Sunday, August 23, 2009



Cubarte


Honduras ha puesto sobre el tapete una versión potsmoderna del desgastado manual de los golpes de estado. En América Latina, el continente con mayor cantidad de asonadas por metros cuadrados, parecía que ya se conocían todas las variantes de putsch creadas por el ingenio de las oligarquías y la creatividad de los chicos literarios de la CIA. Pero como mismo son insondables los caminos del Señor, según la Biblia, es evidente que también lo son los métodos antidemocráticos y hegemónicos del Imperio y sus peones locales.

El burdo golpe de Honduras ha equivocado su momento histórico, señal del desespero primitivo de sus perpetradores y valedores, y ha tenido lugar en tiempos de Obama, o sea, de la nueva era de convivencia y cambios democráticos que se nos prometieron, del softpower y el smartpower con el que se pretendía reconstruir un liderazgo norteamericano hundido en el cieno del bushismo neoconservador, atascado en guerras imposibles de ganar ni de perder, sin aliados confiables y sin símbolos universales que vender ;con la General Motors por el suelo y una crisis galopante que amenaza con el colapso al capitalismo global. La rebelión de un puñado de usurpadores y nostálgicos, alentados por debajo de la mesa por los mismos que odian a Obama desde las entrañas de su administración y suman este obstáculo a los que ya minan su gestión, ha revivido el esperpento de aquellas Doctrinas de Seguridad Nacional que causaron cientos de miles de muertos, torturados y desaparecidos en el continente, y que consideraban al “enemigo interno”, o sea, al pueblo, el blanco contra el que descargar todo el poder de la maquinaria bélica y represiva, generosamente aceitada con millones y armamento desde Washington.

Puede que alguien se sorprenda de la resurgencia en Honduras de estos espectros que se creían desterrados para siempre en nuestro continente, del accionar de escuadrones de la muerte, de secuestros y apaleamientos, de asesinatos a mansalva, de censura y represión brutal. Pero quien profundice notará que estos rastrojos del mal han brotado sobre un terreno abonado no solo por las fechorías y genocidios del pasado, no solo por la impunidad que ha rodeado a los asesinos, no solo porque la justicia nunca llegó en su accionar hasta la fuente primaria, hasta los ideólogos y autores intelectuales de las doctrinas que avalaban y justificaban a los represores de a pie, sino también porque si bien es cierto que tales prácticas fueron sumergidas esperando tiempos mejores, los que ahora creen llegados los fascistas hondureños y sus amos, no ocurrió lo mismo con la teoría, con esas mismas doctrinas.

Antes, en tiempos de Ronald Reagan tales doctrinas se llamaron de Seguridad Nacional. Después, en tiempos de George W. Bush, se les llamó de Contrainsurgencia. Hoy, en tiempos de Barack Obama, se siguen llamando de esta manera con el añadido de que han sido puestas en práctica en Honduras, como en otras naciones, fuera del marco de lo que un delicioso eufemismo neoconservador llamó, con su lenguaje sibilino habitual, como “guerras contra el terrorismo”.

Porque los altos jefes militares que han sacado sus tanques a las calles hondureñas, que han movilizado a sus soldados y les han hecho disparara contra su propio pueblo, que estuvieron a punto de asesinar y secuestraron al presidente constitucional, que permiten el acoso y las ejecuciones extrajudiciales contra los líderes de los movimientos sociales y sindicales del país, se han formado bajo el influjo de estos manuales de contrainsurgencia y bajo la mirada de sus asesores norteamericanos. Lo que hoy vemos por Telesur es la aplicación práctica de la filosofía de tales manuales de contrainsurgencia, que siguen vigente, inalterables, bajo la presidencia de Obama, como mismo continúa en su cargo, a pesar de las promesas de una nueva era, el mismo Secretario de Defensa de Bush.

El manual “Countreinsurgency”, de diciembre del 2006, es el que rige oficialmente la política en este campo del Ejército y el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. A pesar de que presenta algunas páginas censuradas, la mayoría de sus 282 cuartillas pueden ser consultadas en Internet. Se identifica por las siglas FM 3-24 y MCWP 3-33.5, sustituye a otros manuales semejantes de 1980 y del 2004, y está firmado por los mayores generales David H. Peatreus y James F. Amos. En su Introducción reconoce que viene a llenar “la brecha doctrinal de los últimos 20 años”, por lo que ha de ser considerado lo más actual y vigente del pensamiento contrainsurgente yanqui.

Algunas de sus definiciones permiten entender mejor lo que ha ocurrido en Honduras, pues facilita entender la mentalidad de los jefes militares formados en tales doctrinas:

-“En Ejército y los Marines reconocen que cada insurgencia es contextual y presenta desafíos particulares. Usted no puede combatir de la misma manera a los partidarios de Saddam Hussein y a los extremistas islámicos, como combatió al Vietcong o los Tupamaros.

- Las insurgencias, aún en nuestros días, siguen siendo guerras dentro de un mismo pueblo. Ellas utilizan variantes de los estándares, pero coinciden en formar parte de un mismo plan revolucionario.

-Conducir operaciones de contrainsurgencia exitosas requiere de fuerzas flexibles, guiadas por jefes ágiles, bien informados y culturalmente astutos.

-La insurgencia es un movimiento organizado que busca derrocar a un gobierno constituido mediante el uso de la subversión y de conflictos armados. La contrainsurgencia son acciones militares, paramilitares, políticas, económicas, psicológicas y cívicas tomadas para derrotar a los insurgentes. Ambas son caras de un mismo fenómeno que ha sido llamado también “guerra revolucionaria” o “guerra interna”.

-El éxito duradero de las operaciones contrainsurgentes depende de que el pueblo acepte ser gobernado por el gobierno. Para ello el gobierno deberá eliminar tantas causas de la insurgencia como sea posible. Eso incluye eliminar a los extremistas cuyas creencias sean incompatibles con el gobierno”

-La respuesta (contrainsurgente) a una guerra interna no puede ser “limpia”; muchas de las reglas vigentes favorecen a los insurgentes.

-La omnipresencia de los nuevos medios de comunicación de alcance global, afecta la conducción de las operaciones militares como nunca antes… Entrene a los soldados y marines para que consideren esa audiencia global, ellos deberán asumir que todo lo que hagan será publicado. Ayude a los reporteros a narrar su historia y ellos le ayudarán a dar una imagen militar favorable.”

Un manual, como este, que incluye a las organizaciones sociales entre las que se deberá “atender” en las operaciones de contrainsurgencia, y que se arroga el derecho de definir en un país ocupado quien es el “extremista irreconciliable con el gobierno” que se deberá eliminar; que no distingue entre terrorismo y guerras revolucionarias, entre las luchas justas y las injustas, es el terreno sobre el que florece una mentalidad como el de los gorilas hondureños.

Por eso, no bastará con someter a las leyes a los facinerosos, a los asesinos y represores, a los criminales del madrugonazo contra el pueblo hondureño, que es un madrugonazo de los neoconservadores agazapados dentro del propio gobierno de Obama contra América Latina y contra el mismo Obama. Habrá que desterrar también una mentalidad que se basa y se reproduce en las páginas de manuales semejantes.

Propiciar una refundación desde la raíz, identificando todas las ramificaciones del golpismo en América Latina y cortándolas para siempre, será una de las pocas ventajas derivadas de este golpe vergonzoso.
Son tiempos de refundación.

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