Wednesday, June 10, 2009


Paga caro el Ejército por un sistema desleal


Por primera vez en 15 años, desde que estalló en Chiapas el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el jefe del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, secretario de la Defensa Nacional del gobierno de Carlos Salinas y responsable de las operaciones militares en ese Estado, plasma en un libro largamente revisado, todo lo ocurrido en este tiempo y sus consecuencias para “dejar constancia de hechos documentados; testimonios probados y guía de comentarios verdaderos, con la idea de no validar con mi silencio a otros personajes, que sin haber sido actores de estos acontecimientos, difundieron versiones equivocadas, imprecisas o se emitieron con contenidos alterados”.

Javier Ibarrola

PRIMERA PARTE

“El Ejército y la Fuerza Aérea han pagado un precio muy alto por una democracia que no les sirve, por un sistema de gobierno que los ha usado de manera desleal para legitimar sus desaciertos o sus ambiciones”.
Antonio Riviello Bazán, General de División y Secretario de la Defensa Nacional durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), con más de 60 años de servicio en el Ejército, llega a esta conclusión, entre otras, en un libro de escaso tiraje que dedica sobre todo a su gestión al frente del Ejército y la Fuerza Aérea, en el que sobresale su responsabilidad de las operaciones militares en Chiapas a partir del 1º de enero de 1994.
Al dedicar su libro a los jóvenes soldados, clases y oficiales del Ejército, sostiene que “no ha sido tomado en consideración que sin la actuación efectiva de las Fuerzas Armadas, México tendría hoy un gobierno muy distinto al que actualmente nos conduce”.
Ante el levantamiento armado del EZLN, el general Riviello Bazán lamenta que nadie al interior del gobierno, “vamos ni siquiera al interior del propio instituto armado, nos hemos preocupado por recordar las bajas sufridas por el Ejército y la Fuerza Aérea en el cumplimiento de sus misiones constitucionales”.
Sin embargo, admitiendo como acciones para restaurar la gobernabilidad en el país, asegura que siempre ha existido una deferencia de los grupos inconformes.
“Hoy, nuevamente el Estado Mexicano se ve en la imperiosa necesidad de empeñar a las Fuerzas Armadas en una lucha en contra del narcotráfico y del crimen organizado (el trabajo sucio), por lo tanto, es posible estimar que dentro de otros tres lustros o antes, se esté confrontando este mismo fenómeno de desprestigio ante la sociedad mexicana”.
El levantamiento armado se preparó por lo menos diez años antes de que se manifestara el primero de enero de 1994, asegura Riviello Bazán, “sin que jamás se haya intentado siquiera investigar a los personajes que fueron mencionados como los que prepararon esta rebelión, o dar seguimiento a otras muchas líneas de investigación que conducían a delitos graves en contra de la Patria”.
El obispo Samuel Ruiz era uno de esos personajes que prepararon el movimiento subversivo.
“Si la ley se viola y nada ocurre, la impunidad prevalece y es invitación a la violación del Estado de Derecho. Desde que nació el México independiente como hasta nuestra época, siempre han existido grupos inconformes con el sistema o forma de gobierno, pero que, además, muestran su desacuerdo con la persona que encabeza la nación. Se ataca con violencia verbal al sistema, al gobernante, a los que dirigen la nación, pero invariablemente al soldado, quizás por lo que el soldado representa: el sostén de las instituciones.
De ahí que el general Antonio Riviello Bazán considere que “las Fuerzas Armadas deben ser absolutamente leales a su pueblo, a su Comandante Supremo y a las instituciones de la República, sin embargo, no pueden, ni deben, como poseedoras de las armas de la nación estar confiadas a los errores y aciertos de quienes, por voluntad de los ciudadanos, hoy ejercen el poder y mañana no.
“Deben entender que el liderazgo no emana de la ciega obediencia hacia una persona. Se debe hacer algo de manera urgente. Sólo dentro del marco de una democracia verdadera es posible conciliar los conflictos sin la fuerza y la violencia”.
Los verdaderos soldados, apunta Riviello Bazán, siempre han aceptado complacidos los cambios dentro de la Carta Magna, siempre que sean realizados dentro de los procedimientos constitucionales. Las Fuerzas Armadas han aceptado, en estricta disciplina, todas las decisiones políticas. “Los soldados no defienden privilegios ni nostalgias, defienden los valores sagrados de la Patria”.

