Cuando Atalía madre de Ocozías vio que su hijo era muerto, se levantó y destruyó toda la descendencia real.
... y Atalía fue reina sobre el país.
2 Reyes 11:1,3 (Casiodoro de Reina, 1569)
2 Kings 11 (with text - press on more info. of video on the side)
Una calle de Venecia
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BASANIO. _ Cuando era yo rapaz, tal vez solía perder de alguna flecha el leve rastro; para encontrarla entonces, disparaba en dirección igual otra certera, cuyo vuelo seguía con los ojos, y de esta suerte, aventurando entreambas, solía hallar las dos. Pueril ejemplo dirás quizá; pero te lo cito Antonio, porque el candor me dicta este discurso. Yo te debo mucho, y te lo que te debo, acaso sin salvación alguna está perdido; pero si disparas otra flecha en dirección igual que la perdida, o dudo que con tino y bien acierto, pudiera hallar las dos, o en todo caso devolverte al menos la segunda, deudor quedando, siempre agradecido por el primer favor.
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Una sala en case de Porcia, en Belmonte
PORCIA. _ Si fuera tan fácil hacer lo que se debe, como conocer lo que se debe hacer, las ermitas serían catedrales, y las chozas de los pobres palacios de los príncipes. Es un buen predicador aquel que practica la virtud que enseña; más fácil sería enseñar a veinte personas lo que conviene hacer, que ser yo misma una de esas veinte, y practicar mi propia enseñanza. Fácil le es al cerebro inventar leyes para refrenar la sangre; pero una complexión ardiente salta por encima de un frígido decreto, tan dispuesta está siempre la loca juventud a saltar por encima de las redes que el buen consejo, cual achacoso anciano, le tiende. Pero razonando y discurriendo de esta suerte, nunca llegaré a elegir marido. ¡Qué digo elegir! Ni puedo elegir a quien me gustara, ni rehusar al que me enfadara, de tal modo está refrenada la voluntad de una hija viviente por la última voluntad de un padre difunto. Dime, Nerisa, ¿no es cosa cruel que no pueda elegir a uno ni rechazar a ninguno?
Una plaza pública de Venecia
SHYLOCK. _ Tres mil ducados. Bien.
BASANIO. _ Sí, señor, por tres meses.
SHYLOCK. _ Por tres meses. Bien.
BASANIO. _ Por cuya suma saldrá fiador Antonio.
SHYLOCK. _ ¿Saldrá fiador Antonio? Bien.
BASANIO. _ ¿Me la puedes procurar? ¿Me harás ese favor? ¿Sabré al menos tu contestación?
SHYLOCK. _ Tres mil ducados por tres meses y Antonio por fiador.
BASANIO. _ ¿Qué contestas a eso?
SHYLOCK. _ Antonio es hombre de bien.
BASANIO. _ ¿Has oído algo que implique lo contrario?
SHYLOCK. _ ¡Oh!, no, no, no. Al decir que es hombre de bien, quiero que entienda su merced que es solvente. Sin embargo, su capital está comprometido. Tiene un bajel destinado a Trípoli, otro a las indias. He sabido además en el Rialto que tiene un tercer bajel en México, y una nave destinada a Inglaterra; y otros muchos negocios tiene diseminados por el mundo. Pero los bajeles no son más que tablas; los marinos no son más que hombres. Hay ratas de tierra, y hay ratas de mar; haty ladrones de mar y hat ladrones de tierra, quiero decir piratas; luego hay el peligro de las olas, de los vientos y de las rocas. Sin embargo, el hombre es solvente. Tres mil ducados... Creo que podré admitir la fianza.
BASANIO. _ Con toda seguridad.
SHYLOCK. _ ¿Conque con toda seguridad? Pues para que sea con toda seguridad, lo meditaré. ¿Podré hablar con Antonio?
BASANIO. _ Si quieres comer con nosotros...
