho: yo pertenezco a al-Qaeda.

En Guantánamo conocía la mayoría de los prisioneros porque la política de nuestros guardianes era no dejar que los prisioneros vivieran demasiado tiempo juntos en la misma celda. Nos trasladaban cada semana; así conocíamos a nuevas personas. Toda la gente que conocí en Guantánamo eran personas pacíficas.

Desde que salí he hablado con más de cien de ellos. Los que estaban casados han retomado su vida; los solteros se han casado.

Silvia Cattori : ¿Aquellos que sacan fuerzas de la oración tienen la oportunidad de escapar a la locura?

Sami El Haj : ¡Por supuesto! Si uno siente que alguien le acompaña, sobre todo si es Dios, será paciente y en todo momento se va a acordar de que Dios tiene más poder que los seres humanos. Debo rezar a Dios y darle las gracias. También debo dar las gracias a todas las personas que me han apoyado. Creo que aunque me pasara la vida dando las gracias no llegaría a agradecérselo a todos ellos. Ahora quizá pueda contribuir a hacer más feliz la vida de otras personas gracias a mi trabajo a favor de los derechos humanos.

Silvia Cattori : Creo que nuestros medios de comunicación y ONGs no dieron la importancia que merecía a la defensa de los derechos de estos prisioneros musulmanes [5]. Durante mucho tiempo el denunciar los abusos cometidos contra ellos se consideraba un signo de simpatía con los «terroristas». ¿Sabe usted que, por ejemplo, los responsables de «Periodistas sin Fronteras», cuya misión es proteger a los periodistas, fueron criticados por haber esperado cinco años antes de hablar de su caso [6]?

Sami El Haj : Por desgracia la gente creyó lo que le decía la administración de Estados Unidos. Ahora que han comprendido que no era verdad se corregirán. Como le he dicho antes, el problema no es cometer un error, sino perseverar en él.

Si los periodistas no se sienten concernidos cuando otros colegas son encarcelados en el marco de su trabajo, quizá un día esos mismo periodistas se encuentren en prisión y no encuentren a nadie que les defienda. Debemos trabajar juntos, debemos ocuparnos de cada caso. Si sabemos que un periodista ha sido encarcelado, debemos apoyarlo por encima de su color o de su religión.

Como periodista quiero comprometerme a apoyar a los periodistas que trabajan por la defensa de los derechos y las libertades. Tenemos por delante un trabajo inmenso. Tenemos que comprometernos plenamente para liberar a las personas que están encerradas en Guantánamo y en las muchas prisiones secretas en las que la administración Bush priva de sus derechos a decenas de miles de otras personas.

Esta experiencia de Guantánamo nos ha marcado profundamente. Lo que quiero recordar es la necesidad y la importancia de la defensa de los derechos humanos. Creo que después de todo el mal que se ha hecho, todo el mundo se siente hoy más concernido. No es aceptable abandonar a las personas que sufren. Tenemos la imperiosa obligación de solidarizarnos con ellos.

Al-Jazira quiere asociarse con los medios de comunicación libres para recopilar informaciones relacionadas con los derechos humanos y las libertades. Pido a todos los periodistas que cooperen con nosotros en este sentido. En Guantánamo había prisioneros de 50 nacionalidades; es un problema mundial y no el de tal o cual detenido.

Es una vergüenza que prisioneros que han sido vendidos se encuentren enjaulados y que un país que pretende ser el garante de los derechos y las libertades sea el que comete esta violación de los derechos fundamentales.

No siento ningún odio. Respetamos a los ciudadanos de Estados Unidos. Quien debe asumir las consecuencias de estos actos es su actual gobierno.

Los derechos humanos y la seguridad no son separables, no se puede tener seguridad sin respeto a los derechos fundamentales.

Silvia Cattori : Tiene usted razón en hacer un llamamiento a las personas honestas y a los periodistas a que no acepten que se viole el derecho internacional y que se inflija un trato cruel y degradante a seres humanos. Pero esta política no habría podido durar si no hubiera tenido el apoyo tácito de los gobiernos de las grandes potencias; con su consentimiento fue como se torturó a las personas consideradas «combatientes enemigos» [7]. Por ejemplo, todos los países europeos suscribieron el contenido de la « Patriot Act» promulgada tras el 11 de septiembre en Estados Unidos. En el marco de estos acuerdos secretos los agentes de la CIA y del FBI han podido secuestrar y torturar en Europa a miles de inocentes como usted.

