Wednesday, February 25, 2009


Legionarios de Cristo protegen a M. Maciel, su fundador pederasta…

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legionarios10 Por Alejandra Carmona / La Nación

Alejandro Espinosa, sobrino del líder de la cuestionada congregación religiosa:

“Los legionarios hablan de la amante de Maciel para ocultar su pederastia”

Fue reclutado para formar parte de los Legionarios de Cristo en 1950 y vivió de cerca los excesos del fundador de la orden. Ha escrito y reescrito su experiencia. Aquí recuerda los abusos, las jornadas de masturbación a las que lo sometía Marcial Maciel y lanza sus teorías respecto a la confirmación de la existencia de una amante y una hija del sacerdote: “Su paternidad puede redimir en algo al monstruo que era”.

En Tamaulipas, uno de los estados de México, todo es contradictorio. Es la cuna y dominio de Los Zetas, antiguos militares de elite que desertaron y se transformaron en los temidos sicarios del Cartel del Golfo; pero en los últimos años en ese lugar han disminuido las muertes y los asesinatos por encargo. La zona es tan católica como el resto del país, pero según los lugareños, los mandamientos son un mito. Si una mujer encuentra a su hombre con otra, simplemente se busca un amante en venganza. De los tres millones de habitantes, cerca de dos millones conviven con la pobreza, pero los tamaulipecos no paran de cantar: al igual que casi en todo México, ellos también tienen festival internacional.

“En Aldama ciudad del estado de Tamaulipas hay sólo tres temas de conversación: las vacas, el vino y las prostitutas”, dice Alejandro Espinosa, quien vive en este lugar desde abril de 1980. Tiene 71 años, pero suena mucho más joven al teléfono. “Este es un lugar perdido en la república, lleno de contradicciones. Esta es una simbiosis entre lo primitivo y lo católico y aquí sacan lo que les conviene”, dice.

Son las cinco de la tarde en México y Espinosa está desocupado. Vive “de milagro” como dice él, de la caridad de familiares. Trabaja en lo que venga. Algún día llegó a tener 800 cabezas de ganado, pero, según dice, fue despojado de su rancho por funcionarios de la Secretaría de la Reforma Agraria y fue perdiendo sus animales. Aunque se casó en 1964 y tuvo un hijo, vive como ermitaño. Pero ni la soledad ni esto que para él es lo mismo que el destierro, le quitan las ganas de denunciar. No ha dejado de disparar contra su tío Marcial Maciel, “creador de la secta”, como la llama él y a la que también perteneció desde que publicó el libro “El Legionario” (2003), donde contaba los abusos del religioso que casi se convirtió en santo.

Ahora que saltó al mundo la noticia de la existencia de una hija de Maciel, reviven las contradicciones del cuestionado sacerdote que tanto se parecen al lugar que eligió para vivir. Espinosa habla de las mujeres y hombres de su tío y asegura que con el reconocimiento de su paternidad, la Iglesia realmente busca borrar las perversiones de Maciel.

-¿Cree que exista una hija de Marcial Maciel?

-Sí lo creo, y no me sorprendió para nada conocer la noticia. Él tenía amantes desde 1944 la congregación se fundó en 1941 .

-¿Hablaba mucho de esas amantes?

-Decía que todas las mujeres se enamoraban de él y que le lloraban por un hijo. Se jactaba de sus conquistas femeninas; de su piel clara, de sus ojos azules. Ingenuamente, presumía de su parecido con el príncipe de Gales.

-¡Y eso era bueno!

-A él le encantaba repetirlo. Decía que alguna vez en Nueva York lo habían confundido con él. Era un vanidoso egocéntrico, sin formación alguna.

-¿Qué más decía de sus amantes?

