Tuesday, June 23, 2009


Cuatro textos sobre los antecedentes “políticos” de Adolfo Orive

Una carta de Gaspar Morquecho, una carta de Marcos, una nota de Hermann Bellinghausen y una vieja columna del hoy neopejelagartista Jaime Avilés, sobre el ex maoísta- salinista y hoy candidato del Peje- PT Adolfo Orive… Disfrútenlas…

Presenta antecedentes políticos

¡Sorpresa! Beto Anaya y Adolfo Orive juntos otra vez. No hay la menor duda de que la ética carece de sentido para la clase política mexicana. No olvidamos ese febrero de 1974 en Monterrey cuando la policía asesinó a dos colonos de Granja Sanitaria y a cuatro posesionarios de Tierra y Libertad. No olvidamos que fue en esa coyuntura cuando Adolfo Orive echó a andar su “revolución cultural” y la “lucha ideológica” contra los dirigentes de la socialdemocracia de Política Popular que encabezaba Alberto Anaya, confrontación que derivó en un enfrentamiento entre colonos de Granja Sanitaria, resultando muerto don Sebastián, inválido el profesor Guadalajara y en la cárcel Pascual Arcibar. Más tarde los “norteños” de Orive y su Línea Proletaria fueron trasladados a las cañadas de la selva Lacandona. Ahí terminaron confrontados con Samuel Ruiz. Expulsados por los indígenas abandonaron la plaza. Si el EZLN en 1994 convocó a la sociedad civil mexicana también se hicieron presentes diversos dirigentes de la clase política nacional. Por ahí andaba Beto Anaya, mientras Adolfo Orive se convertía en flamante asesor del ex secretario de Gobernación Labastida Ochoa, hoy candidato del PT de Anaya a la ALDF. A ellos y a la clase política no les interesa el pasado… no les importa la memoria. Quizás por esto a Alberto Anaya se le conocía en Monterrey como Beto Canalla.

Gaspar Morquecho

http://www.jornada.unam.mx/2009/06/20/index.php?section=correo





***

México 1998
Arriba y abajo: máscaras y silencios


subcomandante Marcos


“Al hombre público, muy especialmente al político, hay que exigirle que posea las virtudes públicas, todas las cuales se resumen en una: fidelidad a la propia máscara (…), reparad en que no hay lío político que no sea un trueque, una confusión de máscaras, un mal ensayo de comedia, en que nadie sabe su papel.

Procurad, sin embargo, los que vais para políticos, que vuestra máscara sea, en lo posible, obra vuestra, haceósla vosotros mismos, para evitar que os la pongan –que os la impongan– vuestros enemigos o vuestros correligionarios; y no la hagáis tan rígida, tan imporosa e impermeable que os sofoque el rostro, porque más tarde o más temprano, hay que dar la cara.”

Antonio Machado, “Juan de Mairena”.

I.- México, mitad de 1998…

Recostada sobre mi hombro, suspira la mar al ver los complicados planos de esta nueva construcción ideada en largas y silenciosas madrugadas, pensada desde detrás de las máscaras que somos. De pronto un viento repentino llega azotando los árboles que son nuestras ventanas, y agita los grandes lienzos de papel llenos de dibujos, de escalonadas escalas, de incomprensibles logaritmos, de letras ilegibles que más semejan oscuras fórmulas de alquimia que cálculos científicos.

Mitad del año 1998 en México y un viento llega a romper silencios y a arrancar máscaras.

Después de una larga y pesada seca, las lluvias empiezan a asomar en el horizonte de este país al que sus gobernantes se empeñan en llevar a la catástrofe. Protegido por un rabito de nube, desde el privilegiado y dorado balcón que la mar me ofrece para estos casos, húmedo y atónito veo pasar la mitad del año de 1998 y los últimos estertores de un siglo que se niega a retirarse sin escándalos y atropellos.

Lejos de aquí el Mundial de Futbol concentra y convoca sentimientos. El sortilegio que se echa a andar cada que la pelota rueda ha sido bien entendido por dos sudamericanos, el uno para describirlo y el otro para ejercerlo. Eduardo Galeano, el recogedor de esas lluvias cotidianas que algunos llamamos “la historia de abajo”, y Diego Armando Maradona, el que usaba el balón para cantar y demostrar que la magia no tiene necesariamente que ver con alambiques y fórmulas esotéricas.

Pero desde acá arriba no veo ni a Don Galeano ni a Don Maradona. Tampoco alcanzo a ver al Olivio ejerciendo su vocación de romperredes (”y de cabezas”, dice la mar mientras trata de esconder, inútilmente, la tiradora que el Olivio abandonó en su huida, después de descalabrar al Marcelo). Veo, eso sí, a millones de mexicanos en el papel en el que siempre quisieran verlos los poderosos el de espectadores.

Detenida la historia nacional cada vez que el equipo de futbol mexicano se enfrentaba a otro, los gobernantes de este país obtenían el respiro que la realidad les negaba implacablemente. Millones de ojos puestos en tierras galas le permitieron al Poder un breve descanso. Poco duro el gusto, la derrota llegó y el impasse que el papel de espectadores permitía tocó a su fin.

En este lado del mundo, la tragicomedia de la vida política nacional se convirtió también en espectáculo, y la desordenada mascarada que se presenta a diario en los pasillos del poder en México no obtuvo aplauso alguno. Tiene tiempo que la mayoría de los mexicanos dejaron de asistir como espectadores a los escándalos con los que la clase gobernante se prepara para terminar con el siglo… y con el país. Millones de nacionales son ahora víctimas de mega crímenes y jumbo fraudes.

Si para los poderosos medios de comunicación electrónica los actos desvergonzados de la clase política mexicana son una mercancía cuyo éxito de exhibición se mide en puntos de “rating”, para la inmensa mayoría de los que malviven y mueren entre el río Bravo y el Suchiate no son sino la continuación de un crimen de Estado que abarca casi la totalidad de la centuria.

Empeñados en alertar a la ciudadanía sobre el crecimiento de la delincuencia y la violencia, algunos medios de comunicación (aquellos ligados al gobierno) ocultan lo fundamental: los delincuentes más sanguinarios y brutales ostentan puestos gubernamentales (o tienen fuertes ligas con ellos), y la violencia encuentra en el gobierno federal su principal ejecutor, su más grande promotor y su apologista por excelencia.

En el espectáculo de la “gran” política mexicana, la confusión de máscaras y parlamentos impide saber a ciencia cierta quién es el juez y quién el criminal, quién el fraudulento y quién el defraudado.

Pero cada vez es más claro que el México de finales del siglo XX tiene en el sistema de partido de Estado su cara más criminal. En este México la creciente criminalidad de Estado (aquella que se ejerce desde el Poder político) sólo se ve igualada por la impunidad que dan el dinero, las influencias y la cercanía (o la pertenencia declarada o vergonzante) al círculo selecto en torno a aquel que algunos todavía llaman (no sin rubor es cierto) “el señor presidente”.

La mitad del sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León tiene sellos indelebles, pero el más sangriento es el crimen cotidiano de un modelo económico impuesto con los inapelables argumentos de las bayonetas, la cárcel y los cementerios. Cada tanto, ese crimen de Estado logra lúgubres destellos. Aguas Blancas en el Guerrero de junio de 1995. Acteal en el Chiapas de diciembre de 1997. El Charco en el Guerrero de junio de 1998, y Unión Progreso y Chavajeval en el Chiapas de junio de 1998.

Esta cara, la más irracional que el Estado mexicano haya tenido en toda su historia, oculta su horripilante imagen detrás de una máscara. Y el sonido de la sangre que cobra día a día, se calla tras un silencio.

Pareciera evidente que las máscaras ocultan y los silencios callan.

Pero es verdad que las máscaras también muestran y que los silencios hablan.

Ocultar y callar, mostrar y hablar máscaras y silencio. Estos son los signos que ayudarán a entender este fin de siglo en México.

Sí, éste es un país de máscaras y silencios. Se lo digo a la mar y ella me contesta, desde detrás de su pasamontañas, con un silencioso gesto de paradoja más que elocuente, mientras enrolla y guarda los grandes planos.

Pero yo le digo, y me digo que hay de máscaras a mascaras, y de silencios a silencios.

Están, por ejemplo:

II.- Las máscaras y los silencios de arriba.

“Ya he oído hablar de sobra de vuestros maquillajes: Dios os ha dado una cara, y os hacéis otra; andáis a brincos, os contoneáis, pronunciáis mal, ponéis apodos a las criaturas de Dios, y hacéis de vuestra ignorancia vuestra lascivia.”
“Hamlet”, William Shakespeare.

¿Cuál es el papel del gobierno en una sociedad? ¿Cuál debe ser su papel? Estas preguntas se las hacen los partidos políticos, los analistas y la sociedad. Muchas son las respuestas para una y otra cuestión, pero el gobierno mexicano tiene las suyas y, no obstante los dislates de los 4 jinetes del Apocalipsis –Zedillo, Labastida, Green, Madrazo, Gurría, Ortiz, Rabasa y Albores (sí, ya sé qué puse 8, pero 4 son jinetes y 4 son bestias, escoja usted)– las impone a sangre (que aportan los de abajo) y fuego (que disparan los de arriba).

Faltos de la legitimidad que sólo se obtiene de los gobernados, estos personajes de la tragedia mexicana de fin de siglo, la suplen con una máscara hecha ex profeso, la del Estado de Derecho. En nombre del “Estado de Derecho” se imponen medidas económicas, se asesina, se encarcela, se viola, se destruye, se persigue, se hace la guerra.

Sin argumentos racionales, sin legitimidad, sin moral, el gobierno de México echa mano de su único recurso: la violencia. Pero no es contra el crimen organizado o contra la delincuencia que el gobierno dirige esta violencia (es decir, no la usa contra sí mismo), es contra los más empobrecidos, es decir, una mayoría ya inmensa, pero que sigue creciendo al mismo ritmo que se derrumba el país.

Pudiera parecernos que un derrumbe tiene un sonido atronador, pero, en este caso, un silencio lo cubre y lo presenta, el silencio de la desmemoria.