Sami El Haj : Quiero decirle lo siguiente: yo no creo en la acción de los gobiernos. Porque todo gobierno, sea del país que sea, prefiere gobernar sin enfrentarse a los problemas reales de las personas. Puede que a veces intervenga para decir que apoya tal o cual causa, pero en el fondo no la apoya. Únicamente se pronuncia por razones oportunistas o políticas. Y puede que incluso por un cálculo político afirme apoyar una causa en la que no cree. Olvidemos los gobiernos porque ellos siguen su política. Sí, debemos seguir trabajando duramente para defender los derechos y las libertades de cada uno.

Silvia Cattori : ¿Podemos concluir afirmando que no existen los «terroristas» tal como son presentados por la administración Bush y nuestros medios de comunicación?

Sami El Haj : Le puedo asegurar que los prisioneros de Guantánamo a los que yo conocí no son «terroristas». Tuve la ocasión de hablar con ellos, de conocerlos: son personas pacíficas.

Silvia Cattori : Entonces, ¿ustedes fueron detenidos porque sí, porque había que ofrecer una cifra para hacer creer a los demás países europeos que, efectivamente, existían «terroristas» musulmanes?

Sami El Haj : Fuimos detenidos tras el 11 de septiembre, del que nadie hasta el momento puede decir quién es el autor. Bush no quería decir: he cometido errores, no he garantizado correctamente la seguridad. Dijo: vamos a iniciar una guerra contra estos «terroristas». Resultado: no ha aportado seguridad a nadie en absoluto.

Ha hecho bombardear Afganistán, ha enviado a sus soldados a hacer la guerra contra pueblos enteros, pero no ha detenido a las personas que se había propuesto detener. Ha entregado enormes cantidades de dinero a los paquistaníes para que a cambio ellos empiecen a detener a ciertas personas y las entreguen al gobierno estadounidense.

El 89% de los prisioneros de Guantánamo fueron comprados con dinero contante y sonante a las autoridades de Pakistán. ¿Dónde los encontraron? En Pakistán, no en Afganistán.

Silvia Cattori : ¡Después estos prisioneros fueron torturados y se les prometió dejar de torturarlos si aceptaban convertirse en espías al servicio de la CIA! ¡Es un sistema terrorífico!

Sami El Haj : Sí. Esperemos a que Bush haya abandonado la administración. Cuando deje de estar en el poder, estoy seguro de que muchas personas van a expresarse acerca de sus delitos.

Silvia Cattori : Su testimonio es muy importante. Han destrozado su juventud. Y usted tiene la magnanimidad de transformar este desastre en algo constructivo. Se niega a ser considerado una víctima. ¡Es usted verdaderamente magnífico! Muchas personas en prisión deben esperar la ayuda de personas de su calidad.

Sami El Haj : Tenemos que trabajar duro para que aquellos que siguen apoyando a la administración Bush acaben por sentirse avergonzados de sus actos. Entonces nadie les seguirá ayudando. Y cuando nadie les ayude, pararán.

Todo lo que tiene que ver con Guantánamo es un lacra. La administración Bush ha querido engañar a la opinión pública diciendo que éramos terroristas. Ahora bien, la gran mayoría de los hombres a los que ha encerrado son como yo, inocentes.

Silvia Cattori : Gracias por concedernos esta entrevista.

* * *

Todos podemos constatarlo: los supuestos «terroristas» a los que persiguen nuestras sociedades son en realidad víctimas.

Sami El Haj impresiona por su sabiduría, por su madurez, por su altitud de miras. Nos hace pensar en Cristo en la Cruz porque su calvario no ha terminado; sus heridas son demasiado profundas.

Su delicadeza contrasta con la descripción de los supuestos «terroristas» que nos han estado dando durante todos estos años las autoridades y los medios de comunicación tradicionales.

