Monday, January 04, 2010


A la Mitad del Foro

Año nuevo, baraja nueva

León García Soler

Al llegar el frío de diciembre, algo removió el inconciente cinematográfico de Felipe Calderón: El año que vivimos en peligro, dijo. Y las sombrías imágenes de Kampuchea, las calaveras acumuladas por los sobrevivientes a las matanzas de Pol Pot, se sobrepusieron a las que rodaron por todo el territorio nacional. Pero el fantasma del hambre pareciera provocar la parábola memoriosa; el desplome del PIB, el explosivo desempleo, la multiplicación de la pobreza. Y la inconcebible presunción de que habíamos librado con bien la mayor crisis de la historia contemporánea.

Por lo que hace al recuento de calaveras, 2010 empezó como terminó 2009. Y los de la suspicacia fundada difundieron la macabra versión de que la muerte del capo en Cuernavaca fue una ejecución y el gobierno exhibió el cadáver cubierto de billetes, de sangre y de joyas, no por error o abuso de autoridades menores, sino por decisión oficial de recurrir al terror del poder constituido como réplica y respuesta al de la violencia criminal. Especulaciones sin fin en la guerra sin fin. Jugar con lumbre en el llano seco de la población inerme, víctima de la violencia, del hambre que precede a la hambruna: de la desesperanza.


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El recientemente inaugurado tren de alta velocidad en China recorre los mil 100 kilómetros que separan a las ciudades de Cantón y Wuhan en unas tres horas, corriendo a una velocidad de 350 kilómetros por hora. La obra tuvo un costo de casi 12 mil millones de euros
Foto Reuters

Año nuevo. Ya pasó el peligro en que vivimos. El miedo no. Ni en las versiones oficiosas de la recuperación que apunta en cifras cabalísticas sobre empleos creados que superan a los perdidos en las cuentas de los propagadores de la verdad oficial. Ni en el tránsito del déficit cero al cero liso y llano. Guillermo Ortiz dejó el Banco de México y antes de sonar las doce campanadas, se hizo presente la inflación que el afamado compañero de viaje de Ernesto Zedillo se empeñó en contener. Con Agustín Carstens resurgió el mal endémico del reformismo tecnocrático: si no hay para tortillas, que coman pasteles. O pan y fantasía, como el personaje de Vittorio de Sica: las reservas de divisas crecen y suman ya noventa mil novecientos treinta y tantos millones de dólares. Y a buen resguardo en bonos del Tesoro de los USA.

¿Cómo pensar en invertir si nuestros señores de las finanzas tiemblan de miedo al menor signo de desagrado de las calificadoras de la deuda pública? El mundo entero recurrió al dinero público, a la inversión estatal para contener la recesión y el miedo paralizador. Para reactivar la economía, salvo en México, donde decidieron recortar en lugar de invertir; donde no parecen capaces de distinguir entre inversión y gasto. A ver quién hace el favor de explicar a los ciudadanos que este año de 2010 van a elegir 12 (o 13) gobernadores, 508 diputados locales de mayoría relativa y de representación proporcional, así como autoridades de mil 437 ayuntamientos, en qué se gastaron y por qué no se invirtieron en obras públicas los 700 mil millones de dólares que produjo la venta de petróleo al exterior en el sexenio de Fox.

Tenemos las más altas reservas de la historia. China ha acumulado mucho más, algo así como 600 mil millones de dólares. Cuando la quiebra de Lehman Brothers demostró que el mercado no cura sus propios males, las exportaciones de China se redujeron brutalmente al colapsarse las economías de la Unión Europea y Estados Unidos; pero en Pekín elaboraron un imponente paquete de estímulos y multiplicaron el crédito; decidieron invertir, multiplicar el gasto público. Y al concluir 2009 la economía China habrá crecido a un ritmo anual de 8.7 por ciento del PIB; el consumo individual, 8.8 por ciento; y la inversión en 11.1 por ciento. Estatismo, repiten los de la ortodoxia neoconservadora. Y sin embargo, se mueve. Hace unos días Barack Obama elogió el formidable tren de alta velocidad recién inaugurado en China.