Para suplir la falta de legitimidad con la legalidad, el Estado Mexicano (y no sólo el gobierno) debe realizar una complicada operación quirúrgica en el todo social. Es decir, debe extirpar la memoria histórica de los gobernados. Y trata de hacerlo supliendo la historia real (con minúsculas) con la Historia Oficial (con mayúsculas). Y esta Historia Oficial no se aprendió en los libros, sino que fue creada en los laboratorios mentales de los postgrados en universidades extranjeras. Harvard, Oxford, Yale, y el Tecnológico de Massachusetts son los modernos “padres de la Patria” de los actuales gobernantes mexicanos. Así la Historia Oficial llega tan lejos como los índices de crecimiento económico y, en un mundo que padece ya el terror financiero de la globalización, éstos tienen la constancia de una veleta de viento en medio de una tormenta. Así que el presente es la única historia posible para estos “chicos del pizarrón” (como los nombrara Carlos Fuentes), los “muchachos de la computadora” (como los llamara no-se-quién), o el “Cártel de los Pinos” (como los conocen sus socios narcotraficantes). Si la constancia y el pesado y trabajoso andar son las características de la historia de abajo, lo efímero es el lugar predilecto de la Historia Oficial, la desmemoria renombrada. El “Hoy” de las bolsas de valores es el referente histórico de estos tecnócratas que, gracias al criminal Carlos Salinas de Gortari, hoy se encuentran en el poder político en México. Esta Historia Oficial tiene su máscara.

La Máscara de la “Modernidad” ¿Le parece atractiva? ¿Funcional? ¿Aerodinámica? ¿Biodegradable? ¿”Cool”? ¿”Light”? No es nada de eso, pero se vende y se consume con argumentos parecidos. La Modernidad de los gobernantes neoliberales en México muestra un país vacío y seco. A pesar de los esfuerzos de publicidad y mercadotecnia, y no obstante los millones invertidos en cosméticos y maquillajes, la máscara de la Modernidad mexicana se descascara cada vez más. Y cada vez es más difícil no ver lo que oculta: la destrucción de las bases maternales del Estado Mexicano, es decir, las bases de la Soberanía Nacional.

Con la “modernidad” como columna vertebral, una serie de argumentos (máscara sin duda) se esgrimen para justificar (en el doble sentido de “hacer justa” y “dar razón de ser”) la vertiginosa destrucción de todo aquello que le permite a un país hacer que la “soberanía nacional” no sea un mero recurso retórico. Propiedad de las riquezas del subsuelo, de los mares y aires territoriales, de las vías de comunicación, de las empresas con función social (educación, salud, alimentación, vivienda, seguridad), política social, control efectivo del mercado financiero y comercial, moneda, lengua, gobierno, fuerzas armadas, historia, estas son algunas de las bases necesarias para un Estado. Por diversos métodos, bajo máscaras distintas, pero siempre con la misma urgencia, estas bases de la soberanía nacional han sido debilitadas, cuando no francamente destruidas por los gobiernos neoliberales de Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari y (el alumno supera a sus maestros) Ernesto Zedillo Ponce de León.

Con las máscaras de la “reconversión industrial”, la “adecuación a los tiempos modernos de globalización”, la “racionalización del gasto público”, la “eliminación de subsidios que impiden la libre competencia y el desarrollo económico”, la “lucha internacional contra el narcotráfico” y el “fin del Estado populista”, los gobiernos mexicanos desde 1982 hasta la fecha han operado una verdadera campaña de exterminio en contra de los sostenes fundamentales de la soberanía nacional.

Malbaratando empresas estatales, cediendo a las presiones de los mercados internacionales, abandonando sus funciones de servicio social (o permutándolas en funciones de compra votos), liberando precios de productos básicos y controlando salarios, enganchando el futuro de la moneda nacional al arbitrio de los grandes centros financieros, plegando sus acciones de gobierno a las campañas publicitarias que el mercado de venta de naciones exige, adjudicándole a las fuerzas armadas nacionales el papel de policías de barrio en la aldea global, reescribiendo (y borrando) la historia nacional, pensando en dólares, en fin, de muchas formas los últimos gobiernos de México han conseguido que este país cada vez sea menos nuestro y menos país.

Haga usted cuentas. ¿Qué le queda al Estado Mexicano para poder decir que es soberano? Cientos de empresas estatales han sido vendidas, la pomposamente llamada “bolsa mexicana de valores” parece sucursal de las bolsas asiáticas (y eso que vendieron la idea que sería sucursal sí pero de las norteamericanas), lo único constante en los precios de los productos básicos es su alza, el peso mexicano carece de ídem en el mercado cambiario internacional, los gobernantes mexicanos piensan en inglés y sólo se traducen al español cuando se dirigen a los nacionales (aunque no con fortuna, como lo demostrara la canciller Green), el ejército federal mexicano realiza (bajo las órdenes de asesores norteamericanos) en las montañas nacionales la misma tarea que el General Custer hiciera con los indígenas en Estados Unidos, y los altos funcionarios del gobierno mexicano responden prontos y ciertos a la pregunta “¿cuál es el día de la independencia?” con un contundente “el 4 de julio”. ¿Escandaloso? Bueno, para esto se echa mano del Olvido. Otro silencio

Sí, olvidar lo que fuimos, lo que nos trajo hasta acá. Olvidar todo el pasado, no sólo el de engaños y dolores, también, y sobre todo, el de luchas y rebeldías. Pero la peculiaridad de este olvido es que no se trata de borrar lo anterior, sino de condenarlo, avergonzarse de él, lamentarlo. Como es evidente, aquí todo intento de “traer” la historia al presente es una subversión de la “paz y la tranquilidad”, es una ilegalidad, en fin, algo que hay que combatir. Ahí tiene usted, por ejemplo, a esos indios que se “traen” a Zapata a estos tiempos de moderna globalización y lo ponen a hablar y hacer historia. Y (¡es un escándalo!) hasta en el Internet se escucha ese grito terrorista de “¡Zapata Vive!”. Una subversión, ni hablar. ¡Tan bien que estábamos con ese Zapata en la tumba, el museo y el libro nunca abierto! Por tanto, son ilegales y subversivos los que se “traen” a Zapata, es ilegal y subversivo el tal Zapata por las pesadillas que provoca, y, ergo, es ilegal y subversiva la historia–no sólo porque cuestiona el hoy, también porque induce a creer (¡y a luchar!) que es posible otro hoy–. Y para ocultar este silencio, se usa una máscara.

La Máscara de la Macroeconomía. Ahí tiene usted los discursos del señor Zedillo, una muestra de contagioso optimismo, donde nos explica-regaña-advierte que la recuperación-económica-es-irreversible- y-la-fortaleza-de-nuestros-indicadores-económicos-demuestran-que- podemos-resistir-las-crisis-al-mínimo-costo-y-¡qué-suerte-tienen- ustedes-compatriotas-de-tenerme-a-mí-como-su-gobernante! -bla-bla-bla-bla-bla-bla-bla…

“¡Ah los logros macroeconómicos!” Pero, ¿dónde están? ¿En las fortunas de los hombres más ricos de México y el lugar que ocupan en la “lista de Forbes”? ¿En los salarios? ¿En los precios? ¿En el empleo? ¿En la seguridad social? Busque usted, busque y encuentre que, detrás de la máscara macroeconómica, se oculta un modelo económico que ha sido impuesto al país desde principios de la década de los ochentas, 16 años de una política económica, suficientes para evaluarla.

¿Resultados? Además de la pérdida de la Soberanía Nacional, tenemos un retroceso histórico de… ¡30 años! Sí, el México 98 y el México 68 no sólo coinciden en tener al frente del gobierno a un asesino con la banda presidencial cruzándole el pecho, también coinciden el crecimiento de la pobreza y el crecimiento del número de pobres, la concentración de la riqueza en cada vez menos manos, y el deterioro de los servicios sociales que, antes, aliviaban la vida de los mexicanos.

De 1968 a 1977 baja rápidamente la proporción de la población en pobreza, entre 1977 y 1981 esta disminución se acelera. “Se habría logrado así reducir en 18 años la pobreza de más de las tres cuartas partes de la población a menos de la mitad. Sin embargo, después de 1981 habría ocurrido un brusco cambio de tendencia por el cual la pobreza no sólo habría dejado de disminuir sino que habría empezado a aumentar aceleradamente”. (Boltvinik, Julio. “Economía y bienestar. México al fin del milenio”, en Vientos del Sur, 12-13, 1998. México; y Hernández Laos, Enrique. “Crecimiento económico y pobreza en México”, citado en Boltvinik J. Ibid.).

Ahora, a principios de 1998 estamos en los niveles de pobreza de 1968, 30 años perdidos. Además, hoy tenemos menos posibilidades de mejorar nuestra situación económica, “(…) las oportunidades para el bienestar de los mexicanos en 1996, tras casi tres lustros del modelo neoliberal, no sólo no ha crecido sino que son 30% más bajas que en 1981. Esto resulta de una doble incapacidad del modelo. Por una parte, la incapacidad para hacer crecer el ingreso más rápido que las necesidad. (…) Por otra parte, la incapacidad creciente para distribuir equitativamente el ingreso entre la población (…) Es decir, el modelo fue incapaz de crecer pero además concentró el ingreso más y más en pocas manos, disminuyendo con ello las oportunidades de bienestar para la población”. (Boltvinik, J. Ibid).

Claro que estos datos macroeconómicos no serán del gusto de los señores Gurría y Ortiz (y dudo que puedan refutarlos), pero el hecho real es que hay otra “macroeconomía”, la de los de abajo, menos salario, menos y peor educación, menos y peor vivienda y servicios, menos y peor salud, menos y peor alimentación. Sí, detrás de esa máscara hay una catástrofe.

Sumado a esto, agregue usted unas siglas, Fobaproa, y tendrá completo un cóctel de pesadilla además de con su pobreza, millones de mexicanos deberán ahora cargar con el rescate de esos otros criminales, los banqueros, que usan el “Estado de Derecho” como coartada y tienen en el gobierno a un cómplice y alcahuete siempre dispuesto.

Indignante, es cierto. Pero.

¡Silencio! Nada se puede hacer, es la fatalidad de la globalización imponiéndonos un silencio inapelable y un religioso conformismo. No debe preocuparnos el que esta resignación haya llegado hasta La Habana, sino que la destrucción de las Naciones (que va aparejada, esa sí remediablemente, a la globalización) se nos presente como algo evidente, es decir natural, incuestionable y sin contradicciones.

