Thursday, January 10, 2008


josé gil olmos México, D.F., 9 de enero (apro).- El gobierno panista de Felipe Calderón, como el de Fox y los surgidos del PRI, siguen la misma línea de poder: alianza con los empresarios de los medios de comunicación, acuerdos para cerrar espacios de expresión críticos y plurales como el de Carmen Aristegui.

A lo largo de las últimas dos administraciones presidenciales los panistas han demostrado que no son tan diferentes a los priistas cuando ejercen el poder. Defienden acciones o decisiones que implican detrimento social como el Tratado de Libre Comercio, se justifican por no actuar a fondo en la lucha contra el narcotráfico, manipulan los índices de pobreza y acuerdan con los empresarios para no ceder ningún espacio al cambio.

Cuando Vicente Fox tuvo los primeros indicios de una victoria, los grandes empresarios de los medios de información, tanto de televisión como de radio (Televisa y TV Azteca, la familia Aguirre, etcétera) y de periódicos (El Universal y Reforma, principalmente) hicieron nuevos acuerdos y ajustaron sus políticas de información. Entonces Marta Sahagún fue la responsable de hacerlo y sacó provecho personal al recibir el apoyo de estos empresarios para su fundación Vamos México.

Empresarios antes que periodistas, los dueños de los medios de información más importantes del país se alinearon al poder foxista. Desde Los Pinos hubo orden para marginar a los medios que no simpatizaban con el gobierno del cambio y se tomaron medidas que sólo se habían visto en los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo: como medida de represión se les marginó de la publicidad oficial y a los reporteros de estos medios se les “bajó” de las giras nacionales e internacionales como forma de castigo.

Hoy ocurre lo mismo.

El gobierno de Felipe Calderón quiere y requiere de medios de comunicación, de periodistas, columnistas, articulistas y reporteros que no le critiquen su forma de actuar, sus decisiones erradas y sus abusos de poder. Quiere medios a modo y para ello requiere cerrar espacios de crítica.

Entre los reporteros que cubrieron la campaña presidencial o que cubren las actividades de Los Pinos es conocida la intolerancia de Calderón y de su grupo a la opinión pública que asume una posición crítica o que analiza de manera profunda, sin mediar intereses. La distribución de la publicidad oficial sigue los mismos parámetros priistas de la discrecionalidad política; y a los representantes de algunos medios que no les son afines simplemente se les margina de las giras.

En los hechos la política de medios del gobierno de Calderón es la misma que aplicaban los priistas y así se seguirá, pues no se ven ánimos de cambio para regular por ley la distribución de la publicidad oficial, para que el poder público deje de ver en los medios una extensión de sí mismo y que los mismos empresarios de los medios dejen de ser apéndice del poder.

Sin embargo, la aprobación de la llamada “Ley Televisa”, la posición de la Suprema Corte de Justicia en el caso de Lydia Cacho y la salida de Carmen Aristegui de la estación de W Radio, propiedad de Televisa, reflejan que esta situación no cambiará.

Y el viejo dicho maquiavélico de “el fin justifica los medios” se ha invertido. O mejor dicho, se ha transformado, y ahora es “el medio es el fin”.

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