Sunday, March 22, 2009





El año 2004 ha sido, hasta la fecha, el momento de mayor extracción de petróleo por parte de los doce países mayores productores de crudo no integrados en la Organización de países exportadores de petróleo (OPEP). Y el año 2005 ha supuesto el techo de producción de Arabia Saudí, el país rey de las reservas de crudo en el Mundo, que comanda precisamente la OPEP por bombear casi la cuarta parte del precioso líquido, por parte de este conjunto de Estados. La referencia a esas fechas surge de la recopilación de datos por parte de expertos en recursos energéticos que aportan sus conclusiones en torno a la página especializada en Internet:www.theoildrum.com, de libre acceso.

De confirmarse estos hitos, la economía mundial y nuestras sociedades industriales tendrían un punto de inflexión asegurado en los libros de Historia. No es casualidad, esgrimen muchos, y desde hace años, que el comienzo de la depresión económica coincidiera en el tiempo con las primeras evidencias contundentes del agotamiento físico de la capacidad de crecimiento de los volúmenes de petróleo fácil y barato. Aunque la economía de la globalizada bolsa de valores no precise de excesivas turbulencias para, ella misma, auto inflingirse batacazos, el freno en la extracción del crudo convencional durante esos años ha generado la percepción de que el crecimiento exponencial estaba tocando a su fin. Y vaya que así ha sido.

Según los citados estudios, el techo de la producción de petróleo de Arabia Saudí se habría alcanzado en el año 2005 con 9,6 millones diarios de barriles extraídos, frente a los 9,3 del año 2008. Arabia Saudí ha protagonizado, junto a los restantes países de la OPEP, históricos recortes de producción en los últimos meses para impulsar el precio del crudo, pero se viene concluyendo que parte de esos recortes podrían obedecer a inevitables descensos en la producción por caducidad de sus mejores yacimientos, con más de medio siglo de existencia. De hecho, hay quien augura pronunciados declives a partir del año 2010, previéndose que sean éstos, con todo, de menor porcentaje anual que el de los otros países petroleros. No en vano Arabia Saudí cuenta con las reservas probadas de crudo mayores del Planeta (en torno a los 200.000 millones de barriles, de los que ya se habría extraído – en la parte ascendente de la curva – más de la mitad), aunque por eso mismo resulta más preocupante que se ponga fecha al comienzo de su declive geológico de producción, lo que supondría, según algunos expertos, el momento de no retorno del declive petrolero mundial.

Por su parte, en el año 2004 llegaron a su techo de producción la suma de los doce mayores países productores de petróleo del Mundo que están fuera de la OPEP. En el año 2008 declinó Rusia, quizás iniciando una tendencia de meseta o descenso definitivo debido a la vejez de sus grandes yacimientos, buena parte de ellos de los años 50 y 60. Ni Azerbayán ni Kazajastán están suponiendo la “nueva Arabia Saudí” que un día se esperó de ellas. Únicamente la producción brasileña, y alguna del Golfo de Guinea podrían – y sólo durante algunos años, dada la naturaleza de los yacimientos de aguas profundas – soportar los declives de las restantes, pero ocurre que países como México, Reino Unido o Noruega han decrecido de forma importante, muriendo de éxito, desde hace años, tal es así que podría darse, nos advierten, una creciente tasa de declive de la extracción a partir del año 2010, tras el que ya se ha iniciado en el año 2004.

La Agencia Internacional de la Energía advierte de “megacrisis” energética a partir del año 2013, una vez se superara la crisis financiera, y nos demos cuenta que no tenemos tanto petróleo como la economía mundial exigiría para mantener de forma sostenida sus deseos de recuperación. El papel que tendrá la crisis económico financiera, víctima y al tiempo actora en el humano proceso de extracción petrolera, unido al de otros conflictos de índole geopolítica, nos darán una imagen aproximada de la probable estrechez en la extracción, así como de la futura capacidad excedente que tendrán nuestras sociedades para mantener las perspectivas de crecimiento, tarea harto difícil sin el componente de los combustibles líquidos, esenciales para entender la globalización, habida cuenta de que son el líquido esencial del transporte y las finanzas mundiales.

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