Ciertamente el neoliberalismo ha construido con el gran capital financiero un enemigo formidable, capaz de dictar guerras, quiebras, dictaduras, “democracias”, vidas y, sobre todo, muertes en cualquier rincón del mundo. Sin embargo, este proceso de globalización total (económica, política y cultural) no significa una inclusión de las distintas sociedades, incorporando sus particularidades. Por el contrario, implica una verdadera imposición de un, y sólo uno, pensamiento: el del capital financiero. En esta guerra de conquista todo y todos deben subordinarse al criterio del mercado, lo que se oponga u obstaculice será eliminado. Pero, además, implica la destrucción de la humanidad como colectivo sociocultural y la reconstruye como pieza del mercado. Oponerse al neoliberalismo, combatir en contra de él no es sólo una opción política o ideológica, es una cuestión de supervivencia de la humanidad. Alguien advirtió que ir contra la globalización era como ir contra la ley de gravedad. Así que ni modo, ¡abajo la ley de gravedad!

La destrucción de México como Nación debe ser ocultada. Así que es necesaria otra máscara, la del Chauvinismo. Motivados por el afán de paz y tratando de detener el exterminio de indígenas que el gobierno mexicano lleva adelante en tierras chiapanecas, cientos de hombres y mujeres de México y de otras partes del mundo llegaron al sureste mexicano. Nada más incómodo para los criminales que el tener testigos del laboratorio de exterminio que han montado en suelos indios, así que de la inefable Secretaría de Gobernación vino la doble receta: para los nacionales la cárcel, para los originarios de otros países la expulsión (previa campaña xenofóbica en prensa, radio y televisión). De pronto, con explicaciones a cual más de estúpidas, el principal vendedor de la Soberanía Nacional tuvo un arranque de patriotismo y, al grito de “¡el extranjero bueno es el extranjero mudo y ciego!” se dio en perseguir, hostigar y expulsar a todos aquellos nacidos en otros suelos que suman su corazón a la lucha por una paz con justicia y dignidad. Para los cientos de observadores extranjeros sobran golpes, violaciones, amenazas, insultos. Para los “inversionistas” extranjeros abundan las caravanas serviles, los halagos, las adulaciones.

Y, como grotesco adorno de esta máscara, viene el silencio de la Traición. Sí, traición a la palabra empeñada en San Andrés. Traición a quienes creyeron en el camino del diálogo. Traición a los que lucharon por la paz. Traición a quienes pensaron que era posible que el gobierno reconociera los derechos de los pueblos indios. Traición a quienes esperaron que se detuviera la guerra en el sureste mexicano. Y la traición, la destrucción, el olvido, necesitan un soporte ideológico, una “teoría” que le dé a los crímenes la razón que la historia les niega con empecinamiento.

Así que aquí viene la Máscara de la “Objetividad Intelectual”. La portan algunos personajes de la vida cultural en México que tienen paso franco en las salas del poder político, económico y religioso. Su primer escalón fue ponerse críticos contra los críticos del sistema político.

Con la supuesta “autoridad moral” que da el arrepentimiento, esos intelectuales arremetieron contra los colegas que no los siguieron en su frenética carrera con rumbo a la claudicación. “La operación de descrédito de la razón crítica fue protagonizada por una beautiful people intelectual, compuesta mayoritariamente por ex jóvenes filósofos, ex jóvenes sociólogos y ex jóvenes líderes de opinión que conocían los caminos que llevan a la mesa del señor según la antigua enseñanza del escriba sentado“. (Vázquez Montalbán, Manuel. “Panfleto desde el planeta de los simios”, Ed. Drakontos, Barcelona, p. 144). A ese paso siguieron otros, y pronto compartieron la mesa con los grandes jerarcas políticos, financieros, religiosos, culturales, es decir, con las voluntades que ahora conducen el sanguinario vehículo del neoliberalismo en México. “El poder pragmático no sólo ha contado con maestros de elegancia para codearse con la vieja y la nueva oligarquía financiera, sino que también ha dispuesto de un coro de intelectuales orgánicos que le ha ayudado a no escribir ni una línea, ni tener una idea por su cuenta, al tiempo que le abastecían de la ideología indispensable para ir tirando y de una colección completa de ditirambos“. Ibídem.

En algún momento, estos profesionales de la apostasía pasaron, de ser bufones de la corte con estudios profesionales y/o obra publicada, a convertirse en “consejeros”. A cambio de compartir las migajas de la mesa del Poder (y de recomendaciones que les significaron ventajas económicas apreciables), estos ideólogos orientan y aconsejan a nuestros gobernantes. Claro que no siempre las cosas salen como las suponen los asesores y asesorados. Y no sólo por el continuo vaivén de sus posiciones políticas y “serios” análisis (ejemplo: Jorge Alcocer, de la camada de los intelectuales del salinismo, un día anuncia que formará un partido de izquierda y a la mañana siguiente entra en funciones como subsecretario de Gobernación), también (y sobre todo) porque la realidad no es entendida como es sino que se aconsejan decisiones partiendo de que la realidad debería de ser lo que el Poder desea que sea.

Hay una larga lista de fracasos, pero con sólo mencionar “Chiapas” tenemos uno en el que se representan los demás. Los ex intelectuales independientes y hoy pendientes asesores, aconsejaron “mano dura” y “firmeza” en el trato gubernamental a los rebeldes indígenas del sureste mexicano. “Todos los costos ya han sido pagados, no tenemos nada que perder”, dijeron para sustentar su recomendación de usar la vía militar para solucionar definitivamente el conflicto. Aconsejaron también una “nueva política de medios” (nombre con el que, en el gobierno y sus asesores, se conoce a los discursos en actos públicos, las ruedas de prensa y las entrevistas banqueteras) que fuera congruente con la “política de hechos” (c’est a dire de guerra) que se estaba llevando adelante en las comunidades indígenas del país. Resultado: ladridos, consignas, regaños, bravatas, amenazas, dichos y contradichos (”conflictos intragubernamentales” diría la PGR refiriéndose, no al asesinato de Colosio, sino a las declaraciones de Zedillo, Labastida y Rabasa).

Las consecuencias de estos hechos y palabras no sólo las sufren los indígenas víctimas de la campaña de exterminio en su contra, no sólo Zedillo que se mancha cada vez más las manos con sangre morena, no sólo Labastida que ve arruinarse su carrera política a la presidencia de la república, no sólo Rabasa que se ve en la necesidad de demostrar que no hay tontería que diga que no pueda ser superada (por él mismo) con creces al día siguiente, no sólo el “mariscal” Albores que tiene ya un lugar privilegiado entre los asesinos y ladrones de este siglo.

No sólo ellos, las consecuencias también las pagan los intelectuales que no están “ni de uno ni de otro lado”. Con su campaña militar y de medios, el gobierno sólo ha conseguido adelgazar más el ya estrecho pasillo de las posiciones intermedias. Así, los “neutrales” se ven atrapados en un falso dilema: apoyan al gobierno o apoyan a los rebeldes.

La cortesía de miras contribuye a que cundan la desesperación y los clamores por el fin de la “chiapanización” de la vida nacional.

Chiapas es un problema de opinión pública: estando la palabra de guerra y las acciones violentas sólo del lado gubernamental y del lado de los rebeldes un silencio que les parece abismal, los intelectuales de la “neutralidad” están incómodos porque si aplauden discurso y práctica gubernamentales se ponen del lado de la irracionalidad y el crimen, y si lo critican se ponen del lado de unos encapuchados que, además de rebeldes, son indígenas.

Es comprensible su desesperación, la guerra que el gobierno realiza en Chiapas y Guerrero salpica ya para todos lados y amenaza con manchar plumas y pulcros análisis.

Pero hay quien no se inmuta ante el dilema y abraza con ferviente y religiosa devoción la tarea de “dar razón” al crimen de Estado que se opera en el México indígena.

Sin embargo nada es miel sobre hojuelas, los errores se suceden vertiginosamente y provocan malestar en los asesores oficiosos. La molestia de estos intelectuales ante las torpezas gubernamentales esconde la insatisfacción por asesorías despreciadas. Los intelectuales del aniquilamiento indígena “por razones de Estado” se incomodan por la tardanza gubernamental en poner “punto final” a la piedra en el zapato.

Afortunadamente, cada vez son menos y están más solos los intelectuales de la objetividad criminal (al igual que su asesorado). Hay, en cambio, medios informativos que tienen el honor de contar entre sus páginas y micrófonos a analistas políticos, periodistas y artistas que se niegan a los malabares que quiere imponerles el gobierno y siguen diseccionando los problemas nacionales (y tomando posición frente a ellos) buscando soluciones incluyentes, pacíficas y racionales.

Perdida la razón, la historia, la legitimidad y la Nación, poco le queda al sistema político mexicano. Piensa que ya sólo una máscara podrá salvarlo y llevarlo vivo (aunque ya no sano y completo) a la otra orilla de este siglo: La Máscara de la Guerra.

Sí la guerra en

III.- 1998. El Ejército Federal Mexicano: Entre Angeles y Huertas.

(Audio para ser usado por cualquier medio informativo al servicio del supremo. Las imágenes serán las de los ataques a las comunidades de Chavajeval y Unión Progreso, en el municipio autónomo de San Juan de la Libertad, Chiapas Rebelde, el 10 de junio de 1998).

Vea usted a los soldados federales: tan jóvenes, tan fuertes, tan bien alimentados, tan bien equipados, tan bien entrenados, tan tan. Véalos combatir heroicamente desde detrás de sus tanques, su artillería ligera, sus helicópteros y aviones bombarderos. Vea usted con qué decisión y valentía disparan y se enfrentan al enemigo. ¡Cuánta entrega! ¡Qué heroísmo tan grande! ¡Qué arrojo! ¡Qué desprecio por el peligro! ¡Cuánto compromiso en la defensa de la soberanía nacional! ¿No son admirables? ¿No siente usted ganas de entonar el Himno Nacional en aquello que dice “Mexicanos al grito de guerra…”?

Esto es patriotismo. No importa que del otro lado, del lado del “enemigo”, sólo haya machetes, piedras, palos, manos, uñas, dientes. No importa que del otro lado, del lado del “enemigo”, estén indígenas mexicanos, los que primero poblaron estas tierras, los que resistieron la guerra de conquista, los que nacieron la Patria luchando con Miguel Hidalgo, José María Morelos, Vicente Guerrero, los que pelearon contra los gringos en 1847, los que combatieron al lado de Juárez contra la invasión francesa, los que pusieron carne, sangre y reclamos de justicia en la revolución de Villa y Zapata, los que se niegan a ser liquidados por un modelo, el neoliberal, que les hace una guerra de exterminio por todos los medios y en todas las formas.

No importa, vea usted combatir a los bravos soldados federales.

No vea las violaciones, los golpes, las ejecuciones, el exterminio de hombres, mujeres, niños y ancianos. No vea el éxodo de decenas de miles de desplazados.

