Tuesday, December 02, 2008


Adiós a los cuates

Daniel Lizárraga

--Prácticamente todos los días, en los actos públicos que encabeza, el presidente de la República busca culpables de la situación crítica que vive el país. Pero el responsable de los errores y fallas que la han provocado tiene nombre y apellido: Felipe Calderón. Por sus acciones, sus omisiones, sus complicidades, el hombre que asumió el Poder Ejecutivo el 1 de diciembre de 2006 tiene al país al borde del desastre. En estos dos años, en esta tarea lo acompañó su pequeño y cerradísimo grupo de colaboradores que, por una u otra razón, ha quedado desintegrado…

Apro / El salón Manuel Ávila Camacho de Los Pinos se ha convertido en un sitio emblemático para el presidente Felipe Calderón. Ese recinto ha sido testigo de cómo se ha ido desmembrando su estrecho círculo de colaboradores. A veces orillado por las circunstancias y otras por estrategia, el segundo de los mandatarios panistas en la historia de México pretende obtener la mayoría de escaños en la Cámara de Diputados durante las elecciones de 2009.


La renuncia de Germán Martínez como titular de la Secretaría de la Función Pública (SFP) para buscar la dirección nacional del PAN fue apenas el principio de ese proyecto. La mañana del 19 de septiembre del 2007 sorpresivamente se anunció su salida del gabinete y para despedirlo habría un acto oficial. El adiós a este personaje de larga trayectoria en el albiazul no fue en la sede de la SFP. Los calderonistas decidieron hacerlo en el Salón Manuel Ávila Camacho. Ahí mismo arrancó su campaña partidista.


En las fotografías de ese lunes, Felipe Calderón apareció siempre sonriente. De buen talante miró con agrado cómo Germán Martínez estrechó efusivamente la mano de su relevo, Salvador Vega Casillas a quien la cofradía calderonista apoda El Gallo. Fue un asunto entre paisanos, los tres son michoacanos.


Él consiguió la primera casa de precampaña, luego de que Calderón fuera destapado en Jalisco como aspirante a suceder a Vicente Fox. El Gallinero, le llamaban a ese inmueble localizado en la calle de Nueva York, en la colonia Nápoles, al que se le metía el agua por todas partes cuando caía algún chubasco.


El actual presidente del PAN sólo permaneció nueve meses como secretario de la Función Pública. Semanas antes de su salida, en las columnas políticas se comentó que Felipe Calderón dudó entre elegir a Germán Martínez o a su secretario particular César Nava, como delfín para contender por la dirigencia nacional de Acción Nacional.


Poco antes de que terminara la ceremonia, integrantes del equipo de comunicación de Los Pinos informaron que Germán Martínez daría una conferencia de prensa dentro del salón Ávila Camacho.


— ¿Se vale ser candidato de Los Pinos? –preguntó alguno de los reporteros.


— Bueno, yo quiero ser el candidato de las consejeras y de los consejeros. Aquí tenemos en el partido más de medio siglo sometiéndolo a la voluntad y al examen de los consejeros. Y voy a someterme al examen y a la voluntad de las consejeras y de los consejeros del PAN.


Y luego trazó una meta sexenal: “Creo que podemos lograr buenos resultados en 2009 y repetir, cómo no, en la Presidencia de la República en 2012”.


— ¿Qué tipo de relación llevará con Los Pinos?


— Habrá mucha comunicación; una cercanía que distinga claramente los medios de los fines, para construir el bien común en México.


Ésta fue su segunda oportunidad de buscar la dirigencia panista. En marzo de 2005 tuvo que declinar en favor de Carlos Medina Plascencia, quien finalmente perdió ante Manuel Espino.


Pero en ese momento las condiciones eran ya más favorables: Germán Martínez terminó siendo candidato único. Tiempo después, ya en el año 2008, el PAN perdió todas las elecciones posibles: Quintana Roo, Baja California Sur, Hidalgo, Coahuila, Guerrero y Nayarit. De 198 ayuntamientos disputados ganaron sólo en 18 y de 115 escaños en congresos estatales obtuvieron sólo tres diputados de mayoría.

La pieza clave

En diciembre de 2007, Felipe Calderón decidió que Juan Camilo Mouriño sería secretario de Gobernación. El asunto se mantuvo en secreto durante las últimas cuatro semanas del año. En las evaluaciones al gabinete hechas dentro de la Oficina de la Presidencia, el entonces secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña no salió bien librado. La poca comunicación con el Congreso, así como el alza de los índices delictivos desencadenaron la salida de Bucareli del exgobernador de Jalisco.