El Ejército del 94
Al inicio de la administración de Carlos Salinas y a sugerencia del Secretario de la Defensa Nacional, se estableció como principio doctrinal que la nación tuviera un Ejército y una Fuerza Aérea relativamente pequeños, pero que respondieran efectivamente a los antagonismos, vulnerabilidades y amenazas que vivía el México que nos ocupa.
Sin escatimar objetividad y honestidad profesional, el general Riviello Bazán aclara que si tuviera que calificar la actuación de las tropas en el conflicto de Chiapas como soldado, como Comandante, como responsable de organizar, administrar y preparar al Ejército y Fuerza Aérea, “se pensaría que implícitamente, me estaría autocalificando, sin embargo, no es así. Soy el responsable de la conducción militar y asumo las consecuencias por los resultados y por mis decisiones, la calificación más válida, sería entonces, la que me otorgaran las tropas que participaron, sus Comandantes, mi propio Comandante y el pueblo de México: a ello me atengo”.
Pero el Plan de Seguridad y Defensa Nacional resultó poco práctico y el Ejército resultó más pequeño de lo que Salinas quería y menos adiestrado de lo que se requería.
Ante los acontecimientos por venir, se pretendía restablecer el orden con cinco Brigadas formadas por dos o tres batallones (300 hombres cada uno), con una capacidad operativa muy baja, sin apoyo de combate y de servicios, pues en el Teatro de Operaciones del Sureste (TOSE) solamente había una unidad de artillería y un Regimiento de Caballería Motorizado.
No se contaba con un sistema logístico adecuado, pues dependía estrictamente del centro del país.
No se había establecido la coordinación necesaria con las autoridades civiles; las Bases Aéreas tenían muchas deficiencias operativas en cuanto a equipo y personal.
Se carecía de coordinación con la Armada de México; no había suficientes medios de transmisiones; no existían las unidades de Ingenieros de Combate.
Para el mes de agosto de 1984, un informe pormenorizado determinó que las unidades se encontraban incompletas (vacantes, reclutas, gran número de comisionados, personal inexistente, etcétera), con un nivel de adiestramiento bajo, armamento en mal estado, cargos incompletos de municiones, y un alto grado de corrupción.
Se tuvo que diseñar un nuevo tipo de vestuario y equipo para la tropa, adecuado al tipo de terreno y clima de cada región chiapaneca. Se unificó el armamento para contar con un solo calibre.
Sin embargo, la burocracia atrasó un año la reestructuración del TOSE, pues no se incluyó el gasto en el Presupuesto de Egresos de la Defensa Nacional para 1989.
Y no sólo el problema del Sureste del país encontró a un Ejército débil y mal preparado, sino carente absoluto de una concepción sobre la seguridad nacional.
Fue apenas en el período 1976-1982, cuando la Secretaría de la Defensa Nacional toma importancia sobre la seguridad nacional.
“Urgía rescatar el prestigio y respeto del Ejército ante el pueblo de México y también, lo no menos importante, su institucionalidad”, señala el general Riviello en el capítulo XVII “Aspectos políticos”. “Resultaba imprescindible que dejara de ser instrumento y juguete de políticos irresponsables que sólo buscaban mantenerse en el poder o hacer labor para engancharse en el próximo gobierno, se trataba de hacer un Ejército ejemplar, era importante elegir: ‘el pueblo o los partidos, México o los políticos’”.
El general Riviello Bazán, siempre comprometido con el futuro del país, habla como lo que es, como soldado, tal como lo hizo el 24 de enero de 1994 ante un nutrido grupo de generales de División, retirados:
“Yo no deseo que se defienda al Ejército. El Ejército no necesita que lo defiendan, yo les he dicho que defiendan la verdad porque la verdad es la que interesa a todos”.
Y con esa misma tesitura, dice en su libro:
“La disciplina es imprescindible en los Ejércitos, pero no es disciplina el silencio impuesto. Ni es disciplina la obediencia forzada. Las Fuerzas Armadas necesitan, de manera urgente, recuperar el respeto y el prestigio perdido. Hasta hoy, sólo han sido blanco de ingratitudes, deslealtades y olvido. Y ante estas situaciones para los soldados mexicanos, únicamente les queda la satisfacción del deber cumplido”.