No vea. No escuche.

Sólo oiga al Comandante Zedillo, al jefe de estos soldados que les ha ordenado salvar a México… de los más mexicanos de todos.

Vea y escuche lo que le mandamos que vea y escuche.

¡Esto es nacionalismo! ¡Esto es ser patriota! ¡Esto es el “Estado de Derecho”! ¡Esto es el Ejército Federal! ¡La garantía armada de la defensa de la Soberanía Nacional!

¡Tan fuertes sin importar que al frente estén los débiles! ¡Tan valientes a pesar de que combaten contra los inermes! ¡Tan osados no obstante que se enfrentan a los indefensos!

No vea ni escuche a su comandante en jefe bajar la cabeza, vergonzante, ante su par norteamericano. No vea ni escuche el torpe y grotesco “servicio de traducción” con el que su canciller pretende ocultar la cobardía del gobierno de Zedillo frente a las fauces abiertas del imperio de las barras y las turbias estrellas. No vea a su ejército, el federal, rendirle honores militares de mando supremo al jefe del ejército… norteamericano. No vea a los oficiales mexicanos rendir cuentas y seguir las órdenes de sus “asesores” estadounidenses.

No vea ni escuche el silencio de esos indígenas mexicanos que luchan por democracia, libertad y justicia.

No vea ni escuche ese anacrónico “Para todos todo, nada para nosotros”. ¿A quién se le ocurre en estos tiempos de “sálvese quien pueda”?

No vea ni escuche la realidad.

Estos indígenas (”zapatistas” creo que se autodenominan) son el enemigo principal, son los vende patrias; los que quieren entregar la soberanía nacional a oscuros intereses extranjeros; los que quieren rebelarse contra la injusticia económica; los que exigen que el que mande, mande obedeciendo; los que demandan democracia para todos, los que quieren un lugar en la Nación; los que luchan por justicia; los que quieren techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación; los que defienden la independencia de México; los que quieren un mundo nuevo, uno mejor…

¿Qué estoy diciendo? ¡No escuche! ¡No vea! ¡Aplauda!

¡Ahí están nuestros bravos soldados matando al oscuro enemigo (el color de su piel los delata)!

¡Grite usted! “¡Viva México!” ¡Otra vez! “¡Viva México!”

Vea y escuche el parte de guerra que estos abnegados soldados entregan a su jefe, el comandante Ernesto Zedillo Ponce de León, y que en exclusiva le ofrecemos en este canal:

Parte de Guerra # 1998/6.

A: Ernesto Zedillo Ponce de León. Comandante Supremo.
De: Grupo de Mando Operativo del Ejército Federal.

Teatro de Operaciones: el sureste mexicano.

Campaña Militar: “El Estado de Derecho por la vía del hecho”.

Fecha: Del 22 de diciembre de 1997 al 10 de junio de 1998.

Número de efectivos de las fuerzas gubernamentales: 60,000 (Nota: no incluye el número de tropas especiales, ésas a las que la oposición llama “paramilitares”).

Ingenios militares de las fuerzas del supremo gobierno: Tanques de Guerra, tanquetas, vehículos Hummer, aviones de reconocimiento, aviones de combate y bombarderos, helicópteros, obuses, morteros, artillería ligera, ametralladoras, fusiles automáticos, granadas, equipos de sobrevivencia electrónica.

Número de efectivos de los transgresores de la ley: 300 (incluye al payaso encapuchado que los comanda).

Ingenios militares de las fuerzas rebeldes: escopetas de chispa de las llamadas “chimbas”, rifles .22, palos, machetes, piedras, manos, uñas, dientes, palabras y (según descubrieron nuestros inteligentes servicios de inteligencia)… silencios.

Acciones Realizadas:

.- Acteal, Chenalhó, Chiapas: 45 bajas al enemigo (hombres, mujeres y niños incluidos) realizadas por nuestras tropas especiales en acción táctica que llaman “encubierta”.

.- Distintas comunidades indígenas, Chiapas: Un número indeterminado de armas decomisadas (previamente sembradas por nosotros), libros subversivos como “el evangelio según el payaso encapuchado”.

.- Navil, Tenejapa, Chiapas: Dos costales de frijol (que demuestran que los transgresores preparaban una guerra bacteriológica) y unas armas que plantamos.

.- Chavajeval, El Bosque (”San Juan de la Libertad” para los transgresores de la ley), Chiapas: 3 bajas al enemigo producto de nuestro valiente y osado fuego de artillería ligera, morteros y ametralladoras terrestres y áreas.

.- Unión Progreso, El Bosque, Chiapas: 5 enemigos ejecutados por el delito de haberse rebelado contra las sacrosantas instituciones.

.- Amparo Aguatinta y Taniperla, en los sedicentes municipios autónomos de “Tierra y Libertad” y “Ricardo Flores Magón”, Chiapas: 2 casitas de madera quemadas, un mural destruido, decenas de detenidos (vivos, desgraciadamente).

.- Estado de Chiapas en general: un número indeterminado de muertos, heridos y prisioneros producto de acciones de las que llaman “encubiertas” y de la aplicación estricta de la ley.

Resultado: sonoro triunfo del estado de derecho que usted dignamente representa.

Muy señor mío: las armas nacionales se han cubierto de gloria.

Rúbricas.

PD: ¡Sí se puede!

PD: Es de destacar la abnegada labor y sobrada inteligencia del mariscal de campo Roberto Albores Guillén, bajo cuyas órdenes tenemos el honor de servir a la República.

PD: del mariscal Albores: grrrr, guau, guau, arfff, grrr.

Respuesta:

Al: Grupo de Mando Operativo del Ejército federal.
De: Ernesto Zedillo Ponce de León.

Felicitaciones. El Ejército federal no saldrá de Chiapas. Seguirá adelante en el cumplimiento de la legalidad y la implantación del estado de derecho.

Sólo me queda decirles: muchachos, ¡duro con ellos!

“Todo con la violencia, nada con la política”.

EZPL.

Rúbrica.

PD: Un gran abrazo (y unas croquetas) para mi fiel amigo y servidor, el mariscal de campo Albores.

PD: Nunca antes tan pocos (yo y los que me apoyan) debieron tanto a tantos (federales).

PD a la PD: ¿No iba así?

Vea y escuche a estos valientes soldados, aplauda a sus preclaros jefes.

No vea ni escuche a los otros soldados, a los que combaten los incendios y ayudan a la población en los desastres naturales. No vea ni escuche a los soldados que pelean contra el narcotráfico nacional e internacional. No vea ni escuche a los soldados muertos en el combate contra el fuego del crimen organizado que significa destrucción, hambre y miseria para cientos de miles de personas.

No vea ni escuche a los soldados que cayeron, esos sí, en el cumplimiento de su deber.

Para estos soldados no hay ni un aplauso, ni una palabra, ni un saludo.

Para estos soldados sólo hay un silencio, el del olvido.

No vea ni escuche a los soldados que combaten incendios en varios estados del país.

Vea y escuche (¡y aplauda!) a los soldados que provocan incendios y adoran el fuego en el sur y sureste mexicanos.

Vea y aplauda a los soldados Huertas. No vea ni escuche a los soldados Angeles.

No vea, no escuche. Tome su máscara y su silencio. No vea, no escuche. No elija…

General Felipe Angeles. Oficial del Ejército federal en tiempos de la Revolución Mexicana, se pasó a las filas rebeldes y puso su ingenio y conocimientos al servicio de la causa de los oprimidos. Combatió bajo las órdenes de Francisco Villa en la División del Norte. Sus compañeros de armas en el ejército gubernamental de entonces lo tacharon de traidor a la patria.

La historia lo recuerda como un militar patriota.

General Victoriano Huerta. Oficial del Ejército federal en tiempos de la Revolución Mexicana, se puso bajo las órdenes del embajador de los Estados Unidos de Norteamérica y ejecutó al entonces presidente Francisco I. Madero. Encabezó la contrarrevolución y organizó matanzas de indígenas y destrucción de poblados en su campaña militar contra un transgresor de la ley autodenominado “Emiliano Zapata”. Sus compañeros de armas en el ejército gubernamental de entonces lo enaltecieron y alabaron como patriota.

La historia lo recuerda como un traidor a la Patria.

1998, el Ejército Federal Mexicano: tan cerca de los Huertas y tan lejos de los Angeles.

La máscara de la guerra, con ella viene el silencio de la muerte. Y con la muerte vienen…

IV. Las máscaras y los silencios para los de abajo

“La noche pasará,
Pueden escupir las aguas,
Pueden fusilar a los gorriones,
Pueden quemar los versos.
Pueden degollar al dulce lirio.
Pueden romper el canto y arrojarlo a una ciénega.
Pero esta noche pasará.”

Manuel Scorza

El modelo neoliberal exige, para mantenerse y crecer, perpetrar un crimen que se concreta en millones de pequeños y grandes crímenes, y el Estado es el encargado del cobro efectivo y eficaz de víctimas de abajo.

Para que esta complicada (e inútil) tramoya que sirve de escenario a la muerte del sistema político pueda funcionar, es necesario distribuir grandes cantidades de máscaras y silencios para los de abajo. El anonimato, la desesperación, el rencor, la apatía, la impotencia, la resignación, el escepticismo, el individualismo y el cinismo se ofertan a manos llenas para ser consumidos por millones de mexicanos y mexicanas que malviven en este país. Con la apariencia de consumo gratuito, los silencios y las máscaras que de arriba llegan a los de abajo suelen resultar muy costosos. Las pérdidas son estratosféricas, pero no se miden en términos monetarios sino humanos.

Las máscaras del anonimato y el individualismo que la frenética globalización trata de imponer a hombres y mujeres de todo México ocultan no la singularidad de cada ser, sino la concreta pesadilla de malvivencia de los de abajo. La injusticia cotidiana que el sistema opera en contra de los mexicanos diluye su impacto precisamente en la magna multiplicación de sus pequeños crímenes: un despido por aquí, una violación por allá, un preso injustamente acullá, un robo más allá, un desaparecido político de aquel lado, un fraude en este lado, hambre y miseria encerradas entre cuatro paredes de cualquier allá de acá. Víctimas anónimas e individualizadas del sistema, millones de mexicanos pierden (en la alquimia neoliberal que convierte su explotación en un secreto multiplicado), la oportunidad de rebelarse contra una pesadilla que los individualiza para el terror porque es anónima en la agresión que perpetra.