Una línea ferroviaria de mil 100 kilómetros que conecta las ciudades de Wuhan y Cantón; tres horas de viaje a 350 kilómetros por hora; obra con un costo de 11 mil 900 millones de euros: inversión pública en comunicaciones indispensables para el desarrollo: la quinta o sexta parte de lo que tenemos en improductivas reservas. El tren rápido México-Queretaro se pospuso para las calendas griegas. Y mientras diluíamos 700 mil millones de dólares en gasto corriente, reducíamos la inversión de Pemex en exploración. El zedillismo se deshizo de la red nacional ferroviaria y el proyecto de una carretera que enlace Veracruz y Oaxaca produce urticaria a los seminaristas de Los Pinos. Se unen los extremos: hay que recortar el gasto público, reducir los salarios de la burocracia. De la oligarquía, dice la izquierda mimética que propone aliarse con el PAN para hacer candidato a gobernador de Oaxaca al otrora priísta Gabino Cué.

En julio de 2009, en elecciones federales de medio sexenio, el PAN apostó a la guerra contra el crimen y a la figura del presidente valiente: perdieron hasta el modo de andar y Germán Martínez volvió a la oscuridad de alguna cartuja. El PRD se quedó a la vera del camino; el número de diputados que obtuvo, incluidos los de representación proporcional, se redujo a 71, al 14.2 por ciento del total de 500. Los seis discípulos de Dante y los inesperados 13 del PT, semillas para la siembra de la parcela de López Obrador, son contrapeso del PRD de Jesús Ortega, cuya insoportable levedad sirve para que López Obrador prolongue el combate imaginario con Marcelo Ebrard y le vea levitar bajo el conjuro camachista del centro absoluto.

EL PRI, caído al tercer lugar en las elecciones de 2006, se alzó con el santo y la limosna. Sus victorias en las elecciones de mayoría le hubieran garantizado el control de la Cámara sin la representación proporcional que propone reducir los cabales de la transición en presente continuo. Por lo pronto, tiene 237 diputados el PRI, 47.4 por ciento de la legislatura. Son mayoría y sin ellos no pasa ley alguna. Aunque vean fantasmas en las curules vecinas a las de Francisco Rojas y Beatriz Paredes; fisuras imaginarias, disputas intestinas por un poder inasible, que obliga al acuerdo donde el presidencialismo imponía unanimidad. En el Senado, Manlio Fabio Beltrones multiplica sus opciones y busca que coincidan con las del PRI.

En fin. Mientras Felipe Calderón pierde votos, los ilusionados con la erección del templo teocrático sobre las ruinas del Estado laico, se refugian en la esperanza de que las elecciones presidenciales sean como las cuentas del rosario: perdimos en 1997, en 2003 y en 2009, pero ganamos en 2000 y en 2006: en las presidenciales de 2012 vamos a volver a ganar.

Pero antes hay que salvar el obstáculo del 2010. Doce gobernadores. Trece al incluirse Guerrero. En Aguascalientes y Tlaxcala gobierna el PAN, y ni ahí parece segura la ratificación del mandato. Quizás por eso cabildean y hacen gestiones sin fin las falanges de Cesar Nava en Puebla, Sinaloa, Tamaulipas, Veracruz; y en Oaxaca, aunque sean aliados al PRD con la tácita aprobación de López Obrador. El poder por el poder mismo. Mía o de la tumba fría.

Es la recesión, estúpido. La economía mexicana no crece; se redujo casi 8 por ciento del PIB en 2009. Decrece, como el salario, como la inversión pública, como el empleo, como la educación, como la posibilidad de hacer la guerra al hambre y combatir a la pobreza. Todo cambia. Año nuevo, nueva década del nuevo milenio, pero no se vota por miedo: duele más el cuero que la camisa.


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