Al enterarse del movimiento, Juan Camilo tuvo algunas cenas con senadores vinculados a la cofradía calderonista para informales, escuetamente, de los movimientos que vendrían. Se trataba de que él, quien era el hombre de más confianza de Felipe Calderón, dejara de operar a discreción. Ya desde la Oficina de la Presidencia controlaba a todo el Gabinete. Según consta en su agenda de trabajo frecuentemente organizaba reuniones de trabajo privadas en la biblioteca José Vasconcelos.


Un día se reunía con el gabinete de seguridad, otro con el económico y más tarde con el de infraestructura. Así veía pasar Juan Camilo sus días. No obstante, Felipe Calderón consideró finalmente sacarlo de Los Pinos para que ejerciera ya, públicamente, el trabajo que hacía desde dentro.


El anuncio oficial de su designación se hizo en el salón Ávila Camacho el 20 de enero de 2008 a las 8:30 horas. Esa mañana, Juan Camilo Mouriño habló desde un atril con el escudo nacional estampado al frente. El mismo que emplean para Felipe Calderón en los actos oficiales. Nunca antes había tomado un micrófono como jefe de la Oficina de la Presidencia. Con tono pausado, sin estridencias, dijo:


“Como mexicano es un orgullo y un honor asumir esta nueva responsabilidad al frente de la Secretaría de Gobernación. Durante los últimos años he participado en diversos ámbitos de la vida pública dentro de nuestro país; esto me ha permitido estar preparado para este nuevo encargo”.


Desde que entró al Palacio de Cobián hasta el momento de su muerte, tras la caída del avión en que viajaba la tarde del martes 4, tuvo que responder a constantes cuestionamientos y criticas sobre la forma en que obtuvo la nacionalidad mexicana.


“Los retos que enfrenta la secretaría de Gobernación –añadió– son distintos a aquéllos que se planteaban al inicio de esta administración. De inmediato señor presidente, estableceré los contactos y mantendré abiertos todos los canales de diálogo para favorecer el entendimiento, la colaboración y la construcción de acuerdos.

Así mismo, mantendré una estrecha comunicación con las autoridades estatales y municipales de las 32 entidades federativas a fin de atender de manera eficaz y corresponsable los asuntos que interesan a los mexicanos en todo el territorio nacional”.


Los calderonistas que se quedaban dentro de Los Pinos acudieron a despedir a Juan Camilo. Desde las primeras filas acomodadas en el salón, funcionarios de Los Pinos tomaron fotografías para el recuerdo. Abrazos. Gestos de nostalgia.


“En resumen –concluyó– me he planteado encabezar una secretaría de Gobernación que subraye el cumplimiento de la ley, la construcción de acuerdos con las diversas fuerzas políticas y sociales y los distintos órdenes de gobierno, que promueva el respeto por los valores de la democracia, que mantenga una relación de corresponsabilidad con los medios de comunicación, que defienda con firmeza los derechos de los migrantes y que impulse los mecanismos de atención y prevención de desastres naturales en beneficio de todos los ciudadanos.”


Estos enroques dejaron huecos en el círculo cercano del presidente. Entonces, Calderón decidió nombrar a Gerardo Ruiz Mateos como nuevo jefe de la Oficina de la Presidencia. Antes de que Juan Camilo Mouriño partiera a Gobernación, aquél se desempeñó como coordinador de Gabinetes y Proyectos Especiales de la Presidencia.


De acuerdo con el organigrama oficial, en ese puesto tuvo la responsabilidad de diseñar la agenda estratégica para alinear las políticas públicas y el Plan Nacional de Desarrollo (PND) a un proyecto de largo alcance con miras al 2030, entre otras tareas. Durante la campaña presidencial, Ruiz fue el encargado de manejar los donativos en especie aportados por los empresarios.


Pero sólo duró menos de siete meses como jefe de la Oficina de la Presidencia. La mañana del 7 de agosto de 2008, salió de Los Pinos transformado en el nuevo secretario de Economía en sustitución de Eduardo Sojo, uno de los pocos funcionarios foxistas de alto nivel que sobrevivió en el servicio público luego del cambio de gobierno.


Como en los casos anteriores, el ungimiento de Gerardo Ruiz se realizó en el Salón Manuel Ávila Camacho.

Ese día, Calderón explicó que lo eligió porque se trataba de un empresario que vivió y sufrió en carne propia los problemas para invertir y poner en marcha un negocio en México. Pero, sobre todo, porque había estado al otro lado del mostrador.