Y las máscaras se acompañan de máscaras, la apatía y el cinismo se quieren multiplicar entre los de abajo. Se trata de hermanar el “no me importa nada” con el “me importo sólo yo y qué” y el poder cumpliría así uno de sus principales objetivos: imponer la inmovilidad e impedir la fraternidad.

Vienen entonces los silencios. El del rencor en contra de todo o de nadie, que se concreta en el que está al alcance. El de la impotencia de sentirse demasiado pequeño ante una máquina avasallante, inasible y, sin embargo, omnipresente. El de la desesperación de verse y saberse solo, sin una sospecha siquiera de que las cosas podrán ser mejores mañana. El de la resignación que asume lo inevitable de la injusticia y del papel de víctima mientras el victimario borra su rostro al concretarse en el patrón, el policía, el varón, el mestizo, el ladrón, el vecino, el otro-siempre-el-otro.

Y el silencio de la rabia explota en cualquier momento, un silencio que se acumula y crece en situaciones absurdas, inesperadas, incomprensibles: el hombre con la mujer, el banda con el transeúnte cualquiera, el trabajador con el trabajador, el indígena con el indígena, el uno con el otro, el rencor con el rencor.

Nuevas formas de lucha van creando sus propias máscaras y van forjando sus silencios. Poco a poco crece y se multiplica la digna máscara de la resistencia, el “no me dejo”, el “no me rindo”, el “sigo luchando”, el “no claudico”, el “¡órale!” Detrás de la misma máscara del anonimato, indígenas, trabajadores, campesinos, amas de casa, colonos, sindicalistas, estudiantes, maestros, cristianos de base, jubilados, discapacitados, choferes, comerciantes, militantes de organizaciones políticas y sociales, mujeres, jóvenes, niños y ancianos, los todos que se descubren uno día a día, se resisten a quedarse así-como-si-nada-mano-mana-y ora-pos-no-hay-que-dejarse- hay-que-luchar-y-organizarse-y-voltear-todo-y-rehacerlo-de- nuevo-y-no-es-cierto-que-somos-pocos- y-no-es-cierto-que-somos-débiles- y-no-es-cierto-que-siempre-perderemos- y-no-es-cierto-que-esto-y-no- es-cierto-que-lo- otro-y-pérate-hombre-y-ya-vas-a-ver- y-no-es-cierto-que-no-es-cierto-y-no- y-porque-no-y-no-y-porque-sí-y- no-y-ya-no- NO-YA NO…

Y con la resistencia camina y se levanta un silencio terrible: el silencio que acusa y señala.

V. Las siete víctimas de la nueva estrategia gubernamental para Chiapas

Brillante ha sido la campaña militar del comandante Zedillo. Lo han acompañado en esta empresa bélica el señor Labastida como jefe de su Estado Mayor, el señor Rabasa como… como… ¿qué es lo que hace el señor Rabasa?, bueno, la señora Rosario Green en el servicio de traducción no muy simultánea (ni muy fidedigna), y el ¿señor? Albores Guillén como mariscal de campo.

Además de rellenar las cárceles chiapanecas (las cuales había previamente vaciado de paramilitares) de indígenas zapatistas y de miembros de la sociedad civil, además de promover el uso de chozas indígenas como blanco en las prácticas de tiro del Ejército federal, además de practicar ejecuciones sumarias que nada tienen que envidiarle a las practicadas por las dictaduras militares en todo el mundo (¿una ventaja de la globalización?), además de haber ligado el nombre de “México” a los ensangrentados de “Acteal”, “Chavajeval” y “Unión Progreso”, además de haber traído el terror, la miseria y la mentira a las tierras indias de México, el comandante Zedillo y su equipo llevan siete condecoraciones por otras tantas víctimas cobradas.

Sí, siete son las víctimas de su guerra: la paz, el diálogo como vía de solución de los conflictos, los indígenas, la sociedad civil nacional e internacional, la soberanía nacional, el tránsito a la democracia, la Comisión de Concordia y Pacificación, y la Comisión Nacional de Intermediación.

Al seguir su combate personal en contra de los rebeldes zapatistas, Zedillo no sólo hizo prisionera de guerra a la paz que estaba por conseguirse, también atacó la esperanza de una paz futura.

El diálogo como vía de solución de los conflictos es una de las bajas más importantes en la guerra del sureste mexicano. Al faltar al cumplimiento de los acuerdos que firmó, Zedillo hizo añicos la confianza hacia su gobierno. Sin la confianza, es imposible llegar a acuerdos. Y si no es para llegar a acuerdos, ¿para qué se dialoga?

Por su parte los indígenas se han convertido en la principal cuota de “triunfos” de Zedillo en Chiapas: ningún régimen había sido responsable, directo e indirecto, de tantas muertes, presos, torturas, expulsiones, desplazamiento y desapariciones de indígenas chiapanecos como el actual.

El guerrerismo gubernamental cobró otra víctima en la sociedad civil nacional e internacional al desoír sus llamados al diálogo y la paz.

Una víctima más es la transición a la democracia que se ve frenada por un sistema político dispuesto a un baño de sangre con tal de no perder sus privilegios.

De la soberanía nacional sólo queda un nostálgico recuerdo. En su lugar hay asesores militares extranjeros, armas extranjeras, tácticas de combate extranjeras, raciones de comida extranjera, equipos de combate extranjeros. En la guerra de Chiapas lo único nacional es la sangre que se derrama.

Mención aparte merecen dos víctimas: una se arrastra moribunda, otra yace muerta irremediablemente.

La una es la Comisión de Concordia y Pacificación, formada por legisladores federales de los partidos políticos con representación en el Congreso de la Unión. La Cocopa ha sido burlada, escarnecida, usada, despreciada, humillada y olvidada por el gobierno. En su perverso y mortal juego, Ernesto Zedillo fingió ante la Cocopa su disposición a aceptar los oficios de los legisladores para conseguir, eficaz y rápidamente, la paz en el sureste mexicano. Al retractarse de su aceptación de la iniciativa de ley indígena elaborada por la Cocopa, el gobierno dejó a los legisladores en el ridículo y les arrebató toda autoridad moral para presentarse ante la dirección zapatista. Después Zedillo se dedicó a golpear a los “cocopos” que no se plegaban a sus planes guerreros (es decir, casi todos), para luego ignorar a la comisión por el largo periodo en que se planeó y ejecutó el asesinato masivo de indígenas perpetrado en Acteal en diciembre de 1997.

En fin, el gobierno ha tratado a la Cocopa con burlas, zancadillas, golpes y sabotajes.

El EZLN no hará lo mismo.

Simultáneamente a los sabotajes contra la Cocopa, en Gobernación se ocupaban de asesinar y encarcelar más indígenas, y de librar una guerra total en contra de la Comisión Nacional de Intermediación (Conai) y, especialmente, en contra de su presidente, el obispo Samuel Ruiz García. Ultimamente, dichos y contradichos. Labastida dice lo que desdice Rabasa, Zedillo corrige a los dos. Rabasa matiza a Zedillo, Labastida regaña a Rabasa, en fin, una confusión de máscaras y papeles que daría risa si no fuera porque esconde una guerra brutal y desigual.

Después de sufrir una intensa y larga campaña de ataques e infundios, la Comisión Nacional de Intermediación (reconocida por las partes, EZLN y gobierno federal, como el mecanismo de mediación en el diálogo de paz) fue disuelta.

Anote usted estos nombres: don Samuel Ruiz García, doña Concepción Calvillo Viuda de Nava, doctor Pablo González Casanova, doctor Raymundo Sánchez Barraza, poeta Juan Bañuelos, poeta Oscar Oliva (estos seis como miembros de numero), y Pedro Nava, Salvador Reyes, Gonzalo Ituarte y Miguel Alvarez como secretarios. Los 10 formaban la Comisión Nacional de Intermediación, uno de los principales objetivos a destruir según la estrategia gubernamental de guerra.

¿Sus delitos? Imperdonables todos ellos: luchar por una paz con justicia y dignidad, representar a la sociedad civil nacional como mediadora en el conflicto, creer firmemente en el diálogo como solución de las disputas, no plegarse a las órdenes del gobierno, mantener autonomía e independencia respecto a las partes, pensar que la paz en México pasa necesariamente por el tránsito a la democracia, comprometerse del lado de los indios en sus luchas pacíficas, y (el peor de todos los delitos) constituirse en un obstáculo para la guerra.

Durante meses estas personas fueron víctimas de ataques de todo tipo, incluyendo atentados contra su vida, bienes y libertad. Durante meses sufrieron la presión de todo el aparato del Estado mexicano; los gobiernos federal, estatal y municipal; ejército, policía y paramilitares; los dos monopolios televisivos y la prensa local; empresarios; diputados federales y locales, senadores de la República, jueces y ministerios públicos; directores de partidos políticos; la alta jerarquía de las iglesias católica y evangélica. Millones y millones de pesos gastados en campañas de desprestigio en su contra.

Todo el poder político económico, eclesiástico y militar en contra de estas 10 personas y, particularmente, en contra de don Samuel Ruiz García, el obispo de la diócesis de San Cristóbal.

El 7 de junio de 1998, la séptima víctima caía ante el avance de la máquina de guerra zedillista. Don Samuel Ruiz García renunciaba a la CONAI y ésta se disolvía.

Con la desaparición de la Conai terminaba una feroz resistencia en contra del autoritarismo, el crimen y la intolerancia, pero no concluía para ellos la búsqueda de la paz.

Pero la máquina no se detuvo con la renuncia del presidente de la Conai. El señor Ernesto Zedillo no se conforma con ver al obispo Ruiz García fuera de la mediación del conflicto. No, lo quiere ver desaparecido, borrado, muerto. Con rencor acaricia la oportunidad de quitarlo totalmente de su vista, si el atentado falló una vez, ya habrá otras oportunidades. Después de todo, si pudieron asesinar a un cardenal (Posadas Ocampo) y seguir impunes, bien pueden ocuparse del obispo incómodo y seguir sin problemas. Y no se trata de uno de esos malos chistes con los que Zedillo tortura a su gabinete, no, el rencor se ha convertido en este señor en un verdadero estilo personal de gobierno. Y en cuanto venganzas personales, “él sí sabe hacerlo”.

Una y otra vez, en cada una de las visitas conyugales que le hace al próximo ex gobernador interino Albores Guillén, el señor Zedillo ataca con saña y cobardía a quien tuvo la paz y la justicia como banderas y no escatimó esfuerzos ni dolores por cumplir con honestidad su labor, que es, al final de cuentas, la de todo ser humano que se respete: y luchar por la justicia, el respeto y la dignidad.