Ni reivindicaciones ni quejas; su relato es sobrio, sin énfasis. Debería ser capaz de hacer que las cosas se muevan. Insiste en la acción que hay que llevar a cabo para liberar lo antes posible a quienes continúan prisioneros. Dice y repite que no podrá descansar hasta que no sean liberados todos los prisioneros de Guantánamo.

En adelante es urgente, una obligación moral, reaccionar, explicar honestamente lo que ocurrió realmente, luchar para que nuestras sociedades adopten una política en la que el mundo árabe y musulmán pueda esperar otra cosa que no sean guerras y racismo.

Si en su conjunto los medios de comunicación suizos ha relatado correctamente el paso por Ginebra de Sami El Haj, sin embargo, la televisión pública local (TSR) minimizó el evento y no se dignó invitarlo. Hay que señalar (¿acaso esto lo explique?) que durante los últimos siete meses los redactores de la TSR dieron generosamente la palabra a los «árabes buenos», como Antoine Basbous o Antoine Sfeir, que repiten lo que nuestros redactores dicen o quieren oír, con lo que apoyan las tesis belicistas que, según parece, gozan de sus favores.

Los secuestros, los centros de tortura como Guantánamo, Abu Ghraib, Bagram, Kandahar, no son, como con demasiada frecuencia se deja creer, un simple «desliz» [8] , sino que son efectivamente la expresión de una política criminal que sirve a los intereses ocultos de dos Estados principalmente: Estados Unidos e Israel. Podemos preguntarnos además si Israel no es el único en ganar con estas guerras, que han devastado pueblos enteros, pero también arruinado las finanzas y la imagen de Estados Unidos en el mundo.

Esta «guerra contra el terrorismo», de la que nos hablan hasta la saciedad, es una guerra criminal; una guerra manipulada por las grandes potencias y sus servicios de inteligencia.

Cada vez hay más personas que comprenden que las sanciones de la ONU, las «listas terroristas» que también ha establecido Europa, las campañas de denigración en relación a los musulmanes, son instrumentos de manipulación de la opinión pública destinados a mantener artificialmente un clima de conflicto.

Por lo demás, los atentados del 11 de septiembre de 2001 sirvieron inmediatamente de pretexto para reorientar la política internacional de Tel Aviv y Washington en el sentido de objetivos militares programados a la larga. Sobre todo han servido para liquidar cualquier forma de resistencia a su política criminal, empezando por la resistencia palestina y musulmana.

Tras el desmantelamiento del imperio soviético el mundo islámico ha sido nombrado «nuevo eje del mal». Desde principios de los noventa Estados Unidos e Israel han maniobrado para suscitar miedo e ignorancia en relación a los musulmanes y para incitar a los servicios secretos de diversos países, para infiltrarse en ellos, manipularlos, financiarlos y animar a unos «colgados» a cometer atentados, para después acusarlos, justificar unas medidas coercitivas, los secuestros, las torturas, las detenciones arbitrarias.

Desde 2001, mientras que los principales medios de comunicación se hacían eco complacientemente de las campañas contra unos «antisemitas» con frecuencia imaginarios, decenas de miles de musulmanes eran secuestrados, encapuchados, encarcelados, destrozados por unos torturadores con el objetivo de obligarles a aceptar trabajar como espías para los servicios de inteligencia estatales. Todo esto está calcado de los métodos de los servicios secretos israelíes del Shin Beth [9], que tan bien han estado funcionando durante los últimos 40 años para destrozar a los cerca de 700.000 palestinos encarcelados arbitrariamente.

¿Es ésta la sociedad que queremos?

Lo más lamentable y desalentador en esta triste historia es el hecho de que los gobiernos europeos se han servido de esta supuesta «amenaza islamista» para desembarazarse de muchas salvaguardas constitucionales y ha aplicado, ellos también, las medidas ilegales dictadas por Bush y, de este modo, han permitido a la CIA secuestrar en su propio territorio a musulmanes sabiendo que iban a ser llevados a centros de tortura, fuera de todo derecho, y por un tiempo ilimitado.

Lo que también es cuestionable es el lugar que los jefes de redacción han concedido, y siguen concediendo, a estos supuestos «especialistas en terrorismo» que han alimentado el fantasma del «peligro islámico». Unos «especialistas» que retoman la propaganda estadounidense, asocian Islam y «terrorismo» aunque saben perfectamente que la estrategia de Washington y de Tel Aviv es asociar sin prueba alguna musulmanes y «terroristas» [10].