SHYLOCK. _ ¿Sí, para atufarme de tocino; para comer en la morada en cuyo recinto tu profeta, el Nazareno, introdujo por medio de sortilegios al demonio? Compraré de ustedes, mercaré con ustedes, me pasearé con ustedes, y lo demás; pero no quiero comer con ustedes, ni beber con ustedes, ni orar con ustedes. ¿Qué nuevas hay en el Rialto? ¿Quién es este que se acerca? (Entra ANTONIO)
BASANIO. _ Es el señor Antonio.
SHYLOCK (Aparte). _ ¡Qué traza vil de publicano tiene! Le odio porque es cristiano, y lo aborrezco aun más por su humildad, por la simpleza conque hace alarde de prestar dinero sin interés, logrando de esa suerte abaratar el tipo de usura aquí en Venecia. Si una vez consigo cogerle en un descuido, haré que pruebe todo el rencor del odio que me inspira. Sé que aborrece a nuestro pueblo santo, y en los parajes donde más afluyen los mercaderes, de baldón me colma, a mí, mis tratos y mi honesto lucro, que él llama usura vil. Maldita sea la tribu en que nací, si lo perdono.
BASANIO. _ ¿Shylock, no oyes?
SHYLOCK. _ Estaba discurriendo. Pensando en los dineros que me restan; y al repasarlo todo en mi memoria, caigo en la cuenta que allegar no puedo, en este instante de tres mil ducados la entera suma. Pero nada importa; Tubal, un rico hebreo de mi tribu, me la dará. Di, ¿por cuántos meses quieres la suma? Dios te guarde, Antonio; aún suena tu nombre en nuestros labios.
ANTONIO. _ Aunque ni presto, ni prestado pido, dando y tornando con prolija usura, con todo, Shylock, por sacar de apuros aun amigo, quebranto mi costumbre. ¿Sabe qué suma deseas, Basanio?
SHYLOCK. _ Sí, sí: tres mil ducados.
ANTONIO. _ Por tres meses.
SHYLOCK. _ No me acordaba ya: sí, por tres meses, así dijiste. Venga la fianza; a todo estoy dispuesto. Pero, ahora me acuerdo que afirmaste hace poco que no prestas dinero con usura, ni lo pides prestado.
ANTONIO. _ Es mi costumbre.
SHYLOCK. _ Cuando Jacob el hato apacentaba de su tío Labán... Jacob que fuera (merced al celo de su astuta madre) el tercer poseedor después del santo patriarca Abraham... No hay duda fue el tercero.
ANTONIO. _ ¿Prestó Jacob acaso con usura?
SHYLOCK. _ No digo con usura a nuestra usanza, directamente; no: nota lo que hizo. Habiendo con Labán pactado un día que los borregos todos que nacieran de color vario, oscuros y manchados, por su salario en suerte le cupieran; a fines del otoño, las ovejas estando ya en sazón, de los borregos fueron en busca tiernas. Cuando el acto de la naturaleza estaba al colmo entre aquellos lanudos amadores, peló el pastor astuto ciertas varas, que con tal tino colocó delante de las ovejas, en el acto mismo de generar, que al tiempo de la cría parieron hijos de color listado, y fueron de Jacob. Éste fue el modo que tuvo de lucrar; y fue bendito, que el lucro honesto es bendición del cielo, si el hombre no lo roba.
ANTONIO. _ Tal recurso fue un riesgo a que se expuso a la ventura, que de su voluntad no dependía, sino de la del cielo, cuya mano obró un milagro. ¿Con tan santo ejemplo quieres acaso disculpar la usura? ¿O son también ovejas y borregos tu oro y tu plata?
SHYLOCK. _ Yo lo ignoro; los hago procrear cual si lo fueran. Pero escucha.
ANTONIO. _ Nótalo bien, Basanio; el mismo diablo, por lograr sus fines, de la Escritura santa ejemplos cita. El alma vil que apela al testimonio de veneradas leyes, se asemeja a un hombre infame con risueña cara, o a bella fruta que el gusano roe. ¡Qué hermoso aspecto tiene la mentira!
SHYLOCK. _ Tres mil ducados... Cantidad redonda. Y por tres meses... La ganancia suma...
ANTONIO. _ Dinos, Shylock: ¿admites el trato?