No es poco lo que el país le debe a estas 10 personas. Aunque terminada una etapa en el sureste mexicano, la historia nacional les reserva ya un lugar al lado de los mejores. Mucho tiempo después, cuando Zedillo esté olvidado o preso por sus innumerables delitos, los nombres de estas personas seguirán aún en un lugar muy especial en el corazón de los ahora mexicanos de abajo, particularmente de los indígenas.

Aunque fuera de esta etapa de la lucha, los “conaítas” han dejado claro que seguirán luchando de diferentes formas y en lugares distintos por lo mismo: por la justicia para los indígenas mexicanos, por la transición a la democracia y por la paz.

Sin embargo, las siete víctimas de la guerra del gobierno se multiplican en otros combatientes que resisten. Ellos recuerdan historias de ayer en el hoy, como esa que habla de…

VI. El viejo Antonio contra el maoísmo trasnochado

Aviso importante, es decir, advertencia urgente, o como se diga: La sección Cuentos del Caballito de Mar interrumpe arbitrariamente este muuuy serio análisis político y, sin más, nos deja mareados como la marea que marea a la mar. A manera de medicina, el hipocampo nos receta un cuento (¡qué otra cosa podía hacer!).

Cuenta el viejo Antonio que cuando era joven su padre don Antonio le enseñó a matar al león sin arma de fuego. Cuenta el viejo Antonio que cuando era joven Antonio y su padre era el viejo Antonio le contó la historia que ahora me dicta al oído para que la mar la conozca de mis labios. El viejo Antonio me la cuenta así nomás, pero yo llamo a esta

La historia del león y el espejo

“El león primero descuartiza a su víctima, después bebe la sangre comiendo el corazón y deja los restos para los zopilotes. Nada hay que pueda contra la fuerza del león. No hay animal que se le enfrente ni hombre que no le huya. Al león sólo lo puede derrotar una fuerza igualmente brutal, sanguinaria y poderosa.”

El entonces viejo Antonio del entonces joven Antonio, forjó su cigarrillo con doblador y, fingiendo que ponía atención a los troncos que convergían en la luminosa estrella de fuego de la fogata, miró de reojo al joven Antonio. No esperó mucho porque el joven Antonio preguntó:

-¿Y cuál es esta fuerza tan grande para derrotar al león?

El viejo Antonio de entonces le tendió al joven Antonio de entonces un espejo.

-¿Yo? -preguntó el entonces joven Antonio mirándose en el redondo espejito.

El viejo Antonio de entonces se sonrió de buena gana (eso dice el joven Antonio de entonces) y le quitó el espejo.

-No, tú no -le respondió.

“Al mostrarte el espejo quise decir que la fuerza que podía derrotar al león era la misma del león. Sólo el propio león podía derrotar al león.”

-¡Ah! -dice el entonces joven Antonio que dijo por decir algo.

El entonces viejo Antonio entendió que el entonces joven Antonio no había entendido nada y siguió contando la historia.

“Cuando entendimos que sólo el león podía derrotar al león empezamos a pensar en cómo hacer para que el león se enfrentara consigo mismo. Los viejos más viejos de la comunidad dijeron que había que conocer al león y nombraron a un joven para que lo conociera.”

-¿Tú? -interrumpe el entonces joven Antonio.

El entonces viejo Antonio asiente con su silencio y, después de reacomodar los troncos de la hoguera, continúa:

“Subieron al joven a lo alto de una ceiba y al pie de ésta dejaron una ternera amarrada. Se fueron. El joven debía observar lo que el león hacía con la ternera, esperar a que se fuera y regresar a la comunidad a contar lo que había visto. Así se hizo, el león llegó y mató y descuartizó a la ternera, después se bebió su sangre comiendo el corazón y se fue cuando ya los zopilotes rondaban esperando su turno.

“El joven fue a la comunidad y contó lo que vio, los viejos más viejos pensaron un rato y dijeron: ‘Que la muerte que da el matador sea su muerte’, y le entregaron al joven un espejo, unos clavos para herraje y una ternera.

“Mañana es la noche de la justicia”, dijeron los viejos y se regresaron a sus pensamientos.

“El joven no entendió. Se fue a su champa y allí estuvo un buen rato mirando el juego. Allí estaba y llegó su padre de él y le preguntó qué le pasaba; el joven le contó todo. Su padre del joven quedó en silencio junto a él y, después de un rato, habló. El joven sonreía mientras escuchaba a su padre.

“Al otro día, cuando la tarde ya se doraba y el gris de la noche se dejaba caer sobre las copas de los árboles, el joven salió de la comunidad y se fue al pie de la ceiba llevando a la ternera. Cuando llegó al pie del árbol madre, mató a la ternera y le sacó el corazón. Después rompió el espejo en muchos pedacitos y los pegó en el corazón con la misma sangre, después abrió el corazón y le metió los clavos de herraje. Devolvió el corazón al pecho de la ternera y con estacas hizo una armazón para mantenerla en pie, como si estuviera viva. Subió el joven a lo alto de la ceiba y allí esperó. Arriba, mientras la noche se dejaba caer de los árboles al suelo, recordó las palabras de su padre: ‘La misma muerte con la que el matador lo morirá’.

“Ya la noche era toda en el tiempo de abajo cuando llegó el león. Se acercó el animal y, de un salto, atacó a la ternera y la descuartizó. Cuando lamió el corazón, el león desconfió de que la sangre estuviera seca, pero los espejos rotos le lastimaron la lengua al león y la hicieron sangrar. Así que el león pensó que la sangre de su boca era la del corazón de la ternera y, excitado, mordió el corazón entero. Los clavos de herraje lo hicieron sangrar más, pero el león siguió pensando que la sangre que tenía en la boca era la de la ternera. Masticando y masticando, el león más y más se hería a sí mismo y más sangraba y más y más masticaba.

“Así estuvo el león hasta que murió desangrado.

“El joven regresó con las garras del león como collar y lo mostró a los viejos más viejos de la comunidad.

“Ellos se sonrieron y le dijeron: ‘No son las garras las que debes guardar como trofeo de la victoria, sino el espejo’.

Así cuenta el viejo Antonio que se mata el león.

Pero, además del espejito, el viejo Antonio siempre carga su vieja escopeta de chispa.

“Es por si el león no conoce la historia”, me dice sonriendo y guiñando un ojo. Del lado e acá, la mar agrega: “Por si el león o el Orive”.

Y hablando de ex maoístas y ex radicales de ex izquierda, hoy flamantes asesores de los criminales de derecha (que iniciaron hablando como cacatúas y ahora, para esconderse, imitan al avestruz, el viejo Antonio tenía su propia versión de aquello del revolucionario y las masas y el símil con el pez en el agua, además de la estrategia de contrainsurgencia de “quitarle el agua al pez” que hoy recomiendan los azorados asesores gubernamentales:

El pez en el agua

Cuenta el viejo Antonio una historia que le contaron los viejos más viejos de su comunidad. Cuenta la historia que había una vez un pez muy hermoso que vivía en el río. Cuentan que el león vio el pez y se le antojó para comerlo. Fue el león al río pero vio que no pedía nadar en el río y atacar al pez. Entonces el león pidió asesoría con la zarigüeya y ésta le dijo: “Es muy sencillo, el pez no puede vivir sin el agua. Lo único que tienes que hacer es beberte el agua del río y así el pez se quedará sin movimiento y entonces podrás atacarlo y comerlo”. El león se mostró satisfecho con la asesoría de la zarigüeya y la recompensó con un puesto en su reino.

Fue el león a la orilla del río y empezó a beberse el líquido.

Murió reventado de agua.

La zarigüeya quedó desempleada.

Tan tan.

Nuevo aviso importante, pero ya no tan urgente advertencia: la interrupción del caballito de la mar ha terminado, no así el mareado mareo. Tal vez su persistencia se deba a lo que se muestra y se habla en…

VII. La séptima máscara y el séptimo silencio

“Claro es que en el campo de la acción política,(…) sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela”.

“Juan de Mairena”
Antonio Machado

1998. México. Mientras el supremo gobierno pone rumbo hacia la guerra y trata desesperadamente de juntar vientos de arriba, gruñidos de bestia y sortilegios para empujar el pesado velamen de la nave de la muerte, estos indígenas mexicanos, que sumaron el nombre de Emiliano Zapata a su historia, en silencio preparan la justicia y la dignidad que habrá de llegar a pesar de su muerte (o tal vez por ella).

En silencio, estos indígenas ven los cielos y los suelos para adivinar los vientos de abajo que corren por los campos de México y del mundo, por las polvosas calles de pueblitos y rancherías, por el desordenado acomodo de las colonias populares, por las sedes de sindicatos honestos, por las oficinas de partidos políticos comprometidos, por los teatros-cines-auditorios-salas-de-espectáculos-galerías de arte, por laboratorios y centros de investigación científica, por cubículos, aulas y pasillos universitarios, por reuniones y asambleas de organizaciones políticas y sociales, por iglesias de pobres, por los comités internacionales de solidaridad, por las organizaciones no gubernamentales nacionales y extranjeras, por las autopistas, por las carreteras, por los caminos vecinales, por las brechas, navegando en los ríos, en las lagunas y en los mares de este país hoy pródigo en humedades, y de este mundo despertando, ya tarde es cierto, pero despertando.

En silencio ven y se ven estos indígenas.

En silencio sienten para dónde soplan los aires de los mundos de abajo.

En silencio saben estos indígenas.

En silencio terminan esta nueva y absurda arca de Noé y, sabiendo que el aire sopla para la democracia, la libertad y la justicia, plantan bien alta la doble vela de la esperanza, motor y luz para este navío, el barco de los de siempre, la nave de la vida.

Con arte y ciencia construyeron el arca y eligieron a miles de los suyos para tripulación.

El resto esperará en puerto lo que venga.

Si llegan la guerra y la destrucción, resistirán como han aprendido a hacerlo en la dura escuela de los siglos, es decir, con dignidad.

Si llegan la democracia, la libertad y la justicia, sabrán repartirla como han sabido hacerlo a través de su historia.

México, mitad de 1998

Después de un largo silencio estos indígenas hablan un barco y convocan a todos a abordarlo.

Después de tanto silencio, estos indígenas hablan una nave, un arca de Noé, una torre de Babel navegante, un desafío absurdo e irreverente.