-Él decía que las mujeres eran el trasero del diablo, que eran sucias y olían mal. A él realmente nunca le gustaron; sólo galanteaba a las que veía con posibilidades de sacarles dinero. Hizo del sexo un instrumento multifuncional para lograr sus fines, placer y dinero mediante el que obtendría poder. Dijo una vez que si el demonio le ofreciera dinero, se lo arrebataría. Un subconsciente que revela hasta qué punto estaba dispuesto Maciel a buscar dinero, porque en ese tiempo ya recibía dinero del narco. Con los hombres también usó sus encantos.

-¿Qué tipo de hombres?

-Aparte de amantes de poca monta, se habló de un industrial muy rico, dueño de la impresora más grande de México. Pero eso era muy privado.

-¿Y cómo explicaba él, un cura, su vida sexual?

-Él decía que las relaciones con mujeres le estaban permitidas por el Papa Pío XII porque sufría una rara enfermedad consistente en la retención de semen, lo que le cerraba el conducto urinario y le provocaba muchos dolores de próstata. Necesitaba el sexo como una cura.

-¿Y usted creía en eso?

-Todos creíamos en él. Para nosotros era nuestro padre y la enfermedad que sufría era un verdadero calvario. [Risas] Después fui sabiendo yo con quién trataba, pero me costó darme cuenta, no crea que no.

-¿Qué le parece que la existencia de una hija haya sido confirmada por la propia congregación?

-Me impresionó la forma en que se conoció la noticia porque salió de dentro de la secta. Llevan 12 años aferrándose a la mentira de que Maciel nunca tuvo una conducta impropia y ni mucho menos cometió delitos de pederastia. Es sorprendente que aceptaran el aspecto de su doble vida. Creen que poniéndolo de mujeriego van a quitar el estigma de pederasta, de hombre frívolo que no hizo nada en su vida. Tener una hija es lo único que podría redimirlo en algo el monstruo que era, lo poco humano; sin desdeñar la violación de la jovencita de 15 años, apenas una niña. Los legionarios hablan de la “amante” de Maciel para ocultar su pederastia.

Dejad que los niños vengan

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El golpe.- El libro “El Legionario”, publicado el año 2003 por Alejandro Espinosa, sembró dudas profundas acerca de quién era verdaderamente el sacerdote. En el texto, Espinosa cuenta la vida disipada y llena de excesos del religioso.

Alejandro Espinosa conoció a Marcial Maciel en noviembre de 1950 en Ciudad de México, en la Colonia Tlalpan, cuatro años después de haber sido reclutado para pertenecer a su grupo religioso, igual que tantos otros adolescentes, valiéndose de mentiras y exageraciones sobre las canchas de juegos, albercas [piscinas], viajes, etc. Entonces no sabía que era su tío. Se enteró al poco tiempo de abandonar la congregación. Nunca se salvó de la mirada libidinosa del religioso ni de su acoso sexual, lo que finalmente lo obligó a buscar otro camino.

-¿Qué fue lo primero que le llamó la atención de él?

-Era un señor con rasgos muy femeninos, era muy afectado en su forma de ser, muy atildado en la forma en que movía las manos. En ese entonces yo no podía hacer juicios.

-¿Cómo se comportaba con los otros adolescentes que también se preparaban para el sacerdocio?

-Buscaba para su servicio sólo a los bonitos. Era un maniaco sexual. Siendo niño de 12 ó 13 años me llamó a dirección espiritual en Tlalpan, me hizo bajar los pantalones para poder dirigirme espiritualmente, tenía que ver cómo tenía el pene.

-¿Lo tocó en ese momento?

-No, pero después se hicieron frecuentes los encuentros obligándome a que lo masturbara. Me sentía terrible por mi tendencia hacia las mujeres. Era muy repulsivo y degradante masturbarlo. Él los llamaba “masajes necesarios para redimir su enfermedad” y decía que el Papa le autorizaba a tener sexo con mujeres, pero amaba a tal grado la virtud de la pureza que prefería morir antes que mancharla. Yo tenía tan sólo 15 años. Fue en Ontaneda, España, donde comenzó con esos abusos. Después pasé al Noviciado en Roma; él sólo venía de visita de vez en cuando.