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Un Ejército débil y mal preparado


Por Javier Ibarrola

(SEGUNDA PARTE)

El General Antonio Riviello Bazán, en su libro Chiapas; legal, legítima, necesaria, de un tiraje limitado hecho por Impresiones Aries al Instante, S.A. de C.V., en el mes de enero del 2009, sostiene que el Plan de Seguridad y Defensa Nacional de 1994 fue poco práctico y el Ejército resultó más pequeño de lo que Salinas quería y menos adiestrado de lo que se requería.
Y no sólo eso, no se contaba con una percepción clara sobre seguridad nacional. En su libro, el General Riviello Bazán señala tres puntos de mayor importancia sobre las diversas posiciones del Ejército con relación a la seguridad nacional.
El 24 de julio de 1980, el general Félix Galván López, entonces secretario de la Defensa Nacional de José López Portillo, durante la VIII Junta de Comandantes de Zona Militar, expuso una conferencia sobre el tema, “quizás porque el general Galván López no percibía una orientación clara sobre la participación de la Secretaría de la Defensa Nacional en este aspecto, toda vez que bajo su razonamiento el Ejército jugaba un papel incuestionable”. (Al año siguiente inició actividades el Colegio de Defensa Nacional).
Otro punto de singular importancia fue la propuesta de unificación de las Fuerzas Armadas, lo que ocasionó un gran disgusto al presidente López Portillo cuando fue enterado de tal intención por el general Galván López durante la IX Junta General de Comandantes de Zonas Militares. Al final de su gobierno López Portillo ordenó se recogiera tal documento por no considerar conveniente ni justo que quedara en los expedientes relativos.
El tercer factor lo constituyó el hecho de que el general Galván López, en una junta posterior a la que asistió el presidente y parte de su gabinete, expuso las acciones que consideraba necesarias en el caso de una intervención del Ejército en el Sureste del país.
“El doctor (Ernesto) Zedillo, secretario de Programación y Presupuesto, en su visita al Cuartel General de la IV Región Aérea del Sureste, en Terán, Chiapas, conoció de manera pormenorizada, las acciones desarrolladas por la Secretaría de la Defensa Nacional y escuchar un detallado informe de la situación imperante en aquella región, dos años y medio antes de que estallara el conflicto chiapaneco”.
Aparte del presidente Salinas, Ernesto Zedillo fue sin duda uno de los funcionarios más informados por el Ejército de lo que pasaba y pasaría en Chiapas.

“Solución adelantada”
El Ejército, tras las manifestaciones de violencia y actividades de proselitismo que encabezan los miembros de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, así como los enfrentamientos con la tropa, consideró que ante la inminente agresión debía poner en alerta a todos sus efectivos y aprestarse al ataque.
Sin embargo, a petición del Ejército, desde mediados de 1993 el gobierno federal estableció el Programa para el Desarrollo de la Región de la Selva Lacandona, Frontera Sur y responsabilizó a Luis Donaldo Colosio Murrieta para su operación y ejecución. “acciones con visión de Estado trató de llevar a cabo el entonces Secretario de Desarrollo Social, Luis Donaldo Colosio Murrieta”.
La Secretaría de la Defensa Nacional calificó la medida como la Solución Adelantada, y se congratuló considerando que su aplicación efectiva, desactivaría el conflicto en gestación. Este programa que en esencia era de asistencia social fue concluido en el mes de agosto de 1993”.
A fin de estimular y desempeñaran sus labores con mayor compromiso y eficacia, se convino que todos los miembros del gabinete realizaran las visitas a la zona del conflicto de manera paulatina (uno cada semana).
El general Riviello insiste en el hecho de que el conflicto armado se gestó diez años antes, al apuntar una serie de antecedentes:
1974.- Se celebra el Primer Congreso Indígena, en San Cristóbal de las Casas, “promovido por Samuel Ruiz”.
Agosto de 1989, en la parroquia de San Miguel Arcángel Tumbalá el sacerdote argentino Jorge Alberto Barrón Guillén, inició el adiestramiento armado.
Marzo de 1989.- La Secretaría de la Defensa Nacional informa a la de Gobernación la existencia de una red de radio operada con fines subversivos.
Agosto de 1990. Se detecta la presencia de grupos armados en algunos ejidos, principalmente, en El Mico y El Quemado y de su principal asesor, el sacerdote Heriberto Cruz Vera.
Enero 1991.- Elementos del 83º Batallón de Infantería obtiene información relacionada con el ejido Quintana Roo, sobre adoctrinamiento en actividades de subversión, política, religión y adiestramiento militar, utilizando artesanías de madera para figurar fusiles. Este lugar lo dirige el párroco de “Sabanilla” Felipe de Jesús Roussant Loera.
Septiembre de 1991.- Se detiene al párroco de Simojovel Joel Padrón González quien por intervención de organizaciones como American Watch y Amnistía Internacional logra su libertad.
Marzo de 1993.- Asesinan e incineran a dos oficiales del Ejército. Los presuntos asesinos, consignados por el Ministerio Público, quedan libres por la intervención de Samuel Ruiz, “tantas veces venerado por los glorificadores de la violencia.
“Nula resultó la intervención de las autoridades del gobierno, las tropas no tuvieron más opción que retirarse a sus cuarteles. Ganaron los intereses de los agresores y de esta simple manera lograron su supervivencia y la seguridad de reforzar y preparar el ataque. El Ejército que en estas circunstancias se encontraba limitado y maniatado, quedó en espera de la puñalada, que trataron fuera a traición y por la espalda.
“Los acontecimientos en el año de 1993, al no actuarse conforme a derecho con los transgresores, dejaron a nuestras excelentes tropas reprimidas y maniatadas, frente a un grupo armado que los embosca y los mata, pero apoyados además, por una Quinta Columna o Quinta Pluma, por algunos políticos y grupos activistas, que desde dentro y fuera del país los injuria y los calumnia, dando tiempo suficiente para preparar la justificación del movimiento armado”.
De acuerdo con el libro del general Riviello Bazán, el inicio del conflicto en Chiapas se puede establecer a las ocho de la noche, en el poblado de Las Margaritas, lugar en donde el párroco Mauricio Olvera celebró la misa de acción de gracias, con motivo del fin de año 1993, esta misa, por tradición era celebrada en punto de la media noche destacándose que en su sermón el párroco dijo a los feligreses: “es momento del cambio, va a empezar la guerra”.