Por si hubiera duda de quién lo tripula y dirige, el mascarón de proa luce ¡un pasamontañas! Sí, un pasamontañas, la máscara que devela, el silencio que habla. Un “Para todos, todo, nada para nosotros” viste la bandera de la estrella roja de cinco puntas sobre un fondo negro que brilla sobre el palo mayor. En letras doradas, a babor, estribor y en popa, el “Votán Zapata” nombra el origen y destino de este navío, tan poderosamente frágil, tan estruendosamente callado, tan visiblemente ocultado.

“¡Todos a bordo!”, se oye que grita-ordena-invita la voz del capitán. El único boleto necesario es la honestidad. Varios miles de remeros esperan, ¿listos para partir? No, falta…

Con esa extraña y reiterada tendencia a complicarse la vida que tienen, estos hombres y mujeres de máscaras y silencios construyeron su nave… ¡en medio de la montaña!

“¿Y ora?”, les pregunto.

Como era de esperar, un silencio es la respuesta. Pero detrás de sus máscaras hay una sonrisa cuando me entregan un mensaje y una botella.

Yo hago lo que de por sí hago en estos casos: meto el mensaje dentro de la botella, la tapo bien con un chicle con algo de chamoy que la mar me da, me planto con firmeza en una orilla de la ceiba y, con toda mi fuerza, lanzo muy lejos la botella con el mensaje. Un rabito de nube la recoge y, navegando, la lleva a-saber-dónde-la-lleva. Allá va la botella. Quien la encuentre podrá, al romperla, romper el silencio y encontrar algunas respuestas y muchas preguntas. También podrá leer la…

V. ¿Declaración de la Selva Lacandona?

Bueno, es todo.

Vale. Salud y estad listos. ¡Aprestad paraguas, impermeables y salvavidas! ¿Quién negará ahora que la palabra puede convocar humedades?

Desde las montañas del sureste mexicano

Subcomandante Insurgente Marcos
En nombre de los “300″

México, julio de 1998

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México D.F. Domingo 6 de junio de 2004

Philipp Gerber resalta el éxito de la cooperativa de café orgánico Mut Vitz

Agricultores zapatistas, ejemplo de resistencia, señala investigador suizo

Es “una sociedad solidaria de comercialización” que posibilita un precio justo al grano

HERMANN BELLINGHAUSEN ENVIADO

San Cristóbal de Las Casas, Chis., 5 de junio. La autonomía zapatista, en su lucha por ser posible en el mundo real -en el espacio de las comunidades, en primer lugar, y de ahí a escala nacional-, se nutre de su propia movilización social, de su propia historia. “Preguntando caminamos”, dice una expresión de los zapatistas. Así se titula la investigación de Philipp Gerber, de la Universidad de Zurich, Suiza, “sobre las familias zapatistas tzotziles en resistencia por el camino de la autonomía de hecho”, mediante el ejemplo de la cooperativa de café orgánico Mut Vitz, en el municipio San Juan de la Libertad.

Gerber afirma que los municipios en resistencia constituyen un poder “que los gobiernos estatal y federal no pueden ignorar”. Por lo mismo, “las bases civiles, y con ellas las estructuras autónomas, han quedado bajo la mira de la contrainsurgencia”. Menciona la matanza de Acteal, perpetrada después de que la población de Chenalhó se había organizado en estructuras autónomas. En 1998 fueron desalojados varios municipios, entre ellos San Juan de la Libertad, “y muchos de los responsables de la administración autónoma fueron detenidos”.

El investigador suizo deja clara su intención académica, más que ideológica, y alega que su estudio busca “las motivaciones de esta tenaz resistencia que los órganos del gobierno hasta la fecha no han podido domar ni con el látigo ni con la zanahoria”.

El café, cabe recordar, es clave en la economía indígena en los Altos y la selva de Chiapas, y las fluctuaciones en ocasiones criminales de los precios internacionales acompañan desde sus orígenes a la rebelión zapatista. Mut Vitz opera en el norte de la región tzotzil, en San Juan de la Libertad (El Bosque) y Simojovel. Otra cooperativa cafetalera de la región es Nueva Luz del Cielo. Ambas, como los demás colectivos rebeldes, se coordinan con la junta de buen gobierno (JBG) de Oventic.

Gerber encuentra que desde hace algún tiempo, por convicción política (y no étnica), la cooperativa ha dejado de emplear personas externas como asesores. Se trata de un antecedente del proceso que culminó con la creación de los caracoles y la JBG. Reclamando su “derecho a construir su propia modernidad”, el zapatismo “no persigue separatismo alguno, el Estado nacional mexicano no tiene por qué temer por su soberanía. Ni fue jamás parte del programa un ‘etnicismo’ retrógrada. En las declaraciones del EZLN no hay argumentaciones milenaristas o esencialistas”. Esto último, en referencia a las mitificaciones “ahistóricas” que caracterizaron y aún caracterizan a muchos movimientos indígenas del continente.

Los rebeldes “quieren ser una parte reconocida, y se aferran simultáneamente al derecho a la igualdad, es decir no discriminación; al derecho a la diferencia, es decir respeto a su cultura”. San Juan de la Libertad fue uno de los primeros municipios autónomos que se consolidaron. Por entonces comenzó la paramilitarización “a sembrar terror”, y las familias zapatistas fueron expulsadas por la violencia de Los Plátanos (desde entonces bastión de una banda paramilitar-delincuencial).

El 10 de junio de 1998, el Ejército federal y la policía atacaron el municipio. En Unión Progreso fueron ejecutados cinco zapatistas y la comunidad casi destruida. Otros tres indígenas murieron en Chavajeval. Las estructuras autónomas de El Bosque fueron “desmanteladas”. En aquel, a la postre fallido, desmantelamiento, destacó el papel de Adolfo Orive, a la sazón asesor de la Secretaría de Gobernación, muchos años después de haber sido asesor de los indígenas de El Bosque y haber estado cerca de la fundación de Unión Progreso.

“Como en el caso de la cooperativa de Majomut (en Chenalhó), la lógica de estas operaciones de pacificación estatal parecía estar en la destrucción de los proyectos autónomos, para dejar sin sustento económico a la resistencia, pero luego de las agresiones contra el municipio autónomo surgió, como un ave Fénix, una cooperativa nueva y autónoma: Mut Vitz”.

El estudioso de Zurich encuentra que después de las “traiciones de los kaxlanes” (como el profeta del maoísmo-salinismo, Adolfo Orive, o el ex activista que devino en funcionario chiapaneco más asociado a la masacre de Acteal, Jorge Enrique Hernández Aguilar), “en los municipios autónomos se desarrollaron proyectos que, con independencia del Estado y de las agencias de ayuda al desarrollo, debían mantenerse en sus propios pies”. Las bases de apoyo zapatistas establecieron, pues, “una sociedad solidaria de comercialización” que posibilitara un precio justo a su producto.

En 1998, la cooperativa ya tenía unos 750 socios. El nombre lo tomaron del ‘cerro del Pájaro’ (Mut Vitz), parte de la tradición sagrada de los ancianos, y hoy un símbolo de la resistencia justa. Los campesinos se vincularon con compradores internacionales. A partir de 1999, las exportaciones fueron subiendo año con año; el grano, de primera calidad y de agricultura biológica, se vendió a 1.41 dólares por libra, con “un éxito que no parece tener parangón en el ámbito del comercio justo”.

Mut Vitz es para los campesinos “la expresión práctica de su identidad rebelde”. Philipp Gerber resalta el discurso sobre la producción orgánica, “que ocupa un lugar central como delimitación frente a los campesinos leales al gobierno”. La cohesión y solidez que une a los cooperativistas “se muestra en la cotidianidad”. No sólo se defienden juntos contra la privatización de los ejidos y se resisten a los controles del Ejército federal, “también se adiestran en el cultivo biológico y logran exportar directamente su café”.

La estructura legal de la cooperativa cafetalera representa para las bases del EZLN “una red de solidaridad intracomunitaria y regional que, si bien está pensada primordialmente para la exportación directa de su producción, ha alcanzado una gran significación para la cohesión de las familias y la consolidación de la autonomía”.

El investigador confiesa: “uno de los resultados sorprendentes de mi trabajo de campo fue descubrir que la conciencia de sí mismos como productores biológicos constituye un factor central para los miembros de Mut Vitz”. Ante el derrumbe de los precios del café, y las corrupciones y ‘programas’ gubernamentales, este tipo de agricultura se vuelve viable para los que no reciben fertilizantes, y abre una “alternativa económica”, algo que los gobiernos mexicanos no han ofrecido con los ajustes neoliberales, cuyas manifestaciones extremas son apenas “suavizadas” con ‘pronasoles’, ‘procampos’ y ‘oportunidades’. Este círculo de sometimiento se rompe con los “nichos de precio justo” que operan internacionalmente.

“Mut Vitz es una cooperativa en la que sólo está organizada la base de apoyo zapatista. Las autoridades de los municipios autónomos y la JBG desempeñan la función de consejeros cuando llega a haber problemas que rebasan la gestión ordinaria de la cooperativa” y es hoy una “expresión orgánica” de la resistencia. El historiador Andrés Aubry dijo a Gerber en una entrevista que los zapatistas “dentro de la guerra están construyendo la paz. Agroecología, educación y salud, eso no es guerra. Y esperan algo de la comercialización”.

Para el autor de Preguntando caminamos, “el carácter experimental de esta autonomía” y su apertura permiten “corregir decisiones equivocadas”. Las nuevas estructuras regionales de la autonomía zapatista “buscan una nivelación dentro del movimiento, un equilibrio entre el estímulo de cada campesino por un ingreso extraordinario y una repartición solidaria, y una fuerza propia en la comercialización de los productos de las comunidades en resistencia”.

A pesar de las dificultades y deficiencias de esta experiencia autónoma, Gerber le otorga una “justificada esperanza”, alentado por el optimismo de los indígenas que, como el joven Mariano, ven que “un comprador más es dar un paso adelante. Vamos avanzando, la gente se siente alegre”.

http://www.jornada.unam.mx/2004/06/06/016n1pol.php

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=313

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La Jornada sábado 19 de febrero de 2000

EL TONTO DEL PUEBLO

Jaime Avilés
Pero se va don Samuel?

1

Una conspiración de Estado. En el verano de 1998, el presidente Ernesto Zedillo y el que entonces era su tercero y flamante secretario de Gobernación, Francisco Labastida Ochoa, aprobaron una serie de medidas -diseñadas por Adolfo Orive Bellinger, en aquel tiempo coordinador de asesores del sinaloense- para desmantelar la diócesis de San Cristóbal de Las Casas.