-¿Y en Roma siguió con sus perversiones?

-Siempre tuvo un harem y en él participaba sólo la gente de su extrema confianza. Cuando estuve en Roma llegué a contabilizar cerca de 30 hombres de su intimidad. Si éramos 90 en toda la comunidad, eso suponía el 30 por ciento de los seminaristas. En el mismo seminario llegó a meter mujeres, dispuso de un cuarto, pese a que está prohibido por el Derecho Canónico introducir mujeres en estos conventos para hombres de votos religiosos.

-¿Cada cuánto llegaba al colegio en Roma?

-Esporádicamente, él nunca estaba en los conventos. Nos visitaba muy de vez en cuando. Él se levantaba cerca de las once de la mañana y a veces nos acompañaba al desayuno y luego en la tarde, cerca de las cinco, nos invitaba una meriendita con galletas y helado de cóctel. Pero él nunca convivía en la casa. Era una persona muy incongruente, nosotros pensábamos que se partía el alma buscando medios de subsistencia. Eso era mentira; él sólo vivía para sus excesos fuera del convento.

-¿Una vida que también implicaba el uso de drogas?

-Usaba dolantina, una forma de morfina, era un hombre hipersexual. Nunca dejaba la droga y las inyecciones se las ponía donde fuera, le daba lo mismo. Era una constante, para camuflarla siempre se hablaba de la enfermedad de “nuestro padre” y el calvario que tenía que sufrir porque el demonio bien sabía que le iba a ganar la batalla, una bola de estupideces que se hace enojoso recordar. Varias veces lo sorprendimos sufriendo la abstinencia de la droga que no se conseguía libremente. Cuando venía la necesidad, comenzaba su desesperación; una vez mandó a un sacerdote en avión desde Roma a España nada más para conseguir la morfina.

La despedida

En agosto de 1962, Alejandro Espinosa dejó de creer en las seudoenfermedades de Maciel y reparó en su cara menos santa. Para liberarse de las amargas situaciones vividas tomó un nuevo ejercicio: escribir todos los días para no olvidar detalle. Después de estar 13 años en la congregación optó por una vida laica. “La primera vez que había sabido de esta gente tenía 12 años, cuando tuve el primer contacto con Carlos Mora, un estudiante dedicado a captar niños. Había vivido muchos años dentro de este sistema”, dice Espinosa.

-¿Cuándo se dio cuenta que ya no quería seguir?

-Yo había hecho votos renovables de tres años. Alcancé a estar dos períodos y ya no aguanté más el acoso de Maciel. Una vez me llevó al lago de Tequesquitengo a pasear, era todo muy romántico. Otra vez me llevó a Acapulco, donde estuvimos solos en una residencia lujosísima, con alberca profesional, espectacular, iluminada dentro del agua. Él me dijo que nadara, para lo que me puse el bañador; él no se metió al agua. [Risas] ¡Es que era demasiado! Para entonces ya me estaba dando cuenta de su atracción, pero creía que me sacrificaba por amor a Cristo. Me salí en agosto de 1962.

-¿Crees que sus superiores supieron de todas estas cosas?

-Sí. A Maciel le abrieron un proceso el año 56 en Roma y fue desterrado por esta vida de drogas y sexo. Se fue a vivir a España. Los superiores siempre supieron todo, es más, fue en Europa cuando su red de protección se hizo más patente.

-¿Pero usted logró salir de esto, incluso se casó?

-Claro, yo nunca fui homosexual. Me casé en septiembre de 1964. Maciel me obligó porque todavía tenía poder sobre mis decisiones, me obligó moralmente a cometer esa burrada. Yo todavía veía a Maciel con ese halo de santidad, de guía. Él pretendía desplumar a la mamá de mi mujer con quien duré seis meses porque siempre le deslumbró el dinero. Ella es la única mujer que usó a Maciel sin que él le haya sacado ni un solo centavo. Maciel toda su vida se dedicó a buscar lo único que le interesó: el placer y el poder del dinero. //LND


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