Herencia
del Ejército Federal
Según el General Riviello Bazán, el Instituto Armado arrastraba, como una herencia del Ejército Federal, una pesada carga de corrupción: el préstamo dentro de la Institución. Esta costumbre, aceptada por una gran mayoría de las tropas, cubría necesidades generadas por los bajos salarios recibidos. De esta manera, soldados, clases, oficiales y en ocasiones jefes quedaban a merced, como último recurso, de los pagadores militares, o bien, de sus propios Comandantes de Compañía, bajo la protección de los Comandantes de Corporación.
Pero no fue sólo el afán de lucro de los Comandantes, aprovechándose de los más débiles, lo que dio motivo a esta práctica, también los Altos Mandos de la propia Secretaría, con su actitud negligente, dieron pie a estos abusos.
La burocracia administrativa central se desatendía de cubrir casi todas las necesidades de vida y operación de las unidades, razón por la cual, estas necesidades sólo podían ser solventadas, a juicio de los Comandantes de Corporación, con el dinero que se generaba del préstamo militar, o bien mediante la práctica, también ilegal, de mantener vacantes o desertores sin cubrir, es decir, los llamados “pilotos” o “aviadores”.
“Quizás, el hecho más lamentable y penoso de toda esta corrupción resultaba ser el que los Gobernadores y los Presidentes Municipales también proporcionaban recursos para estos menesteres, independientemente de las grandes complicidades que se creaban, dejando mucho qué desear el grado de autonomía de las unidades para actuar en los Mandos Territoriales”.
Riviello reconoce que hubiera resultado iluso de su parte pensar que sólo por decreto o por una orden estas costumbres tan arraigadas fueran desterradas.
“Desde antes del año de 1994, como hasta ahora, a casi tres lustros, sólo hemos visto un conjunto de activistas, nacionales y extranjeros, hacer uso de una intensa campaña mediática a favor de los indígenas pero sin acciones de ningún tipo que ayuden a los habitantes de esa región a salir de su ancestral atraso. Esto obliga a meditar que no existe ilusión más grande que la de creer que podemos vivir en un mundo interdependiente.
Al llegar en su libro a diversas conclusiones, el general Riviello Bazán sanciona: “La disciplina es imprescindible en los Ejércitos, pero no es disciplina el silencio impuesto. Ni es disciplina la obediencia forzada. Las Fuerzas Armadas necesitan, de manera urgente, recuperar el respeto y el prestigio perdido. Hasta hoy, sólo han sido blanco de ingratitudes, deslealtades y olvido. Y ante estas situaciones para los soldados mexicanos, únicamente les queda la satisfacción del deber cumplido”.
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