De acuerdo con informes suministrados al tonto del pueblo por Internet, el plan -que si en efecto se puso en marcha, cumplió parcialmente sus metas- contemplaba (y quizá no ha descartado aún) algunos de los siguientes pasos:

a) Lograr que don Samuel Ruiz renuncie a la Comisión Nacional de Intermediación (Conai) para que ésta se disuelva.

b) Negociar con el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado del Vaticano, la remoción del obispo coadjutor, Raúl Vera López, tras la inminente jubilación de don Samuel.

c) Sustituir al nuncio apostólico, Justo Mullor, “que representa un obstáculo por su falta de tacto”.

d) Dividir la diócesis de San Cristóbal por medio de una prelatura y colocar al frente de ésta a un jerarca eclesiástico opuesto a la Teologí­a de la Liberación.

e) Efectuar las gestiones pertinentes para que los jesuitas y los misioneros del Verbo Divino salgan de Chiapas y sustituirlos por franciscanos en las principales parroquias de la diócesis de San Cristóbal.

2

Alerta roja. Hay una reunión de emergencia en El Imperio de los Sentidos. A la mesa estamos, para variar, Serapio Bedoya, Emma Thomas, el bobo Bob y el arriba firmante. Con la copia del e-mail en la mano, el tonto del pueblo dice que nos ha llamado para oí­r nuestro parecer.

-Ustedes van a decidir qué hacemos. Acabo de recibir esto que llegó como “mensaje urgente” a mi buzón de Internet -resume, y da lectura de inmediato a los párrafos organizados en cinco incisos lí­neas arriba.

-Para mí­, es una tomadura de pelo. Alguien quiere mostrarnos su capacidad de predecir el pasado -ironiza la Thomas-. Cuidado: Samuel Ruiz disolverá la Conai; Raúl Vera será mandado a Saltillo; Justo Mullor será devuelto a Roma…

-Cuándo dices que se aprobó este supuesto plan? -interroga Bob.

-Según esto, “en el verano de 1998″. Mira -ofrece el tonto.

Bob rechaza la hoja de papel que ya ha leí­do más de una vez y consulta sus apuntes mentales: a) don Samuel disolvió la Conai en junio de 1998, después de la matanza de El Bosque; b) don Raúl Vera fue removido de San Cristóbal por decreto papal que se conoció el 31 de diciembre de 1999; c) don Justo Mullor fue ascendido a un alto cargo en El Vaticano a principios de febrero de 2000.

-Entonces? -pregunta Emma, rompiendo el suspense.

Pero el tonto le arrebata la palabra.

-Vamos a dar la información como llegó. Si las próximas metas también se cumplen, sabremos que nos estaban diciendo la verdad.

-Y si no se cumplen? -digo con timidez.

-Ah, pues a lo mejor nos están usando para eso -especula Bob.

-Ni que fuéramos tan importantes -se rí­e el tonto, y ordena-: Escriba ahí­, secretario…

-¡Venga la sentencia!

3

Orive: asesor de lujo. Entramos al terreno de las especulaciones. Y de la memoria. Francisco Labastida asumió la secretaría de Gobernación el 3 de enero de 1998, 12 días después de la matanza de Acteal. A su llegada a Bucareli, prometió una nueva estrategia para Chiapas. Horrorizado por las traumáticas imágenes de la masacre, el país confiaba en que el sustituto de Emilio Chuayffet propondría una verdadera política de distensión, retomando el proyecto de ley de la Cocopa, basado en los acuerdos de San Andrés, como punto de partida indispensable para reactivar el diálogo.

Ocurrió todo lo contrario. Con Labastida llegaron a la guerra de Chiapas los vuelos de hostigamiento militar a toda hora del día y de la noche, así como la campaña de Lolita de la Vega en Televisión Azteca contra los campamentistas extranjeros en la selva. La tercera mala noticia -la peor para quienes esperaban una política distinta en el sureste- fue el nombramiento de Adolfo Orive como coordinador de asesores del titular de Gobernación.

Por qué? Orive, como lo ha documentado La Jornada con amplios detalles desde 1998 hasta la fecha, estuvo en los Altos y en la zona norte de Chiapas 10 años antes que el núcleo fundador del EZLN. Por lo tanto, conoció a fondo la estructura y las peculiaridades del movimiento indígena en aquellas regiones y acumuló montañas de información estratégica. Orive, entonces, era dirigente de una organización maoísta que preparaba el asalto al poder por medio de la lucha armada.

Sin embargo, la historia lo ha dicho y repetido hasta el cansancio, los indígenas acabaron expulsándolo de Chiapas debido a una serie de hechos que no hay espacio en esta página para recordar. Lo importante es que Orive maniobró con eficacia para insertarse en el gobierno de Carlos Salinas y establecer vínculos con el aparato del Estado, hasta convertirse en uno de los más valiosos colaboradores de Labastida, poniendo a disposición del sinaloense sus vastos conocimientos del mundo interior y de la geografía secreta de los indígenas rebeldes.

4

Usos y costumbres del terror. Hay quienes aseguran que la matanza de El Bosque puede interpretarse como un golpe directo contra don Samuel Ruiz, y como un recurso que ha sido utilizado a lo largo del sexenio para provocar bruscos movimientos dentro del equipo del presidente Zedillo. Hay dos buenos ejemplos: en junio de 1995, una matanza de campesinos en el vado de Aguas Blancas, Guerrero, forzó a Esteban Moctezuma Barragán a dimitir a la Secretaría de Gobernación, facilitando el ascenso de Emilio Chuayffet, quien desde ese momento se consideró presidenciable.

Dos años y medio más tarde, en diciembre de 1997, otra matanza de campesinos, ahora en Acteal -más encarnizada y más terrible en la medida que suscitó la muerte de niños y fetos-, derribó a Chuayffet y encumbró a Labastida.

El 10 de junio de 1998, con Labastida en Gobernación y con Adolfo Orive a sus espaldas, la fuerza pública entró a saco en dos comunidades del municipio autónomo de San Juan de la Libertad (también llamado El Bosque), desatando un tiroteo contra las bases de apoyo del EZLN, al término del cual ocho campesinos fueron llevados presos y asesinados en el camino a Tuxtla Gutiérrez.

Cuarenta y ocho horas después, como si hubiese leí­do en los hechos de sangre de El Bosque el mensaje de que Acteal no sería obstáculo para continuar incrementando la escalada de violencia contra los indios, y que su papel como mediador, por lo tanto, era inútil ya e incluso contraproducente, don Samuel Ruiz decidió separarse de la Conai. En solidaridad con el obispo, todos los miembros de la comisión apoyaron la iniciativa de disolverla.

Cómo participó Orive en esta operación sangrienta? Quienes lo trataron de cerca en sus épocas de “revolucionario”, afirman que él, y sólo él, sabía de la importancia estratégica de El Bosque: un nudo de caminos de herradura, fundamental para las comunicaciones del EZLN en los Altos de Chiapas. No en vano, desde la matanza del 10 de junio, este punto se encuentra bajo control de las fuerzas de “seguridad” del Estado.

5

Cuál es el siguiente paso? Para los observadores de lo que sucede en las altas esferas de la Iglesia, la avanzada edad del papa Karol Wojtyla ha dotado de un poder extraordinario a su brazo derecho, el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado del Vaticano, a quien unen fuertes vínculos de amistad e interés con el ex nuncio Girolamo Prigione.

Prigione, según los expertos, habría sido un hombre crucial para operar tanto el envío de don Raúl a Saltillo, como la devolución de don Justo Mullor a Roma. Lo que está por resolverse en las semanas y meses venideros es el nombre del sucesor de don Samuel, pero antes el de don Justo. Y todo aconseja esperar, con pesimismo, que ambos serán proclives a la línea pastoral de Prigione y de los grupos de poder que éste representa.

En consecuencia, según el cronograma acordado por Zedillo y Labastida -al parecer adoptado por cúpulas de Roma, ante la incapacidad de un Papa enfermo y exhausto-, las medidas que estarían a punto de ser aplicadas en Chiapas no son poca cosa.

a) Don Raúl tomará posesión de la diócesis de Saltillo (véase La Jornada de ayer, página 9), el próximo 19 de marzo, día del señor san José.

b) El cargo que dejará vacante don Samuel será ocupado sin duda por un obispo contrario a la Teologí­a de la Liberación, quien dividirá la diócesis por medio de una prelatura, esto es, de una jurisdicción especial que “absorberá” muchos de los asuntos del gobierno eclesial que aún se manejan desde San Cristóbal.

c) La división de la diócesis de San Cristóbal podría coincidir con un proceso semejante -aprobado hace más de dos años-, que partirá en dos la diócesis de Saltillo en cuanto monseñor Vera se haga cargo de su nueva encomienda (véase de nuevo La Jornada de ayer).

d) El nuevo obispo de San Cristóbal obedecería la instrucción de destituir a todos los párrocos, dominicos y jesuitas, afines a la doctrina de don Samuel, y cambiarlos por sacerdotes franciscanos, ya que éstos, dentro de la Iglesia mexicana, son considerados los más institucionales.

6

Una coyuntura explosiva. Los recambios que se avizoran en la estructura de una institución que ha tenido un peso fundamental en Chiapas marcarán con fuerza el desarrollo de los procesos electorales que ya están en marcha. Juntos, la Iglesia y el régimen enviarán señales inconfundibles. Si lanzan su “ofensiva final” contra la diócesis antes del 2 de julio, revelarán claramente los verdaderos propósitos que alientan Labastida (y los grandes capitales europeos) para “resolver” la rebelión zapatista.

Si no lo hacen antes del 2 de julio, tampoco lo harán antes del 21 de agosto, día de las elecciones estatales en Chiapas, a menos que esto les multiplique el voto de la ultraderecha ansiosa de ver al EZLN ahogado en un baño de sangre, rápido y expedito.

Si por el contrario aplazan el relevo de don Samuel hasta después del 21 de agosto, pero antes del 1 de diciembre -día de la previsible coronación de Labastida-, la vida política del país volvería a sobrecalentarse como en el segundo semestre de 1994, antes de la macrodevaluación que inauguró la gestión de Zedillo.

En suma, si es verdadera la información que ha recibido el tonto y que ahora conoce usted, don Samuel permanecerá al frente de la diócesis de San Cristóbal, por lo menos, hasta el año próximo. A menos que a la soberbia preponderante en el PRI, se agregue, a partir de ahora, el cinismo…

tonto@jornada.com.mx

http://www.jornada.unam.mx/2000/02/19/tonto.html.

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