Wednesday, November 18, 2009



Bajo la Lupa

Trilema desahuciante de la economía zombi global

Alfredo Jalife-Rahme

LEAP/Europe 2020 –centro de pensamiento que resultó muy solvente frente a los mendaces multimedia controlados por la banca israelí-anglosajona–, en su boletín GEAB N° 39 (15/11/09) aborda el trilema brutal que enfrentarán en 2010 los países en medio de la crisis sistémica global: inflación, fuerte presión fiscal o suspensión de pagos.

El mundo ya penetró la fase de dislocación geopolítica mundial ante un escenario de depresión económica y social (sic) con creciente proteccionismo. Tal evolución condenará a gran (¡súper-sic!) número de países a escoger entre las tres opciones. Como resonancia metafórica del genial poeta francés Arthur Rimbaud, ¿se encontrará entre ellos el barco ebrio del México neoliberal?


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La canciller alemana Angela Merkel, en un acto público en Berlín la semana pasadaFoto Reuters

La dupla anglosajona (Estados Unidos y Gran Bretaña), Eurolandia, Japón y China dispararon todos sus cartuchos presupuestales y monetarios en el lapso de 2008 a 2009 y carecen de otra alternativa al trilema desahuciante.

Advendrán nuevos planes de estímulo económico, disfrazados con nombres edulcorados, en los que no participa ostensiblemente el sector privado (¿por pánico escénico o por insolvencia consustancial?). También es cierto que los bancos rescatados no proporcionan más empréstitos porque intentan salvarse llenando ilusamente los agujeros negros de su contabilidad invisible (off-balance sheet).

Alemania, en la etapa de Angela Merkel, se gana una buena reprimenda por su manejo fiscal, fincado en supuestos ideológicos fallidos e inconexos de la realidad, que desembocará a finales de 2010 en una severa degradación presupuestal que rememora la ceguera ideológica de los comunistas a inicios de 1989, cuando las viejas recetas han cesado de funcionar.

Todavía China puede darse el lujo de aplicar otro estímulo económico, pero su problema radica en la lentitud del surgimiento de una demanda interna que sea suficiente para paliar el desplome de las exportaciones cuando, disipada la pantalla de humo, el alza estimulada de su producción no tendrá compradores, mientras agoniza el consumista occidental.

El centro europeo fustiga el mito dominante de que Asia, y China en particular, suplirá al consumista al estilo occidental.

El PIB de la dupla anglosajona hasta 2008 era exageradamente dependiente, para no decir adicto, de la orgía consumista: 70 por ciento en Estados Unidos y 64 en Gran Bretaña, frente a 56 de Alemania y 36 por ciento de China.

Aduce que la “insolvencia es generalizada –bancos, consumistas, organismos públicos y muchas empresas–, sobre todo en Estados Unidos y Gran Bretaña”, donde han creado las condiciones de una hiperinflación y un desplome de sus finanzas públicas y sus divisas respectivas.

Considera que “cerca de 30 por ciento de la economía de los países occidentales está constituida por zombis económicos, es decir, cadáveres vivientes: instituciones financieras, empresas o hasta países cuya apariencia de vida se debe a los chorros de liquidez inyectados (sic) diariamente por los bancos centrales.

Honestamente preferimos nuestra metáfora del síndrome del pollo decapitado, en referencia el moribundo sistema capitalista neoliberal global, que sigue dando vueltas como loco (debido a la preservación de sus reflejos neuronales innatos) hasta que se desploma.

Es ineluctable el empobrecimiento generalizado del ex Occidente (sic), en primer lugar Estados Unidos, asevera el centro europeo que, llama la atención, ha soslayado el demoledor reporte Wegelin (ver Bajo la Lupa, 21/10/09).

No compartimos su opinión de que los dirigentes (sic) occidentales perdieron el juicio de la realidad, cuando no son dirigentes sino teledirigidos, totalmente secuestrados por la plutocracia parasitaria global de la banca israelí-anglosajona de Wall Street y la City que pretende salvarse hundiendo al planeta entero.

Lo que se requiere es una nueva política, en el sentido clásico ateniense de las relaciones humanas en la ciudad (no el mercado y sus cosificaciones), que obliga a la eclosión de nuevos políticos que no hayan sido infestados por el nocivo centralbanquismo monetarista y fiscalista (el patético Mexico neoliberal es más que ilustrativo).

Los dirigentes desbrujulados (cualquier semejanza con la tripleta de miedo Calderón-Carstens-Ortiz y el disfuncional Congreso del México neoliberal es pura coincidencia), aconsejados por los insolventes banqueros que causaron la crisis global, se alistan a recortar drásticamente el gasto público (la OCDE exige la decapitación vigorosa de la educación y el gasto social y médico), al tiempo que elevan los impuestos para evitar la bancarrota.

Los banqueros pretenden salvarse modificando las reglas contables para ocultar sus colosales activos tóxicos (¡más de la mitad del PIB global!), mientras el oro, como reflejo de la hiperinflación por venir, vuela a la estratosfera.

Los dirigentes decadentes (para Bajo la Lupa son teledirigidos) optan por el neoproteccionismo de la puerta trasera (barreras tarifarias, ambientales, sanitarias y hasta mediante devaluaciones competitivas) para evitar la explosión del desempleo estadísticamente maquillado cuando la Reserva Federal de Atlanta asegura su tasa a más de 16 por ciento en Estados Unidos, mientras sus mendaces multimedia lo suavizan a un 10 por ciento más digerible.

De acuerdo con cifras de la Casa Blanca, la creación de un solo empleo en Estados Unidos cuesta 324 mil dólares, en forma insólita (Global Economic Trend Analisis, 31/10/09).

Existen dos esperanzas muy teóricas (y remotas) para escapar al trilema desahuciante: reactivación tanto del consumo (cuando el robotizado consumista se encuentra sobrendeudado, sin créditos y con patrimonios aleatorios) como de las inversiones privadas (una quimera en la coyuntura presente).

Asegura que Estados Unidos, Gran Bretaña, Irlanda, Argentina, Letonia, y hasta España, Turquía, Dubai y Japón podrían optar por dos y hasta tres opciones simultáneas: aumento de impuestos; dejar correr la inflación para disminuir la deuda o declararse en suspensión de pagos.

También las inversiones públicas y sus rescates selectivamente canalizados tienen sus límites frente a la rebelión montante de los desposeídos y derelictos, ya no se diga la opinión pública (no privada).

Bajo la Lupa no se ha cansado de repetirlo: el mundo vive un cambio de paradigma civilizatorio y no una vulgar crisis (que significa, en su origen semiótico médico del siglo XV, el punto de inflexión cuando, pese al tratante, el paciente sobrevive o muere).

Mas allá de la doble trivialidad y frivolidad ultrarreduccionista y unidimensional del financierismo y el economicismo que han asolado al planeta, no existe remedio clásicamente convencional que valga cuando lo que urge es repensar y (re)crear las armónicas relaciones holísticas de todos los seres vivientes de la creación en el seno de la biosfera, que coloquen al ser humano en el centro inmutable de la ecuación conductual, en lugar del pernicioso mercado que tantas calamidades ha (de)generado.

El nuevo paradigma civilizatorio debe ser imperativa y triplemente ético, estético y humanista, o no será.

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