Todos recordamos estas campañas sesgadas destinadas a vilipendiar y destruir la carrera de dos hermanos, Hani y Tariq Ramadan sobre todo en Francia y Suiza. En otros países ha habido montajes similares.

Es el momento de reaccionar si no queremos una sociedad pervertida, basada en la mentira, que autoriza los secuestros, los centros de tortura, los asesinatos selectivos, las estrategias de infiltración destinadas a transformar a las personas en informantes.

Ver a Sami El Hadj, esta persona que ha vuelto del infierno, animar sin ira ni espíritu de revancha a los periodistas a trabajar para hacer que triunfen los derechos humanos, para borrar esta «lacra de la memoria», es una enorme lección.

Nuestra «civilización occidental», nuestras tan elogiadas «democracias» en nombre de las cuales se han hecho tantas guerras y cometido tantos crímenes, nuestros medios de comunicación «libres» tendrán que contar en adelante con todos estos aparecidos que nos llaman a despertarnos.

 Silvia Cattori
Periodista suiza.
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Traducido del francés por Beatriz Morales Bastos.

Enlace con el original:
http://www.silviacattori.net/article469.html



[1] Sami El Haj ha sido invitado a Ginebra por la Fundación «Alkarama for Human Rights». Véase: « Sami El Haj achève une intense visite à Genève », Alkarama for Human Rights, 2 de julio de 2008.

[2] Véase: « Andreas von Bulow: Tenemos que luchar primero contra la manipulación », Red Voltaire, 11 de enero de 2006.

[3] Según Dick Marty, ponente de la Comisión de Asuntos Jurídicos y de Derechos Humanos del Consejo de Europa encargado de investigar sobre la existencia de prisiones secretas de la CIA en Europa, un «acuerdo secreto, al que llegaron en octubre de 2001 Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, estableció el marco que ha permitido a la CIA encarcelar a «detenidos muy importantes» en Europa. Este acuerdo es el que autoriza las graves violaciones de los derechos, incluyendo la tortura».

[4] Khalid Cheikh Mohammed fue detenido en Pakistan en 2003. Acusado de ser el número 3 de al-Qaeda, fue internado en diversas prisiones secretas antes de ser mantenido en aislamiento desde 2006 en Guantánamo y de ser salvajemente torturado. Su proceso-farsa ante un tribunal militar junto con otros 14 responsables de al- Qaeda, tuvo lugar en junio de 2008.

[5] La «Comisión Árabe de Derechos Humanos» ha luchado desde un principio para exigir el cierre de Guantánamo. Véase: http://www.achr.nu/

[6] Véase: « Reporteros Sin Fronteras se acuerda (tardíamente) de Sami Al Haj », Red Voltaire, 23 de febrero de 2006.

[7] El estatuto de «combatiente enemigo» y de «combatiente ilegal», que permiten al gobierno de Estados Unidos detener sin limitación alguna y sin pasar por una jurisdicción civil a los prisioneros designados de esta manera se desprende de una ley de excepción destinada a «unir y reforzar América proporcionando las herramientas necesarias para descubrir y responder al terrorismo» votada por el Congreso estadounidense y firmada por George W. Bush el 26 de octubre de 2001. (N. de la t.: El nombre de esta ley, «Patriot Act», responde a las siglas de estas palabras entre corchetes. El libro de Jean-Claude Paye, El final del Estado de derecho, Hiru, junio de 2008 explica detalladamente lo tratado en esta nota).

[8] El diario «24 Heures» escribió el 27 de junio de 2008: «Sami Elhaj está de paso por Ginebra para denunciar el absurdo desliz de la gran maquinaria antiterrorista estadounidense».

[9] Véase: « Why did they treat me like that?», Gideon Levy, Haaretz, 6 de julio de 2008.

Véase también: « Full account of Muhammed Omer’s hair-raising encounter with the Shin Beth », Khalid Amayreh, 1 de julio de 2008.

[10] En su página web Youssef Nada demuestra el papel que algunos periodistas desempeñaron en su destrucción basándose en mentiras. Véase: http://www.youssefnada.ch/


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