Sojo fue designado director del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).


Calderón argumentó entonces que este cambio obedeció a la transición por la que pasó el Inegi después de que se promulgara la Ley del Sistema Nacional de Información, Estadística y Geográfica, con la cual se le otorgan mayores facultades y autonomía a esa institución transformándose en una entidad autónoma similar al Banco de México.


De esta forma, Felipe Calderón colocó a cuatro alfiles en el ajedrez político: Gerardo Ruiz Mateos, al frente de Economía; Juan Camilo Mouriño, Gobernación; Ernesto Cordero Arroyo, Desarrollo Social, y uno más, Germán Martínez, quien fue removido de su cargo en la Secretaría de la Función Pública para hacerse, con el aval de Los Pinos, de la dirigencia del PAN.


El 15 de enero de este año, Calderón designó a Dionisio Pérez-Jácome Friscione como subsecretario de Egresos de la Secretaría de Hacienda en sustitución de Cordero Arroyo, quien renunció al cargo para incorporarse como secretario de Desarrollo Social.


Este funcionario se desempeñaba como coordinador de asesores de la oficina de la Presidencia de la República y previamente fue responsable del área de política económica en la Coordinación de Políticas Públicas del equipo de transición de Calderón.

La sacudida

Las piezas del tablero se movieron abruptamente el martes 4 de noviembre, cuando Juan Camilo Mouriño perdió la vida al desplomarse el avión en que viajaba luego de una gira de trabajo por San Luis Potosí. En el percance ocurrido en la Ciudad de México también falleció el secretario técnico de la Comisión para la Implementación de las Reformas en Seguridad Pública y Justicia Penal, José Luis Santiago Vasconcelos, así como siete personas más que iban en la aeronave. Además, murieron seis personas que se encontraban en tierra.


Antes de que Calderón emprendiera su reciente gira de trabajo por Sudamérica durante la cual visitó Perú, Chile y Argentina, ya había tomado la decisión de impulsar a su secretario particular, César Nava, como futuro coordinador de la bancada del PAN en la Cámara de Diputados a partir de 2009.


El anunció oficial se haría quizás a partir del lunes 1 de diciembre, una vez que pasado el festejo por el segundo año de gobierno, así como la XXV sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, donde las autoridades deberían presentar resultados una vez concluido el plazo de 100 días para atender los problemas más urgentes en materia de seguridad pública.


Pero una filtración dio al traste con los planes de la Presidencia. El jueves 28, mientras el avión presidencial TP-01 volaba de regreso a México tras dejar suelo argentino, el portal de El Universal colocó como noticia principal que César Nava renunciaría como secretario particular de Felipe Calderón y su lugar sería ocupado por Luis Felipe Bravo Mena, quien era el representante de México ante el Vaticano.


La información conseguida durante la gira por el reportero Sergio Jiménez provocó el enojo del vocero de Los Pinos, Max Cortazar. En pleno vuelo éste se dirigió hacia la parte trasera de la aeronave, sitio en el cual viajan los reporteros para decir: “Compañeros, la información que trae El Universal en internet es totalmente falsa. Hasta el momento no hay cambios en Los Pinos”.


Quienes lo vieron aseguran que estaba visiblemente molesto, desencajado, manoteando.


Horas más tarde tuvo que desdecirse. Ya en México, aun dentro del Hangar Presidencial, Max Cortazar se acercó de nuevo con los reporteros de la fuente presidencial para informarles que, efectivamente, César Nava salía de Los Pinos y su lugar sería ocupado por Bravo Mena.


Sin embargo, no era preciso señalar que el primero sería nombrado secretario técnico de la Comisión para la Implementación de las Reformas en Seguridad Pública y Justicia Penal en sustitución de José Luis Santiago Vasconcelos, como lo había informado El Universal.


Al día siguiente, César Nava anunció en Los Pinos su decisión de renunciar para contender como candidato a la Cámara de Diputados el año próximo. Al igual que el resto de los integrantes de la cofradía calderonista que han salido de Los Pinos, ese día usó por vez primera el micrófono para dirigirse a los medios de comunicación desde un atril con el escudo nacional en el frente.


Y aunque a diferencia de Germán Martínez no atendió a preguntas de reporteros, sí lanzo un mensaje político desde la casa presidencial:


“Tengo la convicción de emprender la búsqueda del apoyo ciudadano para llevar la voz y la representación de las mejores causas de la sociedad al Poder Legislativo. Al hacerlo, lo hago con plena conciencia de que el acceso a parlamento debo hacerlo desde fuera del poder mismo”.

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