SHYLOCK. _ Señor Antonio; no una, muchas veces me has reconvenido en el Rialto por mis logros, mis préstamos y usuras; y siempre lo he sufrido con paciencia, doblando la cerviz, que el sufrimiento es el blasón común de nuestra raza. Me llamas infiel, y perro, y descastado, y en mi saya escupes, que es de judío; y de tal suerte me ultrajas, tan sólo porque a mi antojo con mi hacienda lucro. Pues bien, según parece, de mi ayuda necesitas; y me vienes diciendo: "Shylock, dineros pido". Así me dice quien en mi barba derramó su reuma, quien con el pie me rechazó cual perro que ajeno umbral traspasa vagabundo. ¿Dineros me pides? ¿Y qué te respondo? ¿No debiera decirte?: "¿Es posible que tenga un perro hacienda ni dineros? ¿Un perro ha de prestar tres mil ducados?" ¿O he de decir con actitud humilde, y voz servil: "Ayer, muy señor mío, a bien tuviste de escupirme el rostro; me rechazaste con el pie tal día, y me llamaste perro; ¿y ahora en pago de trato tan cortés prestarte quiero tantos dineros?"
ANTONIO. _ Volveré a ultrajarte, a aborrecerte y a escupirte el rostro; por tanto, si me prestas el dinero, no me lo prestes como a amigo tuyo; pues nunca la amistad pudiera avara por un metal estéril vil usura; antes lo prestarás a tu enemigo de quien, si falta al convenido trato, podrás pedir reparación cumplida.
SHYLOCK. _ ¡Y cómo te enojas! Ya ves, quisiera lograr tu amistad y tu afecto, borrando de mi mente los ultrajes con que mi honor manchaste; me propongo remediar tus males sin pedirte usura ni interés por mi dinero; y me vuelves la espalda. Pues mi oferta es generosa, creo.
ANTONIO. _ Tal parece.
SHYLOCK. _ Pues quiero ser generoso. Ven conmigo a casa de un notario; fírmame allí el recibo; y, como en broma, debes estipular que si en tal día, y en tal lugar, no me pagas la suma, o sumas, en el trato estipuladas, darás en cambio, por saldar la deuda, una libra cabal de tu carne, cortada y arrancada por mi mano de tu cuerpo, donde yo quiera.
ANTONIO. _ Me place el trato; he de sellarlo luego; diré que hallé un judío generoso.
BASANIO. _ No firmarás por mí tal compromiso; prefiero no salir de mis apuros.
ANTONIO. _ No temas que jamás el caso llegue de cumplir de tal suerte lo pactado; pues dentro de dos meses, un mes antes, de que se cumpla el plazo, estoy seguro de recaudar diez veces esa suma.
SHYLOCK. _ ¡Oh, padre Abraham! ¡Qué gente! ¡Qué cristianos! Por el rasero de sus duras obras miden de los demás las intenciones. Dime, te ruego: si dejara Antonio de pagarme en el tiempo estipulado, ¿qué ganaría yo con exigirle el cumplimiento del contrato? Nada. Una libra de carne humana vale por cierto menos que su equivalente en carne de carnero, buey o cabra. Y cree que si el trato le propongo lo hago por granjear su simpatía. Si te place, bien; si no, sea en buena hora. No me ofendas por la amistad que te tengo.
ANTONIO. _ Admite el trato, y firmo la fianza.
SHYLOCK. _ Pues ve al punto a la casa del notario; díctale documento tan gracioso. Yo en tanto en busca iré de los dineros; daré una vuelta luego por mi casa, que mal guardada está por un villano inútil y haragán; y sin demora me juntaré contigo. (Se va).
ANTONIO. _ Ve, buen hebreo. Se va a volver cristiano este judío; se muestra generoso.
BASANIO. _ No me placen frases de miel en boca de hombre aleve.
ANTONIO. _ No tengas miedo. El plazo no es tan breve. Mis naves tornarán un mes contado, antes que llegue el día señalado. (Se van).
SHAKESPEARE, W. El Mercader de Venecia. Grupo Editorial Tomo. Primera Edición. 2002. México